Comunicación para hippies: la necesidad de cuñadizar el lenguaje

Transcripción de la charla de Anónimo García en CocTELL: Narrativas de la participación en MediaLab Prado, Madrid.

 

Amigos, amiguesas:

Gracias por cederme este instrumento de poder.

Estos días tratamos de ver cómo hacer que la gente participe. Ayer hablando con mis compañeras de mesa sobre ello recordé el caso de un día que caminaba por la calle Fuencarral y me encontré una cola de órdago. Me extrañó, porque debían de ser las 11 o las 12 de la noche. Al preguntar a sus integrantes por el propósito de su espera, me enteré que es que al día siguiente sacaban a la venta unas zapatillas. Supuse que tendrían unas características de orden superior, aunque ya no pregunté cuáles.

primark fuengirola

En la imagen vemos otro caso de algo parecido. Creo que ambos son ejemplos de que la gente participa, y no de cualquier manera, sino entregando su dinero, que es la forma más elevada de participación. Dónde lo hace sólo es cuestión de dónde encuentra el caramelo, y nosotras sólo tenemos que ver cómo poner ese caramelo en lo que queremos.

Es lo que intentaré abordar aquí desde una perspectiva ultrarracional.

Bien. Tanto las zapatillas de la calle Fuencarral como la ropa hacia la que corren las señoritas en Primark es lo que el ultrarracionalismo llama «sonajeros»: algo que no tiene valor real ninguno pero que la gente se pega por tener.

Aquí vemos algunos sonajeros: iPhone, musculitos, un coche más grande que el del vecino, cosas así. Veamos el ejemplo del jamón: cuando comemos jamón en realidad no comemos jamón, sino la ilusión de la «españolidad» o el «señoritismo». Cuando comemos jamón le decimos al mundo que sabemos vivir bien, que conocemos las cosas buenas de la vida. Objetivamente un plato de lentejas es «más alimento», es decir, sus propiedades nutritivas son superiores a las del jamón, pero tienen el estigma del aburrimiento y la obligación que emana del «si quieres las comes y si no las dejas». Estas propiedades las hacemos nuestras cuando disfrutamos de esas cosas. O yo misma, al vestir de esta manera, doy a mi atuendo un valor superior al de su función básica de decoro y abrigo, porque satisface mi necesidad ulterior de pertencia. En este caso al grupo de treintañeras progres urbanitas que formamos las aquí presentes, y por eso me siento cómoda entre todas vosotras.

Ese valor añadido de las zapatillas, el jamón o mi ropa es lo que el ultrarracionalismo llama «Grasa», y es lo que tenemos que añadir a cualquier proceso participativo si queremos que triunfe.

¿Qué ocurre? Que los movimientos sociales, abducidos por su propio biempensantismo, censura y estrechez, habitualmente usan métodos erróneos de comunicar. Veamos algunos ejemplos.

A la izquierda vemos el caso de Femen, un grupo del que soy gran fan, pero cuyo mensaje no cala fuera de un público muy determinado. Para Putin, como vemos, es un triunfo. Se va a la cama con la satisfacción de haber visto gratuitamente una señorita en top-less. Este caso, como la mayoría del activismo agresivo, es un ejemplo de Sufrir y Rezar. Divide el mundo en poderosos y víctimas y las propias activistas se reservan siempre el papel de víctimas, del cual es muy difícil salir porque proporciona una Grasa muy autocomplaciente. Este mensaje se puede dirigir a una ONG, pero no a Putin.

A la derecha, en cambio, vemos la baza ganadora. Cifuentes tiene aquí una camiseta del Real Madrid, el equipo goleador, y se imbuye en este acto de su propia esencia triunfadora. Este caso, como la mayoría de imágenes del PP, es un ejemplo de Empleo y Gol. Divide el mundo en ganadores y perdedores, y es la ideología del empoderamiento.

Más ejemplos. Hay que visibilizar al colectivo LGTBI, pero ¿debemos hacerlo así? La señora Conchi, que puede no tener una opinión contraria hacia gays y lesbianas, seguramente sentirá rechazo al ver algo así en directo. Más aún en el Congreso. Y, desde luego, no considerará a Pablo Iglesias una persona Seria y Responsable para gobernar, y se abstendrá de darle su voto las próximas elecciones. No es que la señora Conchi sea homófoba ni mucho menos, es simplemente que cree que hay muchos otros problemas más graves que atañen a mucha más gente.

En cambio, la inauguración de una autopista es siempre una baza ganadora. Da igual que haya corrupción o lo que usted quiera detrás, porque el señor Paco de joven tenía que ir en burro por unos caminos de espanto, y hoy se hace un Jadraque-Madrid en menos de una hora en un automóvil que hasta enciende él solo las luces. Eso vale más que mil millones robados a las arcas públicas, que en definitiva son una cosa intangible.

