Propuestas para una mejora ultrarracional de Las Rosas

Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid‘ es un garbeo semanal que parte cada martes de una estación de metro distinta, barriendo el plano por orden de líneas y de norte a sur. Cada garbeo consiste en caminar por donde nos venga en gana y realizar una visita a un bar local. En ellos conocemos al Pueblo en su salsa, interactuamos con él, cantamos a favor de la labadora, etc. Ya hemos completado la línea 1, consulte aquí los próximos destinos.

Roses (Girona, CAT) es hermosa, por donde primero alumbra el sol en la península ibérica y Las Rosas (distrito de San Blas, Madrid, ESP) es una invención política, como Cantabria. Desarrollada en el noreste de la ciudad de Madrid en la década de 1990, actualmente la habitan más de 30.000 personas, una cifra de población muy similar a la nos dijeron que había en el Ensanche de Vallecas. Ni en las Rosas ni en Valdecarros la semana pasada vimos, digamos, muchas muestras de vida. Aun así, enfocamos el sentido de la vista con nuestros corazones para detectar la sístole-diástole del barrio y comprobamos que Las Rosas tiene una personalidad fuerte basada en el toldo azul y es algo que no podemos soportar. Además, vemos muchos niños-adolescentes y eso nos genera algo de miedo desde siempre, no demasiado.

Nosotras, como Cristina Cifuentes, podemos masticar y escupir el miedo.

Las ambiciones del ser humano siempre se han visto recortadas por la pereza, por el Netflix y la ansiedad que le produce a mucha gente salir de su casa sin el móvil. Las Rosas, como invención política, siempre mostró entusiasmo por el progreso y la convivencia sin necesitar de la tecnología. Es más, como comprobaríamos más tarde al buscar el Mercadona, este barrio tiene desarrollada una importante conciencia ecológica.

Por esta zona del distrito de San Blas se desarrolló en su momento el poblado chabolista de Los Focos, también conocido como Guarrerías Preciados. Cuando en la década de 1990 se dio la orden de demolición para construir la autovía de circulación M-40, el tamaño del asentamiento se duplicó: por una chabola, te daban un piso. Y cuanto más cerca estuviera de los terrenos de la M-40, antes te lo daban. Sin embargo, muchos desconfiaron al principio y se dedicaron a boicotear los trabajos de los ingenieros. Parte de la población de Los Focos se trasladó a los áticos del barrio de Salamanca (a los maleantes siempre les dan los pisos buenos, todo el mundo lo sabe), otra parte se trasladó a los chalets del Viso y, la mayoría, se fue a la colonia La Rosilla, que ya visitamos al comienzo de la Primavera en Congosto, en uno de nuestros últimos garbeos sureños por la Línea 1, el anterior al antepenúltimo, bueno, el otro día. Son muchos los garbeos.  

Garbeo patrocinado por Javier https://directions.javier.is/

Para llegar a las Rosas en metro, lo más conveniente es tomar la línea Vodafone en la estación de Vodafone Sol. La línea 2 es claustrofóbica, los vagones son de banda estrecha. Las gentes se agolpan, los turistas se bajan en <m> Retiro con el objetivo de respirar. El Pueblo se baja en <m> La Elipa, algunos despistados acaban su viaje en la Avenida de Guadalajara pero sólo las valientes llegamos hasta <m> Las Rosas. En las escaleras mecánicas de esta estación, todo el mundo dice “la dije” y eso nos hace sentir más en Madrid-Madrid que cuando vamos de paseo por Malasaña.

Ayer martes en Las Rosas visitamos un huerto urbano regado con los pises del pipican aledaño

La vida en Las Rosas iba a ser otra y algo salió mal, como siempre. Las olimpiadas de Madrid 2012 (o 2016, 2020, 20XX) deberían haber traído la riqueza al barrio y es que el Distrito de San Blas lo tenía todo para convertirse en el Distrito Olímpico. Algo notamos, por ejemplo, cuando nos cobran 3,50€ por un doble de cerveza pero con tapa generosa (medio pollo asado en su salsa y aceitunas de las caras). En ese bar, Rasomon y El Medievalista tienen su momento coming-of-age, como en la peli de Lady Bird, cuando toman cervezas del bar pero sentados en el banco, como si fueran latas. “Esta sí que es la Modélica Transición Española” señala Rasomon, subrayando las mayúsculas. En la terraza, aparece una jovenzuela del barrio quien nos invita a comprarle pulseritas para financiar su viaje de fin de curso. Antes de comprar nada, le preguntamos el destino de su viaje. Cuando ella pronuncia “Segovia” como respuesta nos emocionamos y le hacemos solemne entrega de todo nuestro dinero.

