Haced que la audiencia se sienta cómoda

 

Una cosa que sorprende todavía en nuestra generación es la impresionante transformación que ha tenido lugar en el lenguaje usado en público por locutores, comentaristas deportivos, políticos, etcétera durante los últimos 20 ó 30 años. Hace un par de décadas todo el mundo hablaba de usted al televidente. En tiempos recientes, en cambio, todos tutean, desde los comentaristas del fútbol hasta Alfredo Pérez Rubalcaba en los debates contra Rajoy. Por cierto, es preciso decir que Rajoy sí habla de usted, que es como hay que hablarle a los católicos octogenarios de pueblo y a la gente que se cree importante, “de postín”, que son básicamente quienes votan a Rajoy.

Está claro que la tendencia hacia tomarse cada día más confianzas con la audiencia es imparable: mañana o pasado mañana, para que la audiencia se sienta cómoda, un dispositivo deberá rozarle los genitales o meterle un dedo en el culo a cada cual, y justo como si lo hiciese el propio Rubalcaba. Sensu stricto, hay tecnología para ingeniar esto. Pero hay que explotar la metáfora y preguntarse si la comunicación y la propaganda no han degenerado ya, de hecho, a un constante e insidioso meter-el-dedo-en-el-culo, con manifestaciones más o menos claras de esta imagen. Incluso el futuro de la Modernidad y del sujeto no podía ser otro.

Sin embargo, todavía hay Gente Mui Seria que nos dice que los seres humanos son fines en sí mismos, y estos sacristanes se sienten nerviosos y hasta violentos cuando alguien duda de este Sagrado Principio. ¿Cuántas piscinas de bolas llenas de electroshocks y titilaciones en real time necesitamos para que los biempensantes dejen de verter su incienso a troche y moche?

(Por su parte, Homo Velamine no duda en este punto, y sigue tratando al despreciable Público con el debido respeto, siempre de usted.)

¡Habla, Pueblo, habla!