Haced que la audiencia se sienta cómoda


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Una cosa que sorprende todavía en nuestra generación es la impresionante transformación que ha tenido lugar en el lenguaje usado en público por locutores, comentaristas deportivos, políticos, etcétera durante los últimos 20 ó 30 años. Hace un par de décadas todo el mundo hablaba de usted al televidente. En tiempos recientes, en cambio, todos tutean, desde los comentaristas del fútbol hasta Alfredo Pérez Rubalcaba en los debates contra Rajoy. Por cierto, es preciso decir que Rajoy sí habla de usted, que es como hay que hablarle a los católicos octogenarios de pueblo y a la gente que se cree importante, “de postín”, que son básicamente quienes votan a Rajoy.

Está claro que la tendencia hacia tomarse cada día más confianzas con la audiencia es imparable: mañana o pasado mañana, para que la audiencia se sienta cómoda, un dispositivo deberá rozarle los genitales o meterle un dedo en el culo a cada cual, y justo como si lo hiciese el propio Rubalcaba. Sensu stricto, hay tecnología para ingeniar esto. Pero hay que explotar la metáfora y preguntarse si la comunicación y la propaganda no han degenerado ya, de hecho, a un constante e insidioso meter-el-dedo-en-el-culo, con manifestaciones más o menos claras de esta imagen. Incluso el futuro de la Modernidad y del sujeto no podía ser otro.

Sin embargo, todavía hay Gente Mui Seria que nos dice que los seres humanos son fines en sí mismos, y estos sacristanes se sienten nerviosos y hasta violentos cuando alguien duda de este Sagrado Principio. ¿Cuántas piscinas de bolas llenas de electroshocks y titilaciones en real time necesitamos para que los biempensantes dejen de verter su incienso a troche y moche?

(Por su parte, Homo Velamine no duda en este punto, y sigue tratando al despreciable Público con el debido respeto, siempre de usted.)


Acerca de James Doppelgänger

Generado a partir de un único bit y progresivamente complicado en sucesivas transformaciones (un diluvio y dos glaciaciones, una descarga masiva de ficheros, un encuentro con la Blanca Paloma, algunos trabajos de oficina e innumerables tardes de Champions), James Doppelgänger tiene cinco perfiles LinkedIn, cuatro perfiles Facebook, diez grupos WhatsApp y ha seguido la polémica del secretario papal por Twitter. Sabe cantar gol y es flexible, dinámico, entrepeneur, interdisciplinar y proactivo. Ama el trabajo colaborativo y programa en 115 lenguajes privados, muy a pesar del señor Wittgenstein. Cree en la individuación por tartazos de merengue y en los muslos de pavo siempre infinitos, siempre danzantes, a nuestra disposición. Jamás mata a las cucarachas, pues ellas son el germen de la más perfecta civilización, nuestras sucesoras.

¡Habla, Pueblo, habla!