A la mañana siguiente, eso sí, nos despertamos sin las pulseras. Las debimos perder en los lagos que visitamos o en el cerro que subimos, en los bajos de la M-40, o es que en realidad nos cruzamos con Cristina Cifuentes y nos las mangó. Los chistes fáciles y malos, a veces, son necesarios. Mientras tecleamos esta crónica del garbeo de ayer martes, nos llega la fatal noticia de que Cifuentes ha dimitido: Lo que no puede conseguir robar a las arcas del estado, lo consigue robar dos botes de crema anti-edad. Cristina Cifuentes es la Sánchez Gordillo de Madrid: los dos robaron en supermercados.

Además del pollo asado, en Las Rosas tomamos el primer salmorejo del verano del amor 2018.

Manuela Carmena estuvo por el barrio de Las Rosas, al menos una vez. Lo hizo el día de octubre de 2016 que inauguró un imponente y necesario monumento contra la represión soviética en Budapest allá por 1956. A continuación se fue a recorrer las calles y arrancar, con sus propias manos, todos los letreros del callejero que tuvieran nombres franquistas. Por suerte o por desgracia, no encontró ninguno. Los nombres de las calles de Las Rosas son vulgares e impersonales nombres de capitales de ciudades de Europa, en cualquier caso, echamos en falta la calle Barcelona.

Como alcaldesa me siento orgullosa de permitir que nuestros parques y jardines se llenen de historias de otros países, porque si sufren en un país sufrimos nosotros; si sufren en Siria, nosotros tenemos que sufrir con ellos; si sufren los refugiados, nosotros con ellos.
Manuela Carmenaalcaldesa de Madrid

El Medievalista visitando el monumento a la revolución húngara de 1956. En las Rosas, el lazo amarillo simboliza la lucha contra la espina bífida

No entendemos la relación entre Budapest y Madrid, la población húngara en la ciudad parece irrelevante a simple vista. Sin embargo, Rasomon, aclara que el primer húngaro que habitó la ciudad de Madrid fue el futbolista Ferenc Puskás, también conocido como Pancho, que militó en el Real Madrid desde los 32 años ganando mazo de Copas de Europa, siendo Pichichi en los sesenta estando muy gordo y sin dar tanto por culo como Cristiano Ronaldo. Le vamos a enviar un tuit a Manuela Carmena para que le ponga una estatua a Puskás, como ya se la puso al gol de Iniesta. España siempre ha sido muy de cambiarle los nombres a las cosas que no sabe pronunciar o que no quiere entender: a Josip Broz le llamó Tito, a Ferenc Puskas, Pancho y a los independentistas, golpistas.  

En el monumento anti-stalinista conocemos a los que se convertirían en nuestros mejores amigos de Las Rosas. Interactuamos y hablamos con los niños, parte de la conversación se puede escuchar a continuación, según lo grabó Imperator Furiosso d. Zambombo.

