El deber de sabotear el sistema

Es obvio que mediante meros cambios en los precios relativos de los productos no hay modo de evitar el cambio climático o las crisis ecológicas. Pero, en términos del sistema capitalista según este se justifica a sí mismo, es posible y debería exigirse que las cosas menos contaminantes y más sanas cuesten menos, y que las que contaminan o son de peor calidad cuesten más. Pasar los costes y la responsabilidad al consumidor es una broma de mal gusto. Yo, no por ahorrar, sino por principio, compro el producto más barato, aunque la diferencia sea de un solo céntimo. Si el sistema hubiese dado de si lo que dice que puede dar, y ello acarreará los cambios de precios correspondientes, no me presentaría este tipo de decisiones como una elección moral o una responsabilidad que yo satisfago pagando. La traducción entre mi vida personal y las necesidades intrínsecas del sistema sería más limpia. El sistema debería mostrar que no me trata como un mero engranaje o una mercancía más, sino que, al menos, a grandes rasgos, facilita que yo sea mejor persona, o al menos que no sea peor persona, amén de hacerme la vida más sencilla, ya que comprar y llevar una casa es, per se, tedioso.

Por otra parte, jamás voy a pagar 1 euro extra para que una compañía de aviación plante árboles o algo por el estilo, y pueda decir así que cancela parte de sus emisiones de carbono de este modo. Aunque esta decisión tiene una lógica ligeramente diferente. El sistema político liberal se justifica a sí mismo con el pretexto de que garantiza a cada cual la libertad de elegir su modo de vida. Este principio es por supuesto una gran mentira. Yo me tuve que ir a Holanda a trabajar porque en España apenas tenía oportunidades de hacerlo, no, desde luego, en unas condiciones mínimamente decentes. Como consecuencia de ello, tengo que coger vuelos a menudo para poder ver a mi familia. Yo no voy de vacaciones, no hago turismo, lo que hago es llevar a mi hijo de tour para que los abuelos y las primas puedan estar con él; qué menos puedo y debo ofrecerle; y yo, como cualquier padre, voy en el paquete, como van las toallitas del niño y cosas por el estilo. No es mi responsabilidad coger o no estos vuelos y cancelar o no las emisiones correspondientes. Si ello no es responsabilidad de la compañía (que no puede serlo, porque en su naturaleza está emitir X por persona y/o viaje), quizás lo sea de España por ser un estado liberal deficiente, o de Holanda por facilitar la compra de mano de obra intelectual extranjera barata, como estrategia económica, o de la UE, por promover las condiciones en que esta asimetría entre España y Holanda es posible, etc. etc. Es evidente que este tipo de problemas no se pueden corregir ya con un mero cambio en el sistema de precios. Tanto peor para el capitalismo y su justificabilidad.

En todo caso, nada que haya de atañer a una persona común. Si la persona común, como trabajador o consumidor o lo que sea, tiene que hacer un esfuerzo que corresponde al sistema pero que el sistema descarga en él, y si con ello se molesta además a la persona e incluso se le hace creer que es mala, entonces la persona, lo que tiene, es el deber de sabotear al sistema tanto como pueda, y ningún otro deber.


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