Oda a Lo GratisTiempo de lectura: 4 min


Paellada en Alcorlo, Guadalajara

Paellada de San Bartolomé en Alcorlo, Guadalajara

No hay mayor afición entre los españoles que la de Lo Gratis. Ni el vaso del mejor Rioja, ni la más exuberante de las marías, ni la copla mejor entonada puede combatir con la satisfacción y el placer de haber obtenido algo gratis. Porque en España no se es nadie si periódicamente no se van consiguiendo cosas gratis, o casi regaladas, y luego se hace ostentación perseverante de las mismas.

En estas fechas, sin ir más lejos, hordas de jubilados y aspirantes a serlo vagan por las ciudades en busca de calendarios gratis. Pueblan colas interminables en ayuntamientos y los piden en comercios y cajas de ahorros quebradas (¡acaso quebradas por el derroche de calendarios!). Dos, seis, ocho: nunca es suficiente si es gratis. Luego los entregan a familiares y los cambian por lotería -otra panacea de Lo Gratis- y, si alguno les sobra, lo tiran a la basura -que también recogen luego gratis-. Durante todo el año los exhibirán orgullosos en la pared de su cocina, y al mirarlos recordarán su proeza, que no dudarán en relatar con pelos y señales a quienes les visitan: “Dos horas estuve haciendo cola”, “En la caja me dieron tres y en el bar dos”, etcétera.

Porque no se es nadie si no se posee al menos un calendario gratis. Los más preciados son los de grandes números y grandes espacios en blanco (una tecnología que las agendas electrónicas no pueden superar, ¡y gratis!) y, si puede ser, con fotografías de la ciudad o de sitios conocidos, para que los moradores del hogar