Propuestas para una mejora ultrarracional de Hortaleza

Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid‘ es un garbeo semanal que parte cada martes de una estación de metro distinta, barriendo el plano por orden de líneas y de norte a sur. Cada garbeo consiste en caminar por donde nos venga en gana y una visita a un bar local. En ellos conocemos al Pueblo en su salsa, interactuamos con él, cantamos a favor de la labadora, etc.

Últimamente todo parece estar en contra del equipo de mejora urbanística ultrarracional. Como habrán notado nuestras lectoras habituales, nuestros últimos garbeos se han espaciado bastante, y para más inri nos enteramos el otro día de que Metro pretende cerrar próximamente toda la línea 4 durante al menos dos meses, por lo que vemos peligrar el futuro inmediato de los garbeos. Pero a pesar de la adversidad, nos mantenemos fieles a nuestro compromiso para con la periferia de Madrid y continuamos con nuestra labor.

De hecho, la semana pasada casi no podemos siquiera hacer el garbeo por Hortaleza, ya que cuando nos bajamos del metro descubrimos que el barrio estaba en llamas.

«Esto con Carmena no pasaba», gritaban algunas vecinas.

Afortunadamente, los bomberos lograron controlar el incendio con éxito unos minutos después. Superado el susto, comenzamos nuestro paseo por el barrio.

Nuestra primera apreciación es que Hortaleza parece estar poblada exclusivamente por jubilados.

Tertulianos debaten si se ha quedado o no buena tarde.
Señoras de edad respetable tratan de robar un coche ante nuestros espantados ojos.
Consulta médica callejera: según pudimos oír, para tratar su dolencia le recomendaban a este caballero que se hiciera curas con polvos de talco.
Amigas guardan silencio, enfurruñadas después de una acalorada discusión sobre si el último episodio de Juego de Tronos supone un avance o un retroceso en la representación de los personajes femeninos en la ficción televisiva.
La única persona menor de setenta años que vimos en toda la tarde, resguardándose del calor estival o tal vez burlando la vigilancia de sus mayores.
No vimos ningún niño en Hortaleza, pero encontramos pruebas arqueológicas de que en 2016 aún había infantes en el barrio; o al menos gente con manos pequeñas.

Asimismo, gran parte del comercio local también parece ser old school.

Las más jóvenes de nuestra comitiva jurábamos no haber visto jamás un ultramarinos designado como tal, en vez de “alimentación y frutos secos”.
Rotular con azulejos: una práctica que debemos recuperar.
Sí a los mensajes comerciales en cartulinas con “comillas” que hacen que todo suene sospechoso.

Lo mismo se puede decir de gran parte del mobiliario urbano.

Toboganes donde te manchabas el culo de óxido y después de aterrizar te rebotaba la nuca contra el borde metálico: los buenos tiempos.
Enrique el Ultrasur rememora con nostalgia su infancia noventera.

Como ya hemos apreciado anteriormente en otros barrios, en Hortaleza también se cuida mucho la armonía cromática de los elementos urbanos.

El Toldo Verde nos gusta, pero el toldo multicolor casi que más.

Eso sí, lo estético debe siempre servir un propósito, o no tiene cabida en este barrio.

El arte debe estar al servicio del Pueblo: este cuadro no vale más que para calzar los cubos de basura.
Lo mismo para la política.

Según avanza nuestro paseo, comprobamos que Hortaleza es muy similar a Manoteras, lo que tampoco es de extrañar, por otra parte. Como en nuestro último garbeo, apreciamos una rica flora endémica.

Entregado vecino intenta mantener a raya la exuberante vegetación.

De hecho, Hortaleza parece sospechosamente similar a Manoteras.

¿Aquí no estuvimos ya la semana pasada?
¿Y aquí?

Unas calles más adelante constatamos que, efectivamente, estamos repitiendo la misma ruta que en nuestro último garbeo. No vemos más opción que dar el paseo por concluido y tomarnos algo.

Rechazamos sentarnos en una gastrotaberna y nos decantamos por el bar de al lado, que, a pesar de su estética tradicional, resulta no tener vermut de grifo.

Una vez acomodadas, nos disponemos a hacer la lista de propuestas de mejora del barrio, pero la conversación se desvía y terminamos debatiendo sobre feminismo a raíz de un artículo de controvertido titular publicado unos días antes.

Puyol el tiburón, comprometido feminista, muestra su preocupación por el flaco favor que hace a nuestra causa que un periódico que se supone serio publique este tipo de contenido.

Los parroquianos del bar se muestran alarmados según sube el tono de la discusión: invocamos el nombre de Virginie Despentes en vano varias veces, nos acusamos unas a otras de incurrir en cuñadismos, y finalmente no llegamos a ninguna conclusión relevante.

Empieza a refrescar y hace rato que nos hemos acabado todas las aceitunas que nos han puesto cuando decidimos levantar el campamento. No hemos hecho ninguna propuesta para la mejora ultrarracional del barrio de Hortaleza, pero esperamos que nuestras lectoras comprendan que a veces hay cosas más importantes de las que hablar. Además, qué más se le puede pedir a un espacio urbano que ya estimula de tal forma el diálogo entre la ciudadanía.

En la pared de un centro comercial, encontramos el marcador de una reñida competición vecinal, con el Cabezas y José Padre disputándose el primer puesto. Probablemente también debatían sobre feminismo.

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