La revolución será espectacularizada

Mucho se habla sobre violencia en los disturbios de Barcelona en clave política, pero me pregunto si no es posible leer el fuego de los contenedores en lógica estética. Y es que siempre que veo esta clase de imágenes me debato entre lo incoherente que me resulta la pretendida apropiación del espacio a través de su destrucción y la fascinación que me provoca.

Sospecho que, acostumbrados como estamos al espectáculo incesante, inmunizados ante la toma constante de la calle por unos y otros motivos, unas y otras ideologías, hemos convertido el centro de nuestras ciudades en manifestódromos en los que la apropiación del espacio público ha perdido buena parte de su poder simbólico. Hemos desgastado la fuerza icónica de la masa; y la ciudadanía, todos nosotros, nos hemos acabado convirtiendo en parte activa del espectáculo del exceso, que parece encontrar en la violencia y en la poesía de las llamas el único camino epatante. Sin embargo, cuatro noches más de disturbios, y también comenzaremos a desoírlos (si no lo hacemos ya). No hay peor enemigo de las movilizaciones que la costumbre que genera el paso del tiempo, porque la ciudad tiene el poder de absorber como parte del mobiliario urbano cualquier elemento disruptivo en cuestión de días (recordemos el entrañable parque, deleite de familias domingueras, en el que se acabó convirtiendo la Puerta del Sol en un momento dado de 2011).

Me pregunto si no es momento de encontrar nuevas vías de subversión de los códigos de las movilizaciones. Quizás para ello debamos revisar el sentido de las manifestaciones legitimadas, reinventar el Sálvame indignado que llevamos alimentando más de una década y encontrar nuevos modos, quizás más inteligentes, más sutiles, más silenciosos, de recuperar el poder de la imagen. O abrazar el rollito naif de la Internacional Letrista, qué sé yo.

Vamos a juicio por algo que nunca llegó a suceder. Nos piden 20.000€ y tres años, tres meses y un día de cárcel por uno de nuestros actos ultrarracionales: el falso «tour de la Manada«, un bulo que creamos el pasado mes de diciembre y que todos los medios dieron por bueno.

La historia es larga y tiene bastantes detalles que explicamos aquí. Pero a pesar de que entonces ya lo desmentimos y dejamos la web original como un alegato contra la desinformación, hoy, once meses después, los medios siguen dando el tour por real. La web ha estado visible todo este tiempo, pero los medios prefieren ignorar la crítica y crear en el imaginario de miles de ciudadanos y ciudadanas una realidad ficcionada: que un desalmado ha intentado lucrarse con el sufrimiento de una chica.

A este escenario de capas de realidad ficcionada se suma otra real que lo alienta: la abogada de la víctima de la Manada nos ha denunciado. Afirma que nuestro propósito era «comercializar con el sufrimiento de la víctima» al vender camisetas y calcomanías. Los medios de comunicación han multiplicado ese mensaje, haciendo que la ciudadanía sostenga un juicio paralelo basado en la desinformación. Con la opinión pública en nuestra contra, necesitamos una buena defensa para convencer a los jueces.

El juicio será el próximo 26 de noviembre, y en él tendremos que desmentir esta falsa realidad sobre la que se apoya la acusación. Los costes de un abogado/a ascienden a 1.728,20€, una cantidad que las cuentas de Homo Velamine son incapaces de sostener. Hemos abierto un crowdfunding para poder hacer frente a ese gasto sin ir a la bancarrota (ni a la cárcel).

¡Participa en el crowdfunding!

En esta sentencia Homo Velamine se juega su libertad, pero el resto del mundo se juega seguir participando de uno de los elementos más nefastos de la era de internet: vivir pegado a la literalidad. En un mundo crecientemente dogmatizado, donde no hay grises sino opiniones tomadas por razones verdaderas y únicas, esta es una batalla en defensa del juicio crítico, y es importante que la ganemos. ¡Contamos contigo!

¡Habla, Pueblo, habla!

Nos han condenado a 18 meses de cárcel y 15.000€ por destapar una sucia cloaca.  Lee más y apóyanos »