Por qué Esclavify debería ser la nueva app de modaTiempo de lectura: 3 min


Aristóteles daba dos justificaciones para la esclavitud. La primera, económica: si los esclavos no existiesen, entonces ¿quién se encargaría de mis cosas, para que yo pudiese tocarme el pitorro, merodear por el ágora para medrar en los asuntos de la polis, etc. en fin, ser un hombre libre? Por lo que luego debía concluir y concluía: los esclavos serían innecesarios, claro, si tuviésemos máquinas que hiciesen su trabajo. Todo lo cual es hoy posible con fábricas automatizadas, botoncitos de Amazon, cadenas de suministro escandalosas flambeadas con petróleo al final de las cuales hay de momento un negrata cogiendo minerales para tu móvil y un pobre chino montándolo, pero sólo de momento, porque pronto podríamos automatizar esto también.

Sin embargo, en sus momentos más pornográficos pero también más afines a la Verdad, concedía Aristóteles una segunda razón para la esclavitud, esta no económica sino biológica: existe la esclavitud simplemente porque hay gente nacida para mandar y otros para seguir y obedecer. Y si una gente desea naturalmente mandar y otros obedecer, ¿por qué íbamos a privarles del placer? Hay que reconocer entonces que, una de dos, o dejamos de automatizar la industria, o deberíamos comenzar a reclamar que Amazon nos insertase botones en el cuarto de baño para que señoras paraguayas y tailandesas vengan a limpiarnos el culo, a secarnos la pilila después de la ducha, etc.

Y si cabe la duda de que estas señoras hagan esto por su propia voluntad, entonces Amazon, Uber y AirBnB deberían montar una app conjunta para que todo el mundo que lo quiera pueda seguir libremente a sus líderes por todo el mundo con sólo pulsar el botón; e incluso hacer auténticas giras del placer idólatra, así, de la pretemporada del Madrid a los desfiles con el ejército, a Roland Garros a mirar las pupilas y las mejillas húmedas de Nadal y a admirar a la nueva y flamante querida de su Majestad, a los mítines de su partido político favorito, etc. mientras que respectivamente Florentino, el monarca, los representantes podrían seleccionar usuarios de la app para acordar la prestación mutua de servicios pornográficos aristotélicos a fin de que el ser humano no quede nunca obsoleto, así, yo te doy la mano y tú lloras frente a las cámaras, yo te doy una camiseta del Madrid y tú publicas “Viva Amancio” en Instagram, etc. etc.

Queda esa idea para el provecho de algún programador o entrepreneur que pase por aquí.


Si Amancio ha sido capaz de hacer eso por los enfermos de cáncer cuando nadie le obligaba, de qué sería capaz ante un colapso ecológico, que es un evento del que todos pero NADIE seríamos responsables. Casi tengo ganas de que suceda un colapso de verdad, aunque sólo sea para ver a 200.000 personas de bien, madridistas o no, arremolinándose entusiasmados en la puerta de los hospicios mientras Amancio reparte mendrugos de pan y trajes fuera de temporada.

Cada vez que Nadal gana en Roland Garros se crean automáticamente 10.000 becas de investigación y otras tantas plazas de oposición a funcionario clase A y B. Es por eso que los españoles de bien lo celebran tanto y se quedan después de la final a escuchar el himno. No es que el himno moleste a los franceses de bien, sino que es la señal de que algo grande está sucediendo.

Eh, ya que pasa usted por aquí…

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Acerca de James Doppelgänger

Generado a partir de un único bit y progresivamente complicado en sucesivas transformaciones (un diluvio y dos glaciaciones, una descarga masiva de ficheros, un encuentro con la Blanca Paloma, algunos trabajos de oficina e innumerables tardes de Champions), James Doppelgänger tiene cinco perfiles LinkedIn, cuatro perfiles Facebook, diez grupos WhatsApp y ha seguido la polémica del secretario papal por Twitter. Sabe cantar gol y es flexible, dinámico, entrepeneur, interdisciplinar y proactivo. Ama el trabajo colaborativo y programa en 115 lenguajes privados, muy a pesar del señor Wittgenstein. Cree en la individuación por tartazos de merengue y en los muslos de pavo siempre infinitos, siempre danzantes, a nuestra disposición. Jamás mata a las cucarachas, pues ellas son el germen de la más perfecta civilización, nuestras sucesoras.

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