De Dumbledores y Valle-Inclans

Se suele comentar entre los veinteañeros que uno va constatando el «hacerse mayor» cuando los futbolistas son más jóvenes que uno. A mí, que el fútbol no me dice nada, me ha sucedido algo parecido al enterarme de que existe una diputada, Marta Rosique i Saltor, de 23 años. No es que sea un forofo, no me he citado en un bar para tomar unas cañas mirando la sesión del Congreso de los Diputados, lo he sabido por el revuelo que ha causado en Twitter el parecido entre el presidente de la Mesa de Edad, Agustín Javier Zamarrón (73 años), con Ramón María del Valle-Inclán.

El parecido con el escritor es más que razonable, sin embargo los usuarios también han señalado la semejanza entre el diputado y Albus Dumbledore, el personaje de ficción de la saga Harry Potter. Y la verdad es que no se parecen en nada, llevan gafas sí y barba blanca, pero es como quien dice que Pablo Echenique se parece a Stephen Hawking por la silla de ruedas.

Más allá del grado de semejanza, resulta más interesante pensar en la brecha generacional que existe entre quienes reconocen en un rostro a un dramaturgo modernista o a un personaje de ficción de una novela infantil. Dumbledore y Valle-Inclán representan el medio siglo que separa a los componentes de la Mesa de Edad.

Reconozco que al enterarme de que existía una diputada de 23 años he cuñadizado un poco. He recordado indignado el caso Jordan Thomas Llamas que con 20 años fue nombrado asesor técnico de la Consejería de Salud de las Islas Baleares, cargo remunerado con casi 4.000€, más o menos lo que cobra un diputado entre pitos, tablets, desplazamientos, dietas y flautas. (Por cierto que a Thomas Llamas lo agregué en su momento en Facebook y pude comprobar su absoluta «inmadurez»).

Pues bien, Maria Rosique (23 años) ha terminado periodismo y ahora estudia Ciencias Políticas, ha formado parte de les joventuts d’ERC y ha encabezado la plataforma «Universitats per la República». Entre preguntas impertinentes de (la viejuna) Pepa Bueno sobre si se la podía tutear, la joven diputada ha declarado en «Hoy por hoy» lo siguiente:

«Yo creo que es importante que las políticas para la juventud las reivindiquemos los jóvenes, y que las políticas de juventud las hagamos nosotros mismos».

Sin embargo, esto no es algo evidente de por sí. De hecho, esta afirmación de la diputada constituye una suerte de paralogismo. Sirvan de contrapunto las siguientes declaraciones de La Zowi, incuestionable icono generacional:

«Una ‘ratchet’ es alguien como yo, que combina ropa del Bershka con imitaciones de marcas caras y que, como se siente excluida del sistema, se preocupa más por tener las uñas bien hechas que por votar en las elecciones».

¿Pueden los diputados jóvenes fomentar las políticas jóvenes, luchar contra la Gerontocracia y la Mesacamilla Politics? ¡No! No mientras se valore más la fidelidad al partido que la preparación y la autonomía. Cosa que seguirá sucediendo mientras exista disciplina de voto y de partido. Cosa que seguirá sucediendo mientras existan listas cerradas, es decir, mientras exista el actual sistema de partidos que hace que los más cualificados (como La Zowi) no sientan vocación política.

Mientras tanto, los jóvenes diputados no sólo no pueden combatir el actual sistema de partidos, son sus principales garantes. Esto es debido a que sus señorías sintetizan toda su actividad cerebral pulsando cuatro botoncitos. Como es sabido se suelen equivocar. Decidid vosotras mismas quién de los diputados de la Mesa de Edad se confundirá menos esta legislatura pulsando su panel de control. Entre tanto aplauso y abucheo, muchos partidos han optado por designar a algún portaestandarte para que indique con los dedos cuál es el interruptor correcto. Con toda probabilidad esta responsabilidad irá cayendo paulatinamente sobre los hombros de los diputados más jóvenes y, en un futuro no muy lejano, cuando en nombre de la eficiencia los diputados jóvenes ocupen más sillas y levanten más brazos, se terminará votando haciendo la ola en el Congreso. Será la «oportunidad populista» definitiva para Paco Almirante, el hacedor de olas del Camp Nou.

¿Puede Maria Rosique fomentar las políticas jóvenes, luchar contra la Gerontocracia y la Mesacamilla Politics? ¡No! No si este domingo vota a Ernest Maragall de 76 años. «En 2009 se aprobó en Cataluña una nueva ley de Educación (la LEC), de la mano de Ernest Maragall, en aquel momento consejero de Educación por el PSC y ahora candidato a la alcaldía de Barcelona por ERC».  (Por cierto, ¿se equivocaría de botón Ernest Maragall cuando rompió la disciplina de voto con el PSC?)

Sea como fuere, «la LEC se aprobó con una gran satisfacción de CiU y en contra de la mayoría del profesorado y de la comunidad educativa, expresada en cuatro huelgas y con las manifestaciones de educación más masivas desde la transición». ¿Participó Maria Rosique, cuyo origen político se encuentra en los movimientos estudiantiles, de aquellas huelgas? Quizás. O quizás sea que entre tanta magia y esperpento me hago viejo: hoy me he visto arrancando una pegatina que rezaba algo en contra de Ada Colau.


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