La gentrificación vendrá en bicicleta

Somos feministas, ecologistas y veganas. Retamos en nuestro día a día las viejas estructuras de poder: vamos en bicicleta, rechazamos amablemente la bolsa de plástico en la tienda, pedimos tapa vegeta en los bares, usamos lenguaje inclusivo, etc. Somos las de abajo tirando de los de abajo contra los de arriba. Hacemos avanzar al Pueblo en el lento camino del progreso, a pesar de que los poderes intentan que nada cambie para mantener su statu quo.

Pero hete aquí que poco a poco las estructuras de poder comienzan a mirar en nuestra dirección. Los jueces reestablecen Madrid Central, Ana Botín se proclama feminista, la Generalitat de Catalunya declara la emergencia climática, el Gobierno está formado por un Consejo de Ministras, la Unión Europea prohíbe los plásticos de un solo uso, La Manada obtiene una condena satisfactoria para el feminismo más punitivo, etc. De manera muy eficaz, la plutocracia toma nuestras ideas ecofeministas y las lleva por el mundo en forma de gentrificación. Reconvierte el barmanolo en bistro vegano, pone carriles bici en Carabanchel, convierte el chino en tienda ecológica y de granel, etc. Comodidades de las que el Pueblo, de costumbres inamovibles, apenas hará uso, pero que la élite disfrutamos. Progresismo y liberalismo son ahora dos caras de la misma moneda, hasta el punto de que reivindicaciones clásicas como los derechos LGTBI han necesitdo crear un «Orgullo Crítico»: una marcha alternativa para deshacerse de la losa del capital. Y con razón, porque hasta el PP se pone el arcoiris, y Coca-Cola patrocina el acto. No le viene mal, a tenor de la gran cantidad de envases que se consumen ese día, y teniendo en cuenta sus vínculos con Ecoembes, la estafadora del reciclaje.

Carril bici que nadie usa en Carabanchel. «Si es que ya no saben qué inventar», me dijo un taxista. «Tú no lo conociste, pero con Franco se vivía mejor», concluyó.
Durante la semana del Orgullo el PP adaptó su imagen de perfil en redes sociales. ¿Se trata de una guerra cultural que vencemos, o es un intento de hacer una terapia de shock para curar a maricas y lesbianas?
«La manifestación del Orgullo generó 87,2 toneladas de basura». A Coca-Cola y a Ecoembes les gusta esto.
Airbnb como punta de lanza del feminismo.

Nuestra generación va tomando el poder, y con ello aplastando las viejas estructuras. El capitalismo, el sistema que verdaderamente es capaz de llevar nuevas ideas al Pueblo, sopla a nuesto favor. Comenzamos a ganar batallas en la guerra cultural, porque el poder se adapta a nosotras para continuar manteniendo su statu quo.

Con las primeras batallas culturales vencidas comenzamos a ser la élite, hasta el punto que quien defiende las viejas estructuras de poder, como Vox, puede llamarnos «casta»; que el Brexit, liderado por el partido conservador, se enfreta en su discurso al capitalismo global; que Madrid Central no es más que otro pivote de la turistificación; que regentar un barmanolo, machista, especista y donde sirven vino peleón, es la última resistencia contra el capitalismo que abanderamos.

Los fachas de toda la vida nos llaman neofachas.

Somos la nueva élite, y como tal ejercemos nuestro poder. Somos más justos, más igualitarios, más modernos: estamos en la posesión de la verdad. El neoliberalismo de la información de Facebook y Google, con el que hemos crecido y propagado nuestro mensaje, nos da también la razón. Tenemos poder, y lo usamos para censurar lo que no nos gusta: prohibimos las discusiones sobre ciertos temas sagrados, declaramos anatema a quien se proclame tal o cual cosa, imbuimos a ciertos personajes públicos de santidad inviolable. Creamos alrededor de nuestro discurso una nueva religiosidad.

Y luego nos enfadamos si alguien usa esa censura para su provecho. Somos lo que despreciamos.

El neoliberalismo se apropia del Orgullo. Insultamos a C’s mientras bebemos Coca-Cola.

Somos el nuevo poder porque el capitalismo ha adoptado nuestro feminist ecofriendly lifestyle y lo va a ir diseminando poco a poco. De modo que disfrutemos de nuestra revolución trendy esponsoreada por el neoliberalismo antes de que nuestras prácticas se vuelven obsoletas y para proteger nuestro statu quo intentemos contener a las nuevas ideas que quieran un mundo más justo y con mayor libertad de expresión del que creamos.


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