Ribonal™ con extracto de Adayya. 650mg


TITULAR

Laboratorios Ribon

1. QUÉ ES RIBONAL CON EXTRACTO DE ADAYYA 650 mg Y PARA QUÉ SE UTILIZA

Ribonal está indicado para curar todo tipo de fobias. La composición de este medicamento es el resultado de los últimos avances científicos y, al estar enriquecido con extracto de Adayya, es la forma más eficaz de eliminar los pensamientos irracionales, actuando selectivamente sobre ellos y haciéndolos desaparecer.

2. POSIBLES EFECTOS ADVERSOS

Una mañana de marzo, Nicolás, de unos 28 años, sentado sobre la cama de su habitación, abría un pequeño paquete de cartón en el que podía leerse “Laboratorios Ribon”. De él extrajo un bote convenientemente embalado (“Ribonal. Con extracto de Adayya. 650 mg.”), lo abrió, sacó un comprimido y se lo tragó. Inmediatamente empezó a leer el prospecto. A su lado, en el suelo, una revista abierta con un anuncio de Ribonal. “El medicamento inteligente. Con extracto de Adayya. Deje que Ribonal piense por usted”. Debajo del eslogan, la foto del Doctor Ribon: un tipo bien parecido de unos 50 años, impecablemente vestido, con traje oscuro y una corbata muy llamativa.

A los pocos días, tras terminar la comida que había encargado, Nicolás llamó por teléfono al hospital. Una enfermera al otro lado le informó de que no había novedades: las quemaduras de su novia eran muy graves y continuaba estable dentro de un profundo coma. Colgó, se tomó dos comprimidos de Ribonal y bajó a la calle, pero la visión de un hombre encendiéndose un cigarrillo le sacudió y volvió corriendo sobre sus pasos para encerrarse en su apartamento. Aún es demasiado pronto – se dijo.

Durante la siguiente semana, Nicolás hizo algunos avances: había conseguido andar calle abajo, hasta que una vela encendida en la mesa de un restaurante le hizo estremecerse y tuvo que refugiarse en un portal mientras se tranquilizaba un poco. Una cápsula de Ribonal y vuelta al apartamento. Era suficiente por ese día.

Así fue pasando el tiempo hasta que, poco a poco, comenzó a retomar las tareas cotidianas de una persona normal. Su novia seguía igual. El medicamento funcionaba y la ansiedad iba remitiendo cada día. La presencia del fuego empezaba a ser soportable. Buscó trabajo y no tardó mucho en encontrarlo, pues a las pocas semanas se incorporó al servicio de correos, en una oficina que no estaba muy lejos de su casa.

En junio, una llamada le sorprendió cuando volvía de trabajar. Su novia había despertado del coma aunque estaba muy débil. Nicolás dijo que quería ir a verla, pero la enfermera le sugirió que el estado en que había quedado podría impactarle y que tal vez ni siquiera ella quisiera que fuera. A pesar de todo, se dirigió al hospital nada más colgar el teléfono. Aún no había conseguido ir, pero ahora tenía que hacerlo. Decidió coger un taxi. Nada más arrancar, el taxista le preguntó si le importaba que fumase. No – dijo Nicolás, inseguro. De todas maneras, apartó la mirada cuando el hombre se encendió el cigarrillo.

Volvió a mirar y se quedó ensimismado contemplando el humo. Sonrió. Se llevó la mano al bolsillo y sacó un comprimido de Ribonal que se metió en la boca.

En la habitación del hospital, la joven dormía bajo el efecto de los sedantes. Nicolás se limitó a observarla, cubierta completamente por apósitos como estaba, durante casi una hora. Mañana volveré – dijo mientras se ponía de pie para marcharse. Le dio un beso en la frente, abrió la puerta y salió.

De camino a casa (se bajó del taxi algo antes de llegar) decidió comprar un mechero. La prueba de fuego – se dijo sonriendo. Ya en su salón, algo tenso y con el bote de Ribonal a la vista, lo encendió. Una vez tras otra, hasta un total de seis. Pero el mechero no funcionaba. Lo agitó, repitió la operación pero seguía sin funcionar. Bajó a la calle, compró otro encendedor en un lugar diferente y, nuevamente en casa, se produjo la misma situación. Qué extraño – dijo. Pensativo, volvió a la calle para comprar cerillas esta vez. Al volver, el rozamiento del fósforo con la lija dio paso al inconfundible sonido de su combustión. Pero no hubo llama. La cerilla empezó a consumirse sin que apareciese ningún fuego y la cara de Nicolás Ribonal™ Con extracto de Adayya. 650 mg pasó de la extrañeza al espanto. Salió disparado de su apartamento y se puso a mirar febrilmente en todas direcciones. A unos cuantos metros una mujer esperaba fumándose un cigarro. Se abalanzó sobre ella cogiéndolo y vio que estaba apagado, pero de él surgían volutas de humo. Corrió hacia el restaurante cercano, entró en él y, atravesando el comedor sin detenerse se coló en la cocina abriendo las puertas de par en par. Los cocineros, sudorosos y sorprendidos, estaban delante de fogones de los que no salía ningún fuego pero que calentaban la comida. Tiró una de las ollas y puso la mano en el fogón. Ningún calor. Hundió la mano y, entonces sí, soltó un aullido de dolor. Desesperado, salió de allí y deambuló durante un rato, sobrecogido por una enorme angustia. ¿Dónde está? – repetía sin parar. Y aunque no podía percibirlo, el fuego podía estar en cualquier parte. Justo entonces el sol, aún muy alto, empezó a oscurecerse.

Súbitamente, su rostro cambió revelando un descubrimiento y volvió a su apartamento corriendo tan rápido como pudo. Cuando abrió la puerta, se encontró con una densa cortina de humo, las paredes del salón ennegrecidas y muchos objetos consumidos por el fuego. Pero parecía extinguido. La cerilla – murmuró. El sol se estaba apagando y empezaba a tener frío. Entró en su habitación, cogió el bote de Ribonal y leyó minuciosamente el prospecto, una vez más; en letras grandes, destacaba: “¡Despídase de sus fobias!”. Un poco más abajo:

3. CÓMO TOMAR RIBONAL CON EXTRACTO DE ADAYYA 650 mg

“5 cápsulas diarias…” De pronto el papel se desplegó mostrando una gran lista: “…para las siguientes fobias diagnosticadas”. Pero entre esas fobias no se encontraba la suya. Horrorizado, comprobó que sí estaba un poco más abajo: Pyrofobia. 1 cápsula diaria. Al final de la lista:“Atención: no superar nunca la dosis indicada” y un “Teléfono de atención al consumidor: 555 – 81304”. Cuando se puso a marcar, el fuego que había creído apagado se extendía por toda la casa y avanzaba rápidamente hacía él sin que se diese cuenta, derritiendo el bote de Ribonal que estaba encima de la mesa. Fuera, en la calle, seguía siendo una soleada tarde de verano.

¡Habla, Pueblo, habla!