‘Amigos del Toldo Verde’: Hacia un verdadero patrimonio de lo comúnTiempo de lectura: 4 min


Basta con mirar hacia arriba para poner en cuestión todo aquello que se nos ha inculcado hasta la fecha. Nos dicen que patrimonio es lo que nos identifica y, tras asignarnos un patrimonio, nuestra identidad queda establecida. Nos dicen que somos ese castillo, esa catedral o ese palacio, pero alzamos la mirada y no vemos ningún castillo, ninguna catedral ni ningún palacio. Basta con mirar hacia arriba y todo lo que vemos son edificios con toldos verdes. El Toldo Verde: tan mundano, tan vulgar, preso de una omnipresencia que curiosamente le hace pasar desapercibido. ‘Amigos del Toldo Verde’ es un nuevo grupo de Facebook donde todo el mundo está invitado a arrojar luz –¡qué paradoja!– y así tender la mano a este elemento arquitectónico con el objetivo de reconocernos en él tal y como somos. Sin florituras, sin impostación. Nuestro verdadero patrimonio, nuestra identidad más auténtica.

En el Toldo Verde nos reconocemos tal y como somos. Es nuestro verdadero patrimonio.

“¿Cuánto tiempo tiene que pasar para concebir algo como patrimonio?” se preguntarán algunos. De milenios pasamos a siglos, pero en una era caracterizada por la aceleración de la historia, de siglos pasamos a unas cuantas décadas. Mañana pronto será ayer. El Toldo Verde, originario de los años 60, es una reliquia con la que convivimos hasta hoy, y precisamente por ello es a la vez pasado y presente. No se trata de un patrimonio llevado en volandas por viejas historias. No es una víctima de la nostalgia. El Toldo Verde es la casa de nuestros abuelos, la casa de nuestros padres y, queramos o no, también es nuestra casa.

La presencia de un Toldo Verde pone de manifiesto el acto arquitectónico más básico, puro y primitivo que se pueda imaginar. Desde que el hombre es hombre, una piel curtida y extendida sobre cuatro palos constituye un refugio. Miles de años después, el Toldo Verde nos reivindica como humanos, erigiéndose como fundamento práctico a la hora de crear una sombra allá donde no se requiere cerrar el espacio. Contribuye a que no nos agostemos en agosto. Debe analizarse, por tanto, desde un prisma despolitizado. Y es que el Toldo Verde no es de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común. Porque en España, objetivamente, hace calor.

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Denostado por la mayoría, entendemos el Toldo Verde como símbolo de periferia; y en efecto, en el origen fue así. Crecemos y crecemos, y al ensanchar nuestras calles tenemos más luz –bendito milagro que propicia la aparición del toldo. Crecemos y crecemos, y lo que antes era lejos ahora queda cerca. Los ricos siguen siendo ricos y siguen en el centro, y los pobres ahora son también ricos porque han creado sus propios centros. Acierta quien perciba el Toldo Verde como una reinterpretación contemporánea de la idea clásica de belleza. ¡Qué armonía aporta el Toldo Verde! Nuestro país siempre ha sido bello y lo sigue siendo. Faltaría más.

Algo se convierte en estilo toda vez que ha sido copiado. Observamos con agrado cómo florecen toldos naranjas o azules, pero, ¿acaso no es el verde el color que contrasta de manera más eficaz con el marrón rojizo de nuestros sempiternos ladrillos? Abogamos por la hermosura de la homogeneidad. Aceptamos que todo toldo es hermano del Toldo Verde, y la única antítesis posible es la no presencia de toldo. Ante el precipicio que supone la eclosión de nuevas y viejas banderas, nos guiamos fielmente por el color de la esperanza impregnado en un textil. Cierto es que la copia sirve para auparnos, pero a la vez clamamos por la importancia de lo primigenio, pues no existe ningún toldo antes del Toldo Verde.

Somos cutres, ergo somos auténticos

El Toldo Vede no es un fin en sí mismo. Más allá de su literalidad, constituye la metáfora perfecta de toda una cultura material asociada a algo más amplio e indiscutiblemente nuestro: lo cutre. Despojemos a este vocablo de su sentido peyorativo y reconozcamos, con la cabeza bien alta, que somos cutres, ergo somos auténticos. Solo así, y como reacción a una vertiginosa globalización, podemos afirmar sin ruborizarnos que rellenar una botella de dos litros de Coca-Cola con agua del grifo o colgar CDs en el balcón para espantar a las palomas TAMBIÉN es Toldo Verde. Y es que no hay nada más extraordinario que las cosas y comportamientos cotidianos; el día a día.

Apelamos a todas las que os consideráis personas de buena fe, a todos los que sois amigos del Toldo Verde aunque todavía no lo sabéis. Os invitamos a ‘asaltar’ el muro de Facebook, anhelando futuras contribuciones que ayuden a enriquecer las inquietudes de quienes ya estamos a este lado. De quienes ya somos ‘Amigos del Toldo Verde’.

Artículo por Pablo Arboleda

Debido a su popularidad y ubicuidad, el Toldo Verde podría llegar a ser el nuevo símbolo nacional, como explicamos aquí.

Eh, ya que pasa usted por aquí…

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