Fenomenología del Iphone

Llevo 3 meses con un Iphone. Es un objeto interesante desde un punto de vista fenomenológico. Me encuentro en un mundo, con mi cuerpo como «centrum» de un espacio que se me presenta como euclideo, en el cual experimento el paso del tiempo e intuyo que subsiste un «yo» que es el mismo a través de la duración, no solamente mediante la rememoración sino mediante una especie de instinto más primario. En este mundo del cual soy el centro observo que hay objetos, algunos de los cuales son otros humanos, a los cuales atribuyo un yo, unos ojos que ven, un sentimiento que sabe situar su izquierda y su derecha, unas emociones, unas intenciones, unas percepciones, &c. Luego hay otro tipo de objetos sin alma, que están junto a mi y con los cuales interactuó más o menos a menudo. Algunos son inertes y algunos requieren capacidades por mi parte, casi todos requieren de mi algo. Pero este Iphone es un objeto angustiante, es un objeto con la posibilidad de «portar un alma» potencialmente, no es del todo un objeto como otro cualquiera, la nevera o la lámpara, por ejemplo. Es un objeto que me reclama a cada momento, cuya presencia es absolutamente imponente. Para empezar siempre tengo la opción de contactar con alguien, o de que alguien me contacte a mi. Si no contacto a alguien, pudiendo hacerlo, puede pasar que los otros interpreten este no-contactar como falta de interés. Al revés, espero una llamada, o algo que me ilusione, pero no lo recibo, a veces ese alguien tiene nombre y rostro, pero otras veces es una espera mucho más abstracta. Uno no está solo con este dispositivo, a pesar de ser tan solo eso, un dispositivo; esta falta de soledad es acompañada de sensaciones nada neutrales: esperanza, angustia, inquietud, espera, etc. Cuando me llaman muevo mi cuerpo, aunque no me vea nadie, como queriendo compensar la falta de ese cuerpo euclideo que tendría ante mi, otras veces camino por la casa, otras veces garabateo un papel o scrolleo. Es como si no terminaras de estar con el otro. En suma, este objeto lo cambia todo: falta de soledad, pero también falta de compañía completa; es vivir mutilado, porque vivir con los otros es vivir con el cuerpo de los otros, de ahí que la vida bajo el confinamiento sea una vida que a la larga no merecería la pena de ser vivida. De nuevo, un objeto nada neutral, es un objeto que transforma el vivir de una manera muy profunda y experimento el Iphone como una pérdida, como una pérdida de un cierto tipo de soledad despreocupada. Con este objeto se introduce todo un sistema de clasificación de los conocidos, están los grupos, los amigos, los compañeros de trabajo, los familiares, y toda mi relación con ellos consiste en un empeño «managerial»: trato de mantenerlos a todos «actualizados», de no pasar mucho tiempo sin contactar con ellos, para que sepan que no me olvido de ellos (¿realmente pensarían que me olvido de ellos si no tuviera un móvil, si nadie tuviese móviles?). Pero en verdad no me apetece nada llamarles muchas veces, porque por teléfono nada es importante. Por el contrario, a veces estoy desesperado por el contacto humano y llamo y wassapeo a la gente, ¿pero para qué? Es como tomarse un chicle de nicotina cuando lo que te apetece es fumarte un cigarro, en el fondo estoy solo en mi casa. Es una compensación, y por lo tanto el teléfono permite solamente una sociabilidad degradada, y como he dicho antes, un «habitar el hogar» degradado. ¿Es necesario? Bueno, sí, no lo ha sido durante siglos, pero ahora sí es necesario. Esa es la cuestión tecnológica: la tecnología se impone, y la gente tiene que vivir con esa imposición, con sus pros y sus contras. Aquí es donde entra la filosofía: piensa en ello, piensa en este objeto que se ha instalado en tu vida, y al cual no le has dedicado más que cuatro reflexiones cuñadas como «joder putos grupos de wassap». Y con esto termina mi reflexión. Mañana más, hare una seguramente sobre la importancia del bidé o algo así, en plan heideggeriano, ya verás que lectura deliciosa.

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