Íñigo Errejón o la sublimación del Pueblo


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El otro día una persona me sugirió cuál es la explicación adecuada de la historia del dichoso monolito en “2001: Odisea en el espacio”. Al parecer, se trata de una parábola nietzscheana donde los extraterrestres que colocan el monolito lo hacen para mostrar a los humanos el camino de la evolución y permitirles así autosuperarse hasta que se convierten en entidades con una conciencia superior adquirida a través de las más variopintas y complejas experiencias.

Si os digo la verdad, esta interpretación de 2001 a mí no me parece nietzscheana. Me parece más bien un clásico ejemplo de “historiografía whig” o victoriana donde existe un relato lineal del progreso, y además una especie de receta para lograrlo, receta que los extraterrestres nos darían a nosotros como los países ricos reparten recetas de desarrollo a los del tercer mundo.

Una película verdaderamente nietzcheana de cabo a rabo es “Conan el Bárbaro”, de John Milius. Y lo es tanto explícitamente, por incluir en los títulos de crédito una frase de Nietzsche (“Lo que no me mata me hace más fuerte”), como implícitamente, por la exaltación general de los valores aristocrático-anarcoides y guerrero-machirulos que se da en la peli; o por la trayectoria de la némesis de Conan, el líder Thulsa Doom, que pasa de ser un cruel líder militar pero consagrado al sendero del acero y a la destrucción directa de los débiles, a un líder religioso que explota astutamente la debilidad de la carne ajena para satisfacer su retorcida (paulina) voluntad de poder.

Pero no sólo Conan es más nietzscheana: yo también creo que es mucho mejor que 2001. Conan es un clásico de todos los tiempos. 2001 ha envejecido mucho y mal excepto por su fotografía y su banda sonora, compuesta por temas que no envejecerán jamás. Pero es que a base de piezas no se compone una obra maestra, tal y como a base de filetes no se compone un cerdo.

De la misma manera, por mucho que nos quieran convencer unos expertos en marketing de que la carne sintética es en efecto carne, esto es una barbaridad. Para comer carne hay que matar, desgarrar y despiezar y, antes que comer “carne sintética”, yo prefiero comer insectos incluso aunque al principio me dé asco. De hecho, las justificaciones en favor de la carne sintética no son más que un acto de indulgencia colectiva para eludir el problema de que la gente tiene manías de toda clase que deben ser satisfechas a todo coste, y ello aunque se destruyan los recursos naturales que haga falta, o aunque se tengan que invadir países a este efecto. Esto, por cierto, es muy problemático desde el punto de vista ecológico, cuando tu régimen económico e industrial tiene unas capacidades de explotación que exceden en mucho a las capacidades de regeneración de la naturaleza.

La dinámica entonces es la siguiente. Si quieres un iPhone, no pasa nada: ponemos unos niños del Congo a picar coltán por cuatro perras, y así puede haber iPhones para todos. Si quieres marfil para tu seudomedicina, pues nada: matamos a los elefantes que haga falta. Y si quieres disfrutar del sabor y el aspecto de la carne, no te preocupes: te hacemos un sucedáneo con el mismo sabor y textura, porque hay muchos humanos y la mayoría son incapaces de renunciar a estos placeres visuales y táctiles. Pero para que nadie renuncie a estos placeres (en filosofía hablamos de “cualidades primarias”), es preciso que intervenga todo el aparato del buromundo e incontables sistemas de organización y gestión del valor-grasa, al objeto de embandejarte esa pieza de hamburguesa que no ha salido del cerdo y que nunca constituyó algo vivo.

Al final, lo que queda es Thulsa Doom como alegoría de la voluntad colectiva del Pueblo. Si Thulsa Doom quiere una iCosa, yo también la quiero. Si para ello yo u otro Paisano tiene que saltar al vacío (picar coltán o vestir corbata ocho-ish horas al día), es necesario. Y recordemos que lo que el Pueblo quiere, lo quiere Íñigo Errejón, de modo que podríamos establecer la analogía

Thulsa Doom = Íñigo Errejón

Pueblo, hágase tu voluntad

Todo esto es para decir que Nietzsche preferiría Conan antes que 2001, que él no creería que la carne sintética sea en rigor carne, y que acabaría prefiriendo comer insectos.

Esto me parece más defendible que las posiciones alternativas.


Acerca de James Doppelgänger

Generado a partir de un único bit y progresivamente complicado en sucesivas transformaciones (un diluvio y dos glaciaciones, una descarga masiva de ficheros, un encuentro con la Blanca Paloma, algunos trabajos de oficina e innumerables tardes de Champions), James Doppelgänger tiene cinco perfiles LinkedIn, cuatro perfiles Facebook, diez grupos WhatsApp y ha seguido la polémica del secretario papal por Twitter. Sabe cantar gol y es flexible, dinámico, entrepeneur, interdisciplinar y proactivo. Ama el trabajo colaborativo y programa en 115 lenguajes privados, muy a pesar del señor Wittgenstein. Cree en la individuación por tartazos de merengue y en los muslos de pavo siempre infinitos, siempre danzantes, a nuestra disposición. Jamás mata a las cucarachas, pues ellas son el germen de la más perfecta civilización, nuestras sucesoras.

¡Habla, Pueblo, habla!