¿Con cuál de estas dos corrientes del ultrarracionalismo te identificas?Tiempo de lectura: 3 min


Nos consta que mucha gente siente curiosidad por saber quiénes integramos el movimiento ultrarracionalista. Pues bien, somos un grupo de personas de diferentes ámbitos de la vida, desde empresarios a ingenieros, que compartimos el profundo anhelo de comprender el espíritu humano y los mecanismos que operan en él y cómo ello influye en el mundo en el que vivimos. Para ello el ultrarracionalismo nos brinda un método de interpretación de la realidad que consiste en usar exclusivamente la lógica y la razón, evitando la injerencia que sobre ellas puedan tener las pasiones y los anhelos.

(Por cierto, si usted quiere formar parte del movimiento, pinche aquí para descubrir cómo.)

Pero naturalmente, en todo movimiento hay discrepancias y corrientes distintas. El ultrarracionalismo no es ajeno a ello, y en él coinciden dos fuertes concepciones contrapuestas.

En primer lugar tenemos el ultrarracionalismo ortodoxo, o ultrarracionalismo a secas. Se trata de la corriente más pura, y lleva, naturalmente, el pensamiento ultrarracionalista a su consecuencia última, que no es otra que ansiar el hundimiento del mundo conocido como único modo eficaz de acabar con una degradación y embrutecimiento incurables. Para ello adopta una postura “aceleracionista”: ya que todo va a estallar, mejor que lo haga cuanto antes. Por ello los ultrarracionalistas ortodoxos no reciclan, no ceden el asiento a las abuelas en el autobús, etc.

En segundo lugar tenemos el ultrarracionalismo positivista. Esta corriente, tras llegar a la misma conclusión, se permite una pequeña injerencia para lanzar cabos al Pueblo con la esperanza de que algunos individuos se agarren a ellos. Y que, si esos individuos llegaran a formar una pequeña masa, tal vez incluso evitar el cataclismo y formar una verdadera sociedad pura y ultrarracional. Esta corriente se rige por el lema “radicales de pensamiento, moderados en la acción”: tienen la visión pura que les brinda el método ultrarracional, pero lo transmiten en pequeñas dosis al Pueblo para no apabullarle e irle dirigiendo poco a poco.

Ambas desprecian al Pueblo al mismo tiempo que aman sus pequeñas manifestaciones cotidianas; pero mientras que a la primera le es indiferente que sus mensajes sean entendidos, la segunda se esfuerza por conseguirlo.

Ambas conocen que recorremos una autopista hacia el cataclismo económico, ecológico y racional; pero mientras que la primera lo ansía y quiere abrazarlo pronto, la segunda no deja de mirar a los lados por si hubiera algún pequeño desvío, incluso cuando ello les pueda llevar a ser considerados edgy white liberals.

Ambas desprecian la democracia, pero mientras que la primera no cree que haya una alternativa viable, la segunda se esfuerza por encontrarla.

Ambas, en fin, comparten un mismo tronco, y conocen la influencia recíproca del Real Madrid y las políticas de brasero y mesa camilla en la gerontomeseta, pero mientras que la primera ha perdido toda esperanza y fe en el ser humano, la segunda aún la mantiene.

Muchas ultrarracionalistas ya están firmemente posicionados en uno u otro lado, pero otras muchas alternan entre ambos al vaivén de los acontecimientos del día sin agarrar férreamente una posición. Por ello, infieles a nuestros valores antidemócratas, queremos preguntarles:

Ustedes, ¿cuál tomarían?

¡Habla, Pueblo, habla!