España, castillo del INEM


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Obra dinámica para 6 desempleados

Personajes:
Colossus Trabajornadensis
Narrador
4 Castellers

ESCENA 1

En un ángulo, NARRADOR de pie, mientras en el centro del escenario, CUATRO CASTELLERS abrazados entre ellos en círculo protegen e impiden ver al COLOSSUS TRABAJORNADENSIS, en medio del círculo, sentado a la mesa de oficinista.

NARRADOR: Gracias al incremento del número de parados registrados en las oficinas del INEM en lo que va de año, el edificio de la sede central del Instituto Nacional de Empleo se ha convertido en el más alto del país. ¿Es esto posible? Pues sí, como todo español sabe nos encanta hacer fila, ya sea recta, en eses serpenteantes o por número como en la pollería… cheap nfl jerseys Pero lo que más nos gusta es innovar, así que pensando un poco hemos creado el no va más en cuanto a filas Ma?lar? de diseño, el castell o castillo humano. ¿Por qué perder el tiempo mirando cientos de currículos en una pantalla cuando puedes tener a los sujetos ahí, al alcance de la mano? Ahora la selección de perfiles es mucho más precisa y sencilla. Sólo hay que extraer al individuo de este castillo conformado por miles de toneladas de músculo patrio, de un total de 4.833.521 millones de personas desempleadas. ¿Y quién ejerce tal labor? Sin duda dentro del castillo se refugia el último empleado honrado de España, una especie en vías de extinción, un ser huidizo y poco comunicativo, un funcionario a la espera de excedencia, un hombre en cuya mano se encuentra la oportunidad que todos los castellers esperan volver a tener, y sólo este hombre sentado en su escritorio puede volver a dar, es el Colossus Trabajornadensis.

Los CUATRO CASTELLERS se agachan dejando ver al COLOSSUS TRABAJORNADENSIS sentado en su escritorio. Él cierra varios periódicos abiertos, quita los pies sobre la mesa, se incorpora sobre la silla y pega un gran bostezo mientras estira los brazos. Se incorpora.

CT: ¡Oh, destino! ¿Por qué entre semana haces los periódicos tan finos? Apenas son las once y ya he leído hasta los deportes. ¿Acaso ayer sólo La pasó esto? ¿Qué país es este en el que me encuentro que despacha el boletín wholesale nfl jerseys en apenas treinta páginas de folletín? ¿No cerró ninguna empresa? ¿No hubo despidos? Y esto se llama prensa seria, yo desde luego no estoy serio, estoy irritado, enfadado y hasta dolido. ¿Y los muertos? Porque en España ayer alguien más tuvo que fallecer, no sólo los protagonistas de esas quince esquelas tan secas. Ni de los ibéricos muertos te puedes fiar, desaparecen del papel como si no fueran verdad. Entonces, cómo fiarse de los vivos, de los que nutren el tejido social. Si no son más que maleantes, vagos e hijos de papá. Ellos quieren mi ternera, mi músculo, mi sudor, pero no les daré el gusto, conmigo no podrán. Yo he nacido para esta mesa, para esta silla, no para trabajar. ¡Oh, destino! ¿Por qué entre semana haces los periódicos tan finos? Dime, ¿en qué yo te he ofendido? Renegué de la tecnología binaria para mantener la tradición de este ministerio con orgullo y devoción como me enseñó mi maestro. Aún recuerdo al gran Mendoza: “Y este es tu escritorio. Recuerda que a las diez el departamento entero se baja a tomar café”. Parece que fue ayer, pero han pasado veinte años. Creo que no soy el mismo, creo que tengo algo que hacer… Ya sé, leeré la prensa al revés.

ESCENA 2

CT se sienta sobre el lomo de CASTELLER 1 agachado, a cuatro patas en círculo. Coge su mano con desdén y lee la palma:

