Elogio de España

Hacia el año de 1250, un monje del Monasterio de San Pedro de Arlanza decidió escribir en cuadernavía un extenso poema narrando las gestas de Fernán González, el conde de Castilla y de Álava que luchó valientemente contra las tropas de Abderramán III. Tal monje se había formado muy bien en la biblioteca de su monasterio, había leído a Virgilio, a Ovidio, a Aristóteles y otros tantos sabios de la Antigüedad. Eso se nota, porque el Poema de Fernán González tiene una estructura que va desde lo general (la creación del mundo) hasta lo particular (las aventuras del conde castellano). Y lo curioso es que justo en medio, como una bisagra, el monje planta un Elogio a España digno de tener en cuenta en esta época en la que todos andamos tan alborotados con nuestra bandera, nuestro himno y nuestro país, como ya se demostró en nuestra participación en la huelga feminista del 8M. Ahora, por tanto es el momento, de recordar a los viejos maestros para que puedan ayudarnos en el conflicto que tenemos los españoles con España.

Este podría haber sido el monje autor del gran Elogio de España

¿Puede haber mejor exordio que ir directo al grano? Como buen patriota y vecino, el gran monje medieval comienza advirtiéndonos que la tierra donde moramos es la mejor del mundo. Es algo parecido a lo que nos sucede cada martes en los garbeos ultrarracionales, donde los vecinos nos cuentan las maravillas de su barrio (pero no de España).

Por esso vos lo digo que bien lo entendades:
mejor es que otras tierras en la que vos morades,
de todo es bien complida en la que vos estades,
dezir vos e agora cuantas ha de bondades.

Enseguida el poeta comienza a describrir las razones por la que nuestro país es el mejor. Dedica una estrofa entera a nuestro clima, envidiado ahora y siempre por los extranjeros. Aquí en verdad se crece un poco al decir que es una tierra templada, sin grandes calenturas ni fríos. Podríamos creer que es un ingenuo que no conoce el sofocante verano de Madrid o el cierzo de Zaragoza o que en la Edad Media no había mal tiempo. No obstante, en realidad, si dice que España es templada, es porque la templanza era una de las mayores virtudes en aquella época o al menos eso predicaban los monjes que leían a Aristóteles.

Tierra es muy tenprada, sin grandes calenturas,
non fazen en invierno destenpradas friuras;
non es tierra en el mundo que aya tales pasturas,
árboles pora fruta siquier de mil naturas.

Ahora viene la mejor parte. Como no podía ser de otra manera, el poeta alaba por encima de todas las cosas nuestra gastronomía. Lo hace de una forma sutil, que por eso es cura. En vez de ponerse a hablar de torreznos, quesos y chuletones, elogia directamente a los animales. Luego cada uno es libre de elegir el trozo que quiere comerse.

Sobre todas las tierras mejor es la montaña,
de vacas e de ovejas non ha tierra tamaña,
tantos ha y de puercos que es fiera fazaña,
sírvense muchas tierras de las cosas d’España.

En la siguiente estrofa intenta desviar el tema hacia cosas que no se comen pero parece que se quedó salivando y por eso acaba volviendo de nuevo a la gastronomía. Por supuesto, reconoce que nuestra dieta Mediterránea es mucho mejor que la de los ingleses o los franceses. Ya les gustaría a ellos freír los alimentos con aceite de oliva en vez de manetequilla. ¡Eso sí que es patriotismo!

Es de lino e de lana tierra mucho abastada,
de cera sobre todas buena tierra provada,
non sería d’azeite en mundo tal fallada,
Inglatierra nin Francia d’esto es abondada.

Y el monje sigue haciéndonos la boca agua, durante dos estrofas más, hablando de la caza, los venados, los pescados de río y de mar, tanto frescos como en salazón, el pan, el agua, la sal y por supuesto el vino. ¡Cómo iba a faltar el vino! Parece que desde la Edad Media, España ha sido un pueblo lleno de alegría gracias a los licores de Baco.

Buena tierra de caça e buena de venados,
de río e de mar muchos buenos pescados,
quien los quiere rezientes, quien los quiere salados,
son d’estas cosas tales pueblos muy abastados.

De panes e de vinos tierra muy comunal,
non fallaríen en mundo otra mejor nin tal,
muchas de buenas fuentes, mucho río cabdal,
otras muchas mineras de que fazen la sal.

Bueno, pues después de todo este halago a nuestro buen clima y nuestro buen beber y comer, el poeta concluye afirmando que gracias a estas virtudes propias de España los españoles somos los mejores del mundo. Somos sesudos, mesurados, inteligentes, todo ello no gracias a nuestros propios méritos sino gracias al país en el que hemos nacido.

Como ella es mejor de las sus vezindades,
assí sodes mejores los que España morades,
omnes sodes sesudos, mesura heredades,
d’esto por todo el mundo muy grand precio ganades.

En definitiva, viva España ahora y siempre.


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