FE EN EL ÁTOMO


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Masticas sustancias plásticas

Bajo la piel del asfalto

Y todo te sabe a poco.

Tiras los dados desde la cornisa

De un rascacielos,

Cargados los ojos de serpiente,

Y no te importa ganar o perder.

Escupes llamas contra el muro

Del eterno retorno

Sentada en un caballito del carrusel.

 

Eres el cuarto reino, el cuarto poder,

El cuarto de estar del sueño,

La última quimera, la única

Que merece la pena creer.

 

Meces mi razón errante

Al humo de la lámpara solar.

A sorbos melódicos y constantes,

Deambulas sin dejar huella

Bajo las alas del atardecer

Invisible. Etérea

Mezclas hecho con misterio,

Preámbulo con espacio seco.

Silbas poderosa la lectura

Desgarrada de la noche.

 

Eres el cuarto reino, el cuarto poder,

El cuarto de estar del sueño,

La última quimera, la única

Que merece la pena creer.

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Acerca de Rasomon

Antes de nacer incluso ya se predijo, con acierto, que Rasomon moriría algún día. Por fortuna para el género humano hace más de dos tardes que el susodicho toma té de vainilla los días pares de meses alternos. Su modo de preparación es el secreto que mantiene ocupado a los cabalistas desde hace un cuarto de hora aproximadamente. Cada fotograma mantiene intacto su sabor ancestral gracias al hervido de película a la manera tirolesa. La razón por la que Rasomon hiberna tras cada telediario habría que buscarla en el baño, pero cualquiera se adentra tras el positivado del papel higiénico. Lo único cierto a estas alturas es que allí abajo hay algo y si no pregunten en la sección de conservas de su dentista más lejano. Él no sabrá nada de Rasomon pero el aire tampoco tiene hebras desde el siglo III y nadie se queja.

¡Habla, Pueblo, habla!