El gran degradador

El éxito del surrealismo, que esperaba la destrucción del orden social dominante, se vuelve contra sí mismo. La inacción de las masas dedicadas a esta destrucción, junto a las contradicciones de capitalismo avanzado, favorecen la aceptación de surrealismo y promueven múltiples repeticiones degradadas.
Internationale Situationniste #1

¿Qué queda hoy del détournement de los grupos estudiados?

El antiarte dadá y el arte surrealista se han convertido en su mayor pesadilla: arte burgués. Sus residuos materiales se han vaciado de cualquier contenido revolucionario y se subastan por millones, dando un triple gusto a la nueva burguesía: exhibición de la opulencia, postureo y trofeísmo. “El éxito del surrealismo le ha vuelto sobre sí mismo”, explica el primer número de la revista Internationale Situationniste. “Las empresas usan ahora la escritura automática con el nombre de brainstorming. Los empleados se sienten escuchados, y esta técnica se está convirtiendo en una vacuna contra el virus revolucionario”.58

Los situacionistas apenas dejaron artefactos materiales, de modo que casi no sufren esta situación. Pero sus métodos de guerrilla han sido degradados en marketing por las agencias de publicidad, adaptando sus técnicas y formas creativas para el beneficio de la plutocracia. Incluso el activismo político, claro heredero del situacionismo, ha sido absorbido por las agencias, que a menudo ofrecen campañas altruistas para ONGs o causas diversas con el objeto de ganar popularidad y acceder a mejores clientes. El caso más llamativo ocurrió en 2015, con la campaña Hologramas por la libertad que la agencia DDB ofreció a No somos delito, un colectivo que aglutina a diversos movimientos sociales que luchan contra la Ley Mordaza. La campaña, que consistía en una “manifestación” de hologramas frente al Congreso de los Diputados, fue la más galardonada de España, con 101 premios durante ese año. No hubo tal manifestación, sino que se trataba de un montaje de vídeo, una manifestación “espectacularizada”, pero que dio a sus creadores trabajo inmediato en Nueva York.59

El punk arrebató al establishment símbolos como God Save the Queen, y “pirateó” la señal de televisión llenándola de palabras malsonantes a la hora del té. Cuarenta años después, el establishment le ha arrebatado al punk God Save the Queen para mercadear con ella, y el producto premium de las cadenas de televisión es el insulto.60 Hoy la canción ocupa el puesto 175 en la lista de los 500 temas que definieron el rock según la revista Rolling Stone.61 La portada que las trabajadoras se negaron a imprimir y las revistas a publicar fue votada en 2001 como la mejor cubierta de un disco por el magazine musical Q.62 La noticia de que fue censurada por parte de la BBC aparece desde 2001 en la web de la propia cadena.63 Y 35 años después del concierto en el Támesis, los Sex Pistols interpretaron la canción ante Isabel II en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres. Esta vez no hubo persecución policial.

Degradando lo degradado. El capitalismo arrebata al punk el lema que este previamente había arrebatado al Estado.

Todas estas expresiones que un día fueron antisistema han acabado siendo adoptadas por la academia, el mercado o la sociedad. Sus creadores, que un día fueron censurados o murieron huyendo del poder, como le ocurrió a Walter Benjamin, hoy son reivindicados y hasta aparecen en sellos y estatuas. Todo se ha convertido en un fetiche, en Grasa para intelectuales, como quienes escribimos y leemos panfletos como este.

No diremos nada nuevo al afirmar que el capitalismo es la máxima expresión del détournement. Pero no deja de ser interesante ver cómo es capaz de asumir los mensajes de los movimientos analizados, precisamente a través de un proceso de degradación. Los situacionistas se oponían a la censura, poniendo el ejemplo de Birth of a Nation de D. W. Griffith, una película abiertamente racista: decían que, antes que prohibirla, es mejor ponerle una banda sonora que hiciera una denuncia de los horrores de la guerra imperialista.64 El capitalismo megustea esto: no censura, porque todo lo sabe aprovechar.

Efectivamente, el capitalismo y su lacayo el espectáculo son la pareja de oro. Siempre ganan, porque su cuerpo flexible y sin ideología absorbe todo símbolo para sí, por muy revolucionario que este haya sido, y lo transforma en un producto kitsch con el que mercadear.

Este proceso puede resultar positivo desde el punto de vista progresista. Mediante este détournement total, el capitalismo hace que el Pueblo, en su lento y pesado caminar, adquiera por fin las ideas de las que antes renegaba, volviendo a Breton quejoso porque ya no se lo puede pasar bien escandalizando a viejas: él se ha convertido en una. De este modo consigue acabar de forma efectiva con formas primitivas de dominación y estulticia popular. Pensemos en el ejemplo de los clubes de televisión que Franco impulsó por la España rural de finales de los 50. Con una programación inicial compuesta por documentales de santos, misas diarias y programas sobre la Falange, al gobierno le pareció una estupenda herramienta de cohesión social. Pero el ideario franquista ya había quedado obsoleto para entonces, y la verdadera estandarización le adelantó por la izquierda: pronto la programación incluyó películas estadounidenses de moral disoluta para los estándares del régimen, y con ellas el campesinado español pudo relajar las rígidas costumbres tradicionalcatólicas. Aunque, eso sí, cayó en otra mucho más sutil: la Grasa capitalista, que ha hecho a muchas personas sentirse rebeldes adoptando una cultura imperialista, y gracias a la cual hoy usted viste con vaqueros, lleva tatuajes pin-up y escucha música rock en lugar de pasodobles.

En definitiva, el arte del pasado, asimilado por la plutocracia capitalista, se vuelve siempre una herramienta para seguir justificando el viejo dominio social. Como sostiene John Berger, “la autoridad única e intacta del arte justifica muchas otras formas de autoridad, hace que la desigualdad parezca noble y las jerarquías conmovedoras”.65 Pero es un poder que ya integra esas ideas novedosas en su seno, como Napoleón abanderaba la Ilustración a pesar de haberla traicionado.

Frente a ello, un arte más descentralizado, que cualquiera pueda crear, en definitiva, que haga al público actor, como demandaba Debord, podría reemplazar esta función de llevar el progreso a las masas que hasta ahora abanderaba el capitalismo. Y he aquí que llega internet para dar poder al Pueblo.

Notas

58 Internationale Situationniste #1 (1958) La amarga victoria del surrealismo.
59 El Publicista (2015) ‘Hologramas por la libertad’ cierra el año con 101 premios (11 diciembre).
60 Migelez, X. (2016) ‘Sálvame Deluxe’, líder absoluto con el regreso de Jorge Javier Vázquez. En Vanitais (10 septiembre). Comparar con E.F. (2016) Sálvame, el programa peor valorado. En El Mundo (1 marzo).
61 Rolling Stone (2011) Las 500 mejores canciones de la historia (7 abril).
62 O’Connor, M. (2001) Las 100 mejores portadas de discos. En Entertainment Weekly (19 marzo).
63 BBC (2001) Los Sex Pistols tocarían un concierto por el Jubileo (19 diciembre).
64 Debord, G. y Wolman, G.J. (1956) Métodos de détournement.
65 Berger, J. (1972) Modos de ver.

Este artículo es parte de nuestro libro Post-arte: La obra de arte en la era de la comunicación digital. Consiga aquí su copia
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