Automovilistas protestan contra #MadridCentral poniendo pegatinas en sus coches


No a Madrid Central. Es el mensaje que más de doscientos automovilistas de Madrid han querido transmitir hoy, 30 de noviembre, con la entrada en vigor de la medida del Ayuntamiento para restringir el tráfico en la ciudad. Lo han hecho exhibiendo en sus automóviles vistosas pegatinas reivindicativas con el lema “Orgullo aceleracionista”.

Se trata, como el nombre de la campaña indica, del movimiento aceleracionista, para el que el coche no es “un capricho clasemediano” sino un instrumento revolucionario de transformación social. Lo explica Mari Carmen García Sánchez, representante de la campaña: “Cuando Marx emprendió el análisis de la producción capitalista, ésta estaba en sus comienzos. Marx orientaba su empeño de modo que cobrase valor de pronóstico. Se remontó hasta las relaciones fundamentales de dicha producción y las expuso de tal guisa que resultara de ellas lo que en el futuro pudiera esperarse del capitalismo. Y resultó que no solo cabía esperar de él una explotación crecientemente agudizada de los proletarios, sino además el establecimiento de condiciones que posibilitan su propia abolición.”

Los aceleracionistas sostienen que el capitalismo establecerá las condiciones que posibilitan su propia abolición.

“La revolución no se hace levantando muros comunistas, sino acelerando el colapso. Por eso tenemos que usar los medios que el capitalismo pone a nuestro alcance para acabar con él, y el coche es el primero de todos ellos“, concluye. “Atrás quedó el sueño húmedo lecorbusiano del automóvil minimalista y la Modernidad contenida que se encuentra en los albores de la clase media. Lo que realmente empodera al Pueblo hoy, la auténtica conciencia de clase, reside en la accesibilidad del Pueblo a un instrumento de revolución como es el automóvil”.

Los automovilistas han protestado así ante la creciente estigmatización que sufren por parte de ecologistas y otros posibilistas. Entre ellos, la propia alcaldesa, Ada Colau, que celebró la Semana Europea de la Movilidad en Barcelona la semana pasada; o la reciente crítica del colectivo ultrarracionalista Homo Velamine, en la que acusaba a sus máquinas de alterar cuatro de los cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato y el tacto.

“Los ecologistas nos critican por usar el coche, pero no comprenden que nosotras estamos más concienciadas que ellos con el medio ambiente”, ha declarado García. “La sostenibilidad es imposible en el actual modelo de producción capitalista, hay que tomar medidas más drásticas que poner carriles-bici para hipsters traga-muffins, y es lo que estamos haciendo.”

El aceleracionismo nos permite hacer la revolución en máquinas de vistosos colores y lucecitas parpadeantes.

Los automóviles, aseguran, comprometen al capitalismo en ámbitos cruciales. Uno de ellos es el financiero, y muchas de las personas que participan en esta reivindicación han adquirido el coche más caro que les ha sido posible, endeudándose para ello. “Hay que cabalgar hacia el colapso para acabar con este sistema de explotación, y el automóvil lo hace de muchos modos a la vez. Y es muy bonito poder hacer la revolución en máquinas de vistosos colores y lucecitas que mejoran nuestro estatus social y nos ayudan en los cortejos de apareamiento”.

De modo que la próxima vez que sienta que un conductor le incordia por la ciudad porque no para en un paso de cebra o hace ruido debajo de su ventana, no se moleste: está ante una persona comprometida en pleno acto revolucionario, y esas son las inevitables molestias que toda revolución trae consigo.

 

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