Contra el idealismo

Los filósofos y los científicos llevamos cinco o seis siglos atacando al idealismo en todas sus formas. Sabemos que la mente no es independiente de la materia ni soberana de la misma. Sabemos que no hay voluntad humana o suprema que pueda abstraerse de su contexto natural o social. Sabemos que las normas sociales o morales no son ni pueden considerarse autónomas de su base natural, sino que, más bien, unas y otras están entrelazadas, de modo que pretender esa autonomía no contribuye sino a un entrelazamiento peor y menos sostenible el tiempo. Sabemos que la naturaleza es algo más que información o mente, espíritu si se prefiere, y que la información o el conocimiento no pueden suplantar propiedades o funciones básicas de la naturaleza bajo ningún concepto.

Sabemos que el idealismo es una doctrina justificadora de los privilegios del hombre blanco rico, que es el que, por admisión a priori, no hace trabajo manual ni reproductivo, y que perpetúa su poder haciendo creer a la gente que él es puro conocimiento y voluntad de mando y que es bueno que esta pureza exista y domine el mundo. Sabemos, por todo lo anterior, que esta doctrina no sólo es pura ideología, sino que no tiene base ontológica aceptable alguna, ya que el conocimiento y la voluntad humanos pueden dar lugar a sociedades más o menos justas, y mejor o peor entrelazadas con la naturaleza, pero a la postre no son ni pueden ser principios ordenadores de nada.

Sabemos también que, a la hora de curar enfermedades y corregir injusticias y defectos sociales o tecnológicos, las atribuciones de responsabilidades individuales funcionan menos que el estudio de las causas materiales y estructurales de los procesos. Sabemos, por ejemplo, que una conspiración sinorusa o yanqui para difundir el coronavirus es no sólo improbable, sino que no tiene sentido porque la pandemia no beneficia a nadie; mientras que la causa probable de este proceso es la zoonosis, cuyo riesgo ha aumentado notablemente por las prácticas agroganaderas, industriales y desarrollistas del capitalismo a gran escala.

A pesar de todo ello, no hemos logrado convencer a las grandes mayorías en apenas algunas pequeñas cuestiones (ejemplo: que medicina=mola y que homeopatía,magia=caca), y no les hemos convencido en casi ninguna de las grandes cuestiones arriba señaladas. No sólo eso: el panorama cultural confiere cada día más poder al idealismo, ya sea en sus formas cultas o en sus formas groseras y brutales. Entramos en una época decisiva de la historia, quizás la última época de algo que pueda llamarse historia, y el impulso materialista sigue vivo pero su derrota a efectos sociales es ya efectiva e irreversible, con todo lo que ello implica. Mejor que todos asumamos cuanto antes este hecho y sus desagradables consecuencias.

 

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