Retro de mierda


Retro de mierdaSU tarea de hoy será intentar convencerse de que está leyendo un manifiesto artístico y no lo que es poco más que una masturbación hipster que intenta parecer relevante mediante el medio de renegar del color y adorar la serifa. Convencerse de que hay más sustancia en el negro que en el blanco de estas páginas y de que realmente va a obtener algo más edificante perdiendo dos minutos de su vida leyéndonos que quedándose tirado en la acera mirando el cielo. Le diría que no va a ser tarea fácil pero mentiría: si es usted el tipo de persona que lee este tipo de publicaciones es de suponer que ya está medio convencido, que realmente va a asentir a todo lo que diga y a fruncir el ceño haciendo como si pensara para después levantar una ceja y decir “qué agudo” o “qué imbécil”. Seguro que Amanece que no es poco es una de sus películas favoritas y seguro que se cree especial por ello. Con usted ya hemos contactado: nacimos contactados, y contactados moriremos juntos. Podríamos publicar un manual de lavadora en Times New Roman 10 y seguiría frunciendo el ceño.

Por tanto hemos de asumir que nuestro objetivo implícito es contactar con ese gran desconocido que es “el resto del mundo”. El de remover conciencias o sacudir los cimientos de la burguesía a base de socavar los principios de su moralidad a golpe de caca, culo, pedo, pis. Qué brillante idea la nuestra, la de intentar contactar con la generación del iPad y el SMS con folios en blanco y negro: sólo nos falta un ejército de niños voceadores tocados con cuquísimas boinas recorriendo las calles de nuestras ciudades anunciando la buena nueva y muriendo atropellados por coches a gasógeno. Qué brillante idea la de intentar usar el ideal de un movimiento que murió un siglo atrás para apuntalar un nuevo siglo que ha nacido muerto. Brillantes ideas todas ellas, salidas de brillantes mentes que se aburren y bostezan, que están inquietas porque saben que están malgastando su vida, que intuyen que hay algo ahí fuera pero lo intuyen como el lagarto al sol intuye el universo, mentes que dirigen cuerpos demasiado bien alimentados como para que se arriesguen a realizar los sacrificios necesarios para causar el cambio. Mentes hastiadas, ciudadanas del primer mundo, que teclean en sus macbooks en lugar de mirar a la televisión rosa, pensando equivocadamente que hay realmente una diferencia de fondo entre ambas actividades.

Y lo peor de todo es que, independientemente de la razón por la que aún siga leyendo esto, sólo por el hecho de estar haciéndolo usted ya es no solamente un lector que está perdiendo su valioso tiempo, sino un cómplice, culpable de que esta farsa continúe. Flaco favor nos hace. Es un cómplice de nuestra hipocresía y de nuestra autocomplacencia; hipocresía porque publicamos evasión, publicamos el TBO disfrazado de referente literario y simulamos mamar de las grandes mentes de nuestro país cuando en realidad sólo vomitamos banalidades, graffiti en el baño del bar, poesía de rima libre escrita por un treceañero frustrado porque sus padres no le dejan pintar su dormitorio de negro. Autocomplacencia porque escribimos para nosotros mismos, revolcándonos en el turbio lodo de nuestras viejas ideas en lugar de buscar la novedad. La salida, la idea luminosa que mande al otro barrio esta pesadilla. Porque estamos viviendo una pesadilla, y el que no la pueda ver simplemente no sabe que está dormido. Y la pesadilla que vivimos es una pesadilla retro, una pesadilla de color sepia y olor a garbanzo. Un sueño que ni siquiera estamos soñando nosotros, ya que somos personajes secundarios de los sueños de ancianos y monstruosos poderes que se aferran al ayer con dedos engarfiados y que arrastrarán al mundo y a toda nuestra especie al abismo con tal de ser ellos los que estén en la parte más alta de la vorágine de carne humana que cae al vacío. Y usted, sólo por seguir leyendo esto, ya es su cómplice también. Por eso, porque creemos que el inconformismo adolescente puede pasar por salvación, repetimos ahora nosotros los errores de la contracultura pasada: para que nada cambie, para que nada siga igual, para que esta noche durmamos un poquito mejor. Porque usted es retro, yo soy retro, el mundo es retro, el apocalipsis será retro, y que haya usado tantas palabras para no decir absolutamente nada es retro.

Retro de mierda.


Acerca de Biyu

Biyu fue decantado hace más de treinta años en la ciudad de Zaragoza y conoció al equipo de dirección de esta publicación durante un incidente que la policía judicial consideró “horrendo pero hilarante”. De vida espesa y disoluta, su ciclo vital actual tiene lugar entre España y Estados Unidos, lugares donde diversifica su estudio de la vulgaridad elevada a arte y donde planea dejar de lado los escasos ideales que le quedan y unirse a las hordas de periodistas al servicio del status quo.

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