El virus retórico

Los virus nunca vienen solos, necesitan de la preexistencia de un huésped. La ironía es un virus retórico: también necesita la preexistencia de un huésped, en este caso ideológico. Llevamos años usando con placer el virus retórico, pero ahora, como tantas otras cosas, ha quedado en cuarentena ante la necesidad imperiosa de convivir con el virus biológico.

El virus retórico nos permite tomar perspectiva. Desde lejos cualquier revés al ser humano es positivo, es un respiro para el planeta y el resto de seres que lo habitan. Efectivamente, hemos crecido por encima de nuestras posibilidades: demasiados millones, demasiados cacharritos, demasiada prepotencia. Somos una plaga y la naturaleza no tolera las plagas mucho tiempo: ante una sobrepoblación de individuos de la misma especie una enfermedad contagiosa es perfecta para reestablecer el equilibrio natural. De ahí la importancia de la biodiversidad: cuantas más especies distintas hay en un mismo ecosistema más resiliente se vuelve este, al ser más dificil que un virus se multiplique entre individuos de distintas especies. Y el ser humano ha estado durante años cargándose la biodiverdidad para concentrar poblaciones de unas pocas especies: la nuestra y las que nos comemos.

Día 12 de cuarentena. En la calle, los carteles publicitarios de gente guapa que apela a nuestro deseo sexual para vendernos colonias y relojes se pudren poco a poco delante de nadie, como en el mejor escenario apocalíptico. Nos llegan correos de multinacionales que cesan su actividad en un sabbat forzoso que pausará su explotación medioambiental y humana durante unos días. En el otro lado, los medios de comunicación siguen parasitando al Pueblo y sus miedos, ahora encarnados en el propio coronavirus. Tocan la campana del peligro para atraer a las masas, y aprovechan para advertir las propiedades mágicas de este automóvil y este producto alimenticio, aumentando su compra y su valor de cambio. No nos advierten que esas compras requieren explotación de materias primas, esta a su vez pérdida de biodiversidad, etc. porque el consumismo es “la máscara de la peor represión nunca ejercida por el poder sobre las masas de ciudadanos” (Pasolini 1975) y la televisión no está aquí para decirte esas cosas.

Van pasando los días y nos damos cuenta de ninguna perspectiva de futuro merece un emoji sonriente.

Decir todo esto nos satisface intelectualmente, pero no nos puede hacer olvidar el drama humano. Por delante se desdibujan los meses. Enrique Rey comparaba esta situación con un pequeño barco que navega en una intensa bruma. Estamos tanteando las tinieblas y somos tripulantes involuntarios de nuestras casas, dice, nos enfrentamos casi a ciegas a un peligro fantasmal que puede aparecer en cualquier momento. No sabemos cuándo arribaremos a puerto, ni si cuando lo hagamos el Pueblo se lanzará en masa a por más Grasa o si habrá aprendido “las diez cosas que nos está enseñando el coronavirus” que tantos artículos postulan. Ninguna perspectiva de futuro merece un emoji sonriente, me atrevo a decir.

Nuestra previsión para el día 1 tras la cuarentena.

Hasta entonces navegamos en lo incierto. Contra la incertidumbre no hay virus retórico que valga: cae al agua como un peso muerto. No hay lugar para la ironía en la situación en la que nos encontramos porque, literalmente, no hay lugares, es un terreno nuevo. Podemos ironizar sobre las respuestas de otras personas a esa incertidumbre: los aplausos, los himnos de España, las denuncias vecinales. Pero no son más que reacciones ante el miedo, al igual que lo puede ser ironizar sobre ellas.

Contra la incertidumbre queda volver a la posironía, cuidarnos mutuamente. Pero no nos vamos a sumar a los aplausos de las 20.00h, no vamos a ser la Cifuentes diciendo que España es una gran nación porque mira la gente que trabaja, no vamos a andar criticando la terminología de guerra contra el virus ni que el ejército salga a la calle. Somos demasiado altivas para transitar públicamente por el camino del Pueblo. Ha llegado el momento de estar a otra, pero no sabemos a qué. Nuestra única especialidad, revelar las contradicciones de ideologías, dogmas, sentido común y terrenos dados por sentados, queda sobradamente copada por la situación, que revienta, o reventará, cualquier posición vital. La nuestra misma: llevamos años hablando de colapso y de la pesadez de los gerontócratas (ahora mejor llamados boomers), y de repente nuestra imaginación se ha convertido en un mal sueño. El virus biológico ha dejado sin trabajo nuestro virus retórico.

¿Qué hacer ahora?

¡Habla, Pueblo, habla!

2 ideas sobre “El virus retórico”

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