El ultrarracionalismo al servicio de la aceleración

El ultrarracionalismo está dividido porque hay quienes fantasean con apoyar a Vox en clave estético-aceleracionista y quienes se niegan por considerarlos unos putos flojos.

Ayer nos preguntábamos: “¿Es legítimo aferrarnos a nuestro derecho constitucional de placer estético por lo grotesco? ¿Consideramos positiva la estrategia aceleracionista?” Hoy decimos: de ningún modo. Tal y como están las cosas, todo parece indicar que Vox va a pegar un melocotonazo. Pero sus triquiñuelas no deben engañarnos. Las viejas colonias exigen que españita pida perdón por la Conquista y si Vox fuera coherente respondería con tres galeones viento en popa y diez cañones por banda. Pero nada de esto va a suceder si ni siquiera se han pronunciado sobre cómo llevar a cabo la Toma de Gibraltar. Para colmo son europeístas y se arrodillan ante el protestantismo negro-legendario. ¿Qué clase de Imperio demandan con una política exterior sumisa y blandengue?

Como diría el viejo Antonin Artaud, “sería hermoso que Vox tratara de elevarse hasta el ultrarracionalismo”. Pero eso no va a suceder. Por el contrario, son pura fuerza bruta, simples de pensamiento, radicales en la acción y en el discurso. Ponen los cojones sobre la mesa siempre que tienen ocasión. Pero hemos de reconocer que casi todas sus propuestas, así como su propia existencia, pueden ser leídas con coherencia desde cualquier escalón de de la Teoría de las cuatro formas de ironía.

Por ejemplo, el asunto de las armas puede entenderse como una fanfarronada de esas que gustan a los periodistas. Mucho ruido y pocas nueces, como ocurre siempre en los debates por y para el Pueblo. Sin embargo, el rollo este de que “si entran a robar a tu casa y tú tienes armas puedes utilizarlas en legítima defensa” y “tienes derecho a disparar”, puede leerse como una metáfora excelente y asequible. Son los planes de Vox para repeler a los migrantes políticos, climáticos, y refugiados de guerra que se asomen a nuestras fronteras. ¿Qué va a suceder el día que no haga falta Guardia Civil para disparar pelotas de goma a los migrantes y sean cuatro ciudadanos españoles “hasta los cojones de los putos negros” quienes les maten? ¿Con quién se poscionarán las hacedoras de la democracia, Susana Griso o M.T. Campos? ¿Qué determinarán los guardianes de la moralidad clasemediana, el Doctor Risto, San Jorge Évole o Speedy Ferreras? ¿Cuál será el veredicto del algoritmo de LadyData Pastor? Seguro que algo muy distinto si en lugar de cuatro son cuatrocientos los españoles que disparan. Por eso, adelantándonos a los acontecimientos, exigimos al Ministerio de Asuntos Intestinos que levante un muro de 14,4 metros de alto y 5978 km de largo que rodee todo el litoral español y delimite claramente la Península del resto del mundo. Esta medida sirve a diversos fines:

  • Neutralizar el debate sobre las armas. Porque ya se sabe que español respeta español.  
  • Impedir que entren extranjeros (como en Melilla) y evitar que escapen los españoles (como en Santander). Gracias a sus extraordinarias dimensiones, cuatro veces más que la tapia esa que hubo en Berlín, no harán falta concertinas, ningún tipo de cuchillas, ni pinchos (para que el Big Papa no nos critique).  
  • Darle seguridad al Pueblo meseto. Un muro será como susurrarle: “estás bien, puedes andar tranquilo por tu país, ningún no-español va a hacerte daño”.
  • Encerrar a Cataluña en España para siempre jamás.
  • Sombra, un bien cada vez más valioso ahora que si te despistas se te pone España en un verano perpetuo de 45 grados hasta en Reinosa.
  • Trabajo publico = Gol. Cientos de miles de españoles serían contratados para tal faraónica faena.

Respuestas a las posibles objeciones:

  • “Sería muy caro”. Mentira. El precio no puede ser un inconveniente porque por suerte tenemos a los mejores constructores del Mediterráneo, los materiales serán el hormigón armado y el amor (los empresarios serán forzados a comenzar a erigir este muro en 48 horas desde su aprobación).
  • “Perderíamos la playa y los chiringuitos”. Falso. Este plan de desarrollo puede contar con un anexo que hará las delicias de los españoles. Decidir un lugar geológicamente propicio en las proximidades de Madrid (para que se pueda llegar en autopista desde todos los puntos del mapa, que como quien dice es dejarse caer) y cavar un valle del tamaño del Mar de Azov (un 12% del territorio español). Aprovechar el curso de los ríos para canalizar las aguas y hacer un trasvase que deje a todos contentos.
  • “Algunos partidos se pueden negar”. Allá ellos, esperamos que en breves estén todos ilegalizados por embrutecer al Pueblo con sus mentiras. Además, no es un tema “politizado”, sino que es una medida básica y de sentido común que todos los partidos pueden incorporar a su programa. De hecho lo deseable es un último pacto de gobierno en torno a esta cuestión.
Simulación del Mar interior. Un pequeño paraíso en el corazón de la meseta.

No hay contraargumentos sólidos contra este proyecto. España es un enclave sublime. Tenemos que defenderla y para ello lo mejor será convertirnos en una isla. Lo que empezó Dios ha de acabarlo España.

Si Abd-Askal quiere contar con el apoyo del lobby ultrarracionalista, ya sabe lo que hay: esta es nuestra línea roja. En caso de no satisfacer la demanda de Muro, que no espere nuestro voto. Nosotras no nos debemos a siglas sino al Pueblo y seguiremos al servicio de la aceleración.

 

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