Otro ejemplo de activismo. Ya conocéis esta imagen, de un escrache antideshaucios. El señor de la izquierda está en una reivindicación muy loable, pero las formas la invalidan. La señora Conchi siente rechazo a esta actitud agresiva, una Grasa negativa que añade automáticamente a los colectivos antideshaucios.

En cambio, ahí tenemos a un campeón de las carreras. Este ganador se ha llevado, además de una copa, a las dos hembras más fértiles de la tribu. Es un comentario machista, pero es así. Es la Grasa que subyace a esta imagen. El señor Paco lo verá como un referente: él también quiere atraer a las hembras más fértiles, que son las que tienen las proporciones faciales más armoniosas y los pechos más desarrollados.

Ahora cambiemos la imagen de la izquierda por esta otra. Todas conocéis esta campaña, muchas habéis participado en ella. Es un caso de éxito que contribuyó en gran medida a que una señora que nadie conocía pasase en un mes a ser la alcaldesa de Madrid. Es un fantástico ejemplo de activismo, que consiguió otorgar atributos positivos a Manuela Carmena.

Ahora sí jugamos en igualdad de condiciones.

Como véis, se trata de impregnar de unos ciertos valores a la idea que queremos transmitir para hacerla digerible. Como decía Mary Poppins: «Con un poco de azúcar, la píldora que os dan, la píldora que os dan, pasará mejor.» Y he aquí unos ejemplos que encontré ayer en las webs de Stop TTIP y No Somos Delito, y que hacen justamente lo contrario: hacerla más difícil de digerir. Cualquier elemento subjetivo que metamos en el lenguaje lo carga con una Grasa que puede desviar la atención o directamente fomentar una opinión negativa de la idea que queremos transmitir. No hay que hacer del lenguaje una batalla ideológica de cualquier reivindicación lateral, sino que, como herramienta que es, ha de ser nuestra arma más refinada para embutir ideas en cabezas. Y si lo modificamos, como el caso del lenguaje de género, que sea sibilinamente. Hagámoslo impecablemente neutro, pero no obliguemos a la lectora a pasar dos veces por la misma frase.

Y además, hay que usar el lenguaje del Pueblo para que el Pueblo entienda. Es decir, hay que cuñadizar el mensaje para seducir al receptor.

Estos ejemplos de uso del lenguaje son un caso de marcos de referencia que aplicamos a ideas. Por ejemplo, las ecologistas siempre unen la palabra «nuclear» con «energía peligrosa», mientras que las pronucleares lo hacen con «energía segura». También tenemos «Casta», un potente marco de referencia que encumbró a Pablo Iglesias y con el que el PP y el PSOE han pasado muy malos momentos. O «ETA», unas siglas con una carga de años y años de insistencia mediática que el PP usa para denostar todo lo que no le gusta, ya sea la PAH, el aborto o Podemos, aunque no tengan nada que ver. En fin: son valores-grasa, algunos más obvios que otros, que vienen incluidos en los mensajes que leemos cada día en el periódico o en Facebook, y que tenemos que domesticar y manejar a nuestro favor.

Muchas personas me han dicho que no aceptan ese juego. Es el caso del avestruz que se esconde enterrando su cabeza: no querer ver algo no significa que deje de existir. Al contrario: nos pone detrás en la línea de salida. No hay nada reprobable o falto de ética en usarlo, si creemos en lo que defendemos, atribuyámosle las ideas que creemos que el Pueblo va a digerir mejor. Porque el Pueblo nunca va a leer a Marx, por muchas carreras per cápita que tenga. Con el Pueblo hay que ser radicales de pensamiento, pero moderados en la acción.

Todo esto sólo ocurre, claro, si usamos el lenguaje adecuado con el público adecuado y en el canal adecuado. Ayer una compañera dijo en su exposición que había llamado a Tele5 para una acción en Bankia, y que aprendió que no había que llamarla más, porque tomaron la noticia como les dio la gana. Desde mi púlpito le respondo que Tele5 es un aliado imprescindible para transmitir nuestro mensaje, porque llega a las abuelas que no están en nuestro muro de Facebook. Pero hay que darle las cosas de una manera adecuada, claro. Es la manera de maximizar el alcance de nuestro mensaje, y por ende, maximizar la participación.

Por supuesto, siempre queda un grupo de personas al que no podremos convencer, por encontrarse en las antípodas de nuestro pensamiento. Es natural y bueno que esto ocurra, y para ellos solo puedo daros uno de los consejos más importantes del ultrarracionalismo: si no puedes con tu enemigo, ríete de él.

Nada más. Gracias a todas por vuestras orejas, a la estimable ideóloga ultrarracionalista James Doppelganger, y a Inés Aguilar: suya es la idea de cuñadizar el lenguaje. ¡Seguidnos en Facebook y Twitter y todo eso para otras cosas tan chachis como esta!

Clac.


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