A los adolescentes de las Rosas les preocupa mucho el skate y que se sepa que no son gays. Nos contaron que estaban en tercero de E.S.O., salvo uno de ellos que había repetido dos veces y seguía en primero. Utilizaban WhatsApp e Instagram y cuando les comentamos que “en nuestra época” no existían esas cosas, se ríen de nosotros por haber usado Tuenti como puede que nos riéramos nosotros, en su momento, de las cartas de amor sincero o del FAX. Los niños no son de las Rosas, están de turismo juvenil como nosotras, se mueven en Metro. Nos generan algo de envidia porque nuestra infancia en Provincias se desarrolló sin metro, todo pasaba en la misma calle y si alguien te gustaba, se lo tenías que decir a la cara. O, como mucho, llamarle a su casa y que no fuera ella quien atendiera al teléfono sino su padre. Los niños van a un instituto del barrio, entramos en la web para saber más y en la página de inicio figura el Reglamento de Régimen Interno: No está permitido a los alumnos portar o usar teléfonos móviles, reproductores de música, ni ningún otro tipo de aparato electrónico, en el recinto del Instituto. Los niños viven en la calle Arcos de Jalón. En esa calle se construyeron en la década de 1980 unos módulos provisionales en los que llegaron a vivir más de 400 familias, incluidas en el censo de chabolistas de 1986. Obviamente, el capitalismo los derribó para construir un Centro Comercial. Las Rosas 2018 tiene niños ya consagrados, la infancia no es un asunto nuevo como en Valdecarros donde todavía no hacen falta los institutos. El barrio cuenta ya con todo lo indispensable para la reproducción social: edificios nuevos, muchas farmacias, algún Mercadona en la puerta de casa… Bueno, el Mercadona de Las Rosas no está exento de polémica. La culpa, como siempre, la tiene Manuela Carmena. La construcción del Mercadona produjo el rechazo de los vecinos, así que la alcaldesa tuvo que ir a reunirse y explicarles a los vecinos de la calle Estocolmo y alrededores que todo saldría bien, que el Mercadona abriría en verano de 2018. Los vecinos no pudieron soportar que se talaran tres olmos y le tienen pánico a las furgonetas de reparto que acabarán inundando su bienestar urbano al lado de la autopista M-40.

Señala Mr. Satan que Las Rosas se encuentra a un nivel Jumanji más alto que en Valdecarros y Rasomon le da la razón mostrándonos este reclamo luminoso pero comercial que anuncia una peluquería del barrio. En cualquier caso, se respira muy bien. Las Rosas es aire puro.  

Nos sumergimos en la M-40 pero, como a esas horas de 2018, la Universidad Rey Juan Carlos ya debería estar cerrada, nos damos la vuelta y nos vamos hacia el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas pero andando. El Medievalista sugiere visitar “los lagos de Madrid”, que se encuentran al otro lado de la M-40 pero no existe la opción de PEATÓN PULSE Y ESPERE, además los coches pasan muy rápido. Probamos suerte caminando un buen rato hasta llegar al desvío de la M-40 con la Radial 3 y acertamos. Empezamos a caminar hacia los lagos. No sabemos cómo vamos a volver pero no nos importa: mirar atrás, deshacer los pasos, vaciar todo lo robado en el Eroski delante del Guardia Jurado es una cobardía que no nos podemos permitir.

Brenda y Sara encontraron dos girasoles más grandes que sus cabezas y Rasomon y Mr. Satan, una rama de árbol más grande que sus [emoji de berenjena]. Arrastramos toda la flora de Las Rosas por nuestro garbeo que reutilizaríamos como miguitas de pan para señalizar la entrada a un misterioso túnel por debajo de la M-40 que, seguro, nos iba a hacer muy felices. Los lagos, como casi todo lo que aparece en la pestaña Cosas que hacer en TripAdvisor resulta decepcionante. También para las ranas, que nos encontramos perdidas y solas por el camino.

Mr. Satan hablando con las ranas.

Rasomon en lo alto del cerro de los alrededores de la M-40 a la altura de Coslada.

Cruzar el túnel fue divertido. Esperábamos ratas y mucha agua. Gracias a unos escalones de hierro, nos pudimos asomar a la mediana entre los carriles de la M-40 con el objetivo de pasar miedo. El túnel secreto nos parece la solución más adecuada ante el caos de coches: podemos morir y lo sabemos, nadie vendrá a recoger nuestros restos.

Al salir del túnel, tuvimos que atar una cuerda a un árbol y trepar agarrados a ella, con el fin de volver a la civilización de Las Rosas. Al llegar a la superficie, unas aborígenes nos pararon muy preocupadas y nos preguntaron qué pasaba, si (sic) se nos había caído un perro.

En este momento se notaron nuestros orígenes Provincianos: un madrileño jamás hubiera tenido esa idea. Como mucho, hubiera llamado a Telepizza.

 

Brenda y Sara saliendo del túnel: les faltaba una para ser las niñas de Alcàsser

Al final todo salió bien, conseguimos llegar vivas a un bar en las inmediaciones del estadio Metropolitano, que ya no es del Madrid Olímpico, sino del Atlético y que ya visitaremos cuando nos toque la la Línea 7. El camarero que nos atendió a medianoche fue muy amable y confesó que una semana antes había tenido el bar lleno de catalanes culés pero que en el fondo eran buena gente.


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(Homo Velamine nº12)
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