Hacia la unión hispano-lusa


Hace unos meses, un estudio realizado por el Real Instituto Elcano confirmaba que casi el 70% de los ciudadanos portugueses cree que España y Portugal deberían formar algún tipo de unión política ibérica. A la par, los últimos datos recogidos sobre la opinión de Cataluña son desalentadores para España: casi el 50% quiere romper. Y bien, si en Cataluña un porcentaje de la mitad de ciudadanos es suficiente para convocar una votación, ¿por qué no celebrar un referéndum por la unión de Portugal?

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De aquí en adelante me declaro abiertamente pro-anexionista/dependentista para evitar malentendidos, y así el lector respire tranquilo. Es saludable para la Democracia que quienes escribimos dejemos claro nuestro punto de vista y vayamos de frente, lo contrario genera confusión en el Pueblo.

Es evidente que hay una afinidad cultural que nos une. El pueblo portugués es como el pueblo español: dual, apolítico, ultra católico-liberal y laico, socialista por naturaleza, blasfemo, forofo futbolero, amante de su estupenda gastronomía, barroco y simplista, iletrado y sabiondo (cuñado), laborioso y en paro. Con un fascinante pasado; romano, moro y cristiano. Y un poso colonial, esclavista, esplendoroso; luego decadente, caldo de cultivo de un vetusto patriotismo. ¡Por no hablar del vino!

En efecto, al igual que fronteras, compartimos costumbres e historia. Por ejemplo aquella simpática anécdota sobre la jocosa relación entre Franco y Salazar. Y de cómo probablemente este último fue decisivo en la resolución de la Guerra Civil. Pero no nos pongamos nostálgicos. Es hora de mirar hacia adelante.

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Voces visionarias

En una entrevista concedida a Diario de Noticias en 2.007, José Saramago afirmaba que “Portugal acabará por integrarse en España”. No debería de pasarnos inadvertida semejante afirmación, más si lo dice una de las voces más lucidas de Portugal, y a quien Esperanza Aguirre confundió con la excelente pintora Sara Mago. “Saramago profetiza que Portugal y España acabarán siendo Iberia” titulaba El País. Portugal acabaría por convertirse en una comunidad autónoma más de España, integrándose así en un país nuevo, que se llamaría “probablemente” Iberia para que el nombre de España no ofendiese “los bríos de los portugueses”. Esto es discutible, pues no parece bonito bautizar el nuevo país como a la aerolínea, a no ser que fuera una metáfora. Pero Saramago fue mas allá y dijo que los portugueses aceptarían la “integración territorial, administrativa y estructural” con España si fuese bien explicada: “Con diez millones de habitantes, (Portugal) tendría todo que ganar en cuanto a desarrollo, y no sería una cesión ni acabar con el país, continuaría de otra manera. No se dejaría de hablar, de pensar y de sentir en portugués, (…) y no seríamos gobernados por españoles, habría representantes de los partidos de ambos países en un parlamento único con todas las fuerzas políticas de Iberia”.

También Fernando Pessoa creyó en esta posibilidad. Según su opinión, si España y Portugal, además de “existir”, quieren “hacer”, están llamados a entenderse y formar una Federación Ibérica. A ese proyecto dedicó un libro titulado Sobre Iberia y el iberismo que, por desgracia dejó incompleto. Así escribía el poeta sobre el esperado día “en que se reanimará el alma de la patria, se reconstruirá la íntima unidad de Iberia”.

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El nombre

No deja de tener gracia que Pessoa nos hable de íntima unidad, y que igualmente pensara en el nombre “Iberia”. El nombre, como todo el conjunto de símbolos (himno, bandera,capital, representante en Eurovisión etc.) se votaría democráticamente para decidir entre las mejores propuestas, entre las cuales ya ha sonado mucho “Hispania” que, según algunos expertos, tiene más sonoridad. Y, aunque parece unánime, se abre un nuevo debate en torno a el uso de la hache muda que, según algunas discrepancias, poco aporta, y sin ella estéticamente el nombre se parecería más a “Spain”, lo que lógicamente atraería inversores extranjeros. En ambos casos queda excluida la eñe, que tantos problemas nos dio.

Pros y contras

Son muchos los pros de la unión. No solo unificaríamos la península, si no que ganaríamos también los archipiélagos portugueses de las Azores y Madeira, cuyas islas son más vírgenes y más baratas que nuestras Canarias, o lo que es lo mismo: gran fuente de Turismo e ingresos. Y nuevos destinos del catálogo del Imserso, con lo que los gerontócratas quedarán encantados.

Desde el punto de vista económico, al bajar el SMI bajaría el paro y la economía gozaría cada vez de más brotes verdes. (Según los expertos: IBEX 35 + PSI 20= euros, euros, dubidú). Bueno para La Bolsa, bueno para el Pueblo. Según los últimos datos macroeconómicos, la deuda per cápita en Portugal en el segundo trimestre de 2016, fue de 23.175€ por habitante. Mientras que en España fue de 23.749€. Seguimos ganando; si bien hace unos días nos enteramos de que el banco público Caixa Geral de Depósitos, primera entidad financiera de Portugal, va a ser “recapitalizado” como ya lo fue Bankia, sabemos que juntos navegaríamos hacia convertirnos en una superpotencia económica sumergida. No hay más que imaginar la industria marítima resultado de unificar todo el litoral. ¡Y qué decir de las playas! País-balneario en toda regla,  dado nuestro enclave privilegiado. Nuestro futuro poder político, social y económico a nivel europeo y mundial es incalculable.

Otra de las consecuencias inmediatas sería que nuestra selección de fútbol podría contar por fin con Cristiano Ronaldo. Y la liga ganaría en matices con grandes equipos como el Sport Lisboa e Benfica y el F.C Porto, actual equipo de Iker Casillas, que volvería jugar en nuestros estadios cada fin de semana.

Asimismo, la democracia se fortalecería con la entrada de nuevos partidos. Aunque, con toda seguridad, Mariano Rajoy seguiría siendo óptimo para el cargo de presidente, porque como buen gallego conoce de cerca al pueblo portugués y ¿quién mejor para crear un ambiente relajado de dialogo y retranca?

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Por otro lado, es cierto que Portugal no goza de una Monarquía Parlamentaria como España, pero esto tiene fácil arreglo y seguro que supone un saludable reto para La Casa de Borbón, como ya lo fue para Los Austrias.

Pero la principal diferencia, es el idioma. Y si, la lengua es la madre de la nación, entonces seremos hijos de diferentes madres pero de un mismo padre: Dios. Y “Patria” proviene de “Padre”. En la práctica, la lengua portuguesa pasaría pronto a ser un dialecto, y así podrían surgir colectivos defensores de su utilización que recibirían jugosas subvenciones.

Movimientos paralelos

No es la primera vez que un pueblo extranjero manifiesta sus deseos de unirse a España. Existen varias asociaciones que piden la anexión de las Colonias del Caribe de nuevo a España, esta vez con rango de Autonomías de Ultramar. La propuesta más consolidada es la del “Movimiento por la Reunificación con España de Puerto Rico”, que considera ilegal el Tratado de París y pide que EEUU devuelva su isla a España, donde legítimamente pertenece. Si esto ocurriera podríamos de una vez olvidar ese traumático episodio de la guerra hispano–cubano–estadounidense, pasar página, y destruir por fin toda la poesía que lloraron los del 98.

¿Y qué decir de los catalanes? Si después de saber que otros pueblos están deseando la anexión y que España baraja nuevas relaciones, Cataluña mantiene su actitud de superioridad y desprecio al resto de españoles, poco podemos decir nosotros. Seguro que los charnegos no independentistas, que alguno habrá, se alegrarán al saber que, al fin, podrían volver, desandar La Meseta y encontrar una nueva tierra prometida en las Dos Extremaduras. En este sentido, sería fantástico que dejaran a un lado el miedo y pudiéramos conocer su opinión, siempre que no les parezca excesivo compartirla y si es así; pueden ahorrársela.

La Transição

Desde estas líneas animo a los exmos. Srs. Juan Ignacio Zoido y Alfonso Dastis, nuevos ministros de Interior y de Exterior respectivamente, a poner en marcha las conversaciones diplomáticas pertinentes. Y a nuestro soñado Presidente, el exmo. Sr. Mariano Rajoy, a que escuche la voz de la calle cuando grita con voz de Gol. Un estado democrático no puede desoir la voz del Pueblo. No ha de ser este nuestro caso, que si por algo destaca el macho ibérico es por su valentía y arrojo. Porque como dijo CR7: “Com palavras você me julga, com atitudes eu te provo o contrário.”

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Aprovecho para alentar también a la autoproclamada “nueva política”. El Sr. Pablo Iglesias ha dicho en alguna ocasión que hay que seducir a Cataluña: muy bien, pero ¿y si nos da calabazas? Posibilitando un coqueteo y un “empezar a conocernos” con Portugal, el trago de la posible ruptura con Cataluña sería menos amargo. Un clavo saca a otro clavo. Y el Sr. Albert Rivera que en alguna ocasión ha manifestado la necesidad de invocar el espíritu de la Transición, le decimos: ¡Plus ultra, Albert! ¡Hay que invocar el espíritu de S.M. Isabel, Madre de España! ¿No fue ella, más la ambición de Cristóbal Colón, visionario emprendedor, la que guió a España a convertirse en un imperio, cuando éste puso su ojo en el Atlántico?

¡Sí! Hay que virar la mirada al Atlántico y abrazar Portugal como región hermana. Mientras Cataluña se decide, puede ser teñida de gris en los mapas; y si la ruptura es definitiva: de azul, para que el Mediterráneo tenga su orilla por esa parte en la muy noble tierra de Aragón.

Visto lo visto y dicho lo cual, el único esfuerzo que habría de hacer el ciudadano, tanto el español como el portugués, sería sintonizar nuevos canales en su TV, y acostumbrarse a ver nuevos encuentros de liga, nuevos periódicos en los kioscos y algunas caras nuevas.

¡Ojalá podamos pronto celebrar este referéndum y quiera Dios que gane el SI!

 

Texto por el Marqués del Fargue

¡Habla, Pueblo, habla!

Un comentario en “Hacia la unión hispano-lusa

  • Genaro

    Buenas, soy uno de los muchos catalanes que NO quieren independizarse. Somos un grupo muy numeroso pero a la vez silencioso, no como los charlatanes independentistas.
    Me agradaría mucho ver la unión de España con Portugal puesto que seria bueno para los dos paises economicamente y nos daría más peso a nivel internacional en un mundo de “gigantes emergentes”.