CT: 30 años. Ingeniero industrial en la empresa bla-bla-bla tres años. Director de proyectos aeronáuticos en la empresa ta-ta-ta cuatro años. Inglés y alemán. Qué inutilidad, ¿crees que estas credenciales te llevarán a un empleo? ¿De veras consideras que te dirigen a buen puerto? Sigue soñando. No leo recomendación alguna de distinguido padrino. Estás solo en este mundo que es lo mismo que no estar. Tu capacidad la valoro según lo que digan los demás. Y no leo que alguien importante o de enjundia considerable te avale. Sí, dos empresarios tecnológicos de tres al cuarto te cantan bondades, pero ellos no tapean en el Lhardy. Vas a desaparecer. Te lo digo con cariño. Te lo repito con amor: Querido, tu destino está escrito en tu currículo. Aprende a servir café y a descorchar el vino. Recuerda las comandas y sonreir cuando un cliente te abochorne con palabras. No sirves para nada más. Eres un español por encima de nuestras posibilidades. Este es un país de sol y algarabía. No uno gris con trabajos hasta el mediodía. Aguanta estoico, ingeniero, hacen falta pinches y freganchines en restauración y hostelería. Seguro que eres capaz de distribuir la mercancía con orden en las estanterías. Todo a su tiempo. No te embales. Unos años en las letrinas hundirán tu mirada orgullosa y te harán dócil hacia el mandamás. Dices que sabes sumar. Nadie más lo afirma pero puede ser verdad. Hoy ya es tarde. No corres prisa. Aquí no dice que tengas ninguna familia. Vives solo. Claro, tú no eres de formar jaurías. Pues que sepas que por esta afrenta a la españolidad eres el último de mi lista. Nada hay más triste que un español sin obligaciones ni meninas que alimentar. ¡Estás descartado! Tenía un puesto en un tinte del alemán pero te viene grande. Aún estás viviendo la vida. Disfruta, pequeño adalid del cálculo, esta no es tu oficina. Vete ya, mentecato. No malogres mi mañana. Hace poco que almorcé y ya padezco una náusea. Eres tú y tu formación el agravante. Mi malestar tiene tu nombre y apellidos. Aléjate de este ministerio. Ensucias el espíritu del gran Mendoza, que en gloria esté, y mi propia carne con tu presencia altanera. Vete ya, no quiero sentirte respirar.

CT se ha levantado y le señala con el brazo erguido, muy digno, la salida. CASTELLER 1 se arrastra reptando y sale por el foro.

NARRADOR: Así el funcionario Colossus Trabajornadensis finiquita otro día de excepcional y denodado esfuerzo. Entregándose altruista a los demás, facilita la vida de los españoles desde la función pública para la que fue designado por el dedo de Mendoza.

ESCENA 3

CASTELLER 2 en el proscenio. CASTELLERS 3 y 4 cada uno en un lateral del escenario, pero en un segundo plano. Los tres parecen apesadumbrados.

C3: No entiendo qué sucede. De los cuatro, el número 1 era el mejor preparado.

C4: No nos precipitemos en nuestras conclusiones. Puede que le haya encontrado un trabajo adecuado.

C2: Algo descuadra cualquier análisis. Desde que el número 1 acudió a su despacho, no hemos sabido nada de Colossus.

C3: ¿Y?

C2: Él no es un hombre que guste del anonimato. Algo debe estar tramando cuando está tan callado. Sin duda estará maquinando, desbrozando su entrecejo en busca de método.

C4: No parece un hombre metódico. Antes al contrario, parece un tunante.

C2: Estando aquí cheap mlb jerseys encerrados al pie de la escalera condicionamos su quehacer. Por ejemplo, se muestra incómodo cuando baja a tomar café y regresa tras comer. Creo que nos quiere despejar de la ecuación ministerial.

C4: ¿Tú también crees en confabulaciones? Yo confío en la bondad del ser humano, aunque éste sea torpe, rudo y bravucón. Estoy convencida que busca nuestra salida del edificio, sí, pero hacia un empleo digno.

C3: ¡Ja, ja, ja! Yo también prefiero creer en confabulaciones antes que en milagros. Despierta de tu letargo, querida. Nada hay más triste que una mujer soñadora sin barro en los pies.

C4: Al menos yo me lavo. No como tú que hueles a marrano.

C3: ¡Te vas a enterar!

C3 hace ademán de ir a por ella, pero un gesto con la mano levantada de C2 lo frena.

C2: ¡Alto! No es momento para desmadejarnos. Hemos de conservarnos intactos hasta averiguar el motor de este cambio. No malgastéis energías en un intercambio. Todo lo que sabemos es que estamos encerrados a cal y canto.

C4: Desde hace más de una semana vengo soportando el hedor de este marrano.

C3: ¡Ya no aguanto más! Te juro que te voy a desangrar. C2: ¡Parad, he dicho! Claro, Colossus es muy hábil. Ahora caigo, ¡ja! Cómo no lo había pensado antes. Esto es precisamente lo que pretendía.

C4: ¿Que el número 3 oliese mal?

C2: Enemistarnos, enfrentarnos y consecuentemente, eliminarnos. Cuanto menos, uno, y si es posible, a todos. Eres listo, Colossus, allá donde estés. No lo niego. Pero nosotros conocemos ahora tus tretas y te hará falta algo más que encarcelarnos para conseguir doblegarnos. Quizá no seamos de alta cuna. Aún así nuestro espíritu sobrevuela el Annapurna. ¡¿Puedes oírme, Colossus?!

ESCENA 4

La puerta de la celda se abre emitiendo un gran y pesado chirrido.

C2: ¿Lo oyes?

C3: No.

C2: Algo cambia.

C3: Todo ha terminado.

C2: Aún se mueve.

C4: Nada serio, un segundo apenas.

C2: Parecía más. ¿Estás segura?

C4: Sí, yo fui un minuto en una sustitución por maternidad. El ruido de la puerta cesa.

CT (off): Casteller 2, salga de la celda. Tengo que consultarle.

C2 da un paso al frente al tiempo que las luces del resto del escenario se apagan.

C2: Usted dirá.

CT (off): ¿Le gusta pensar?

C2: Me creo capacitado para cualquier puesto de responsabilidad si es eso a lo que se refiere.

CT (off): Aquí no tenemos gulag ni cámara de gas. Como ve, somos civilizados. Acérquese.

C2: Perdone, no puedo ver. ¿Dónde está usted?

CT (off): ¿Cree que puede volar más alto que el espíritu del gran Mendoza?

C2: ¿Quién? Disculpe, no entiendo.

CT: Usted es cheap nfl jerseys el típico ibérico revolucionario y alborotador. No me hace falta leer su mano. Le he calado. Usted es un ufano y petulante de pelos largos. Siéntese. Un asiento con un poste a modo de respaldo (garrote vil) se ilumina en una esquina.

C2: Estoy bien de pie, agradecido quedo.

CT: No sea tímido, ande. Sobre el asiento encontrará su nuevo contrato laboral. Sólo ha de rubricar.

C2 se apresura y sentándose de rodillas en el suelo empieza a firmar todas las hojas. Al tiempo, C3 y C4 le apresan y lo sientan ciñéndole el collar de hierro.

C2: ¿Qué hacéis, insensatos?

CT: Qué poco dura la felicidad del necio. Apenas un suspiro.

C3 Y C4 (a coro): ¡Empleo nos ha prometido! ¡Uno solo trabajará! ¡Entre dos es más sencillo barajar el futuro que si somos tres que además de impar remite a la Trinidad!

C2: ¡Os está engañando! ¿Es que no lo veis?

CT: Apretad, mis queridos Castellers, veamos si su espíritu en verdad vuela.

C3 y C4 giran el manubrio mientras CASTELLER 2 se ahoga.

NARRADOR: Apenas un segundo.

ESCENA 5

En un ángulo, NARRADOR de pie, mientras en el centro del escenario y de perfil, DOS CASTELLERS están abrazados.

NARRADOR: El proceso de selección llegaba a su fin. Colossus Trabajornadensis había depurado los expedientes hasta la decantación pura. De los dos Castellers saldría el This candidato óptimo que ocuparía la silla del gran Mendoza.

CT entra en escena lanzando páginas de periódico al aire. Da vueltas alrededor de los CASTELLERS.

C3: Quedamos tú y yo.

C4: Somos dos pero nunca fuimos tú y yo. Ni lo seremos.

C3: No hablo contigo. Es a Colossus a quien me dirijo. A él declamo.

C4: wholesale nfl jerseys Hablo con una sombra. Tu nombre está escrito en ceniza. Adiós, candidato.

C3: Estas son las últimas palabras que oirás de mí. Adiós, candidata. CT intercede entre ellos y los separa.

CT: Cundo en desánimo al iniciar la mañana y comprobar con horror que en este santo Ministerio huele a carne no funcionarial. Dudo que alguno de vosotros esté capacitado y aún así a uno he de escoger. Aquél capaz de responder el acertijo será el elegido… ¡Vamos, responded, insensatos!

C3: Nada he oído que sugiera un acertijo. Todo está escrito.

C4: Sólo el respirar supone un misterio. La muerte se balancea sobre nuestras narices.

CT: Sois precarios, ni siquiera becarios. Filósofos de menú diario de barrio proletario. Estulticia prensada en palabras me lanzáis, pero aún así a uno he de elegir. Somos una casta. La burocracia puede cambiar de traje, pero nunca de apellidos. ¡El que sea hijo de Mendoza que dé un paso al frente!

Las luces del escenario se apagan. Se oye un disparo de revólver y un cuerpo que cae.

FIN


Acerca de Rasomon

Antes de nacer incluso ya se predijo, con acierto, que Rasomon moriría algún día. Por fortuna para el género humano hace más de dos tardes que el susodicho toma té de vainilla los días pares de meses alternos. Su modo de preparación es el secreto que mantiene ocupado a los cabalistas desde hace un cuarto de hora aproximadamente. Cada fotograma mantiene intacto su sabor ancestral gracias al hervido de película a la manera tirolesa. La razón por la que Rasomon hiberna tras cada telediario habría que buscarla en el baño, pero cualquiera se adentra tras el positivado del papel higiénico. Lo único cierto a estas alturas es que allí abajo hay algo y si no pregunten en la sección de conservas de su dentista más lejano. Él no sabrá nada de Rasomon pero el aire tampoco tiene hebras desde el siglo III y nadie se queja.

¡Habla, Pueblo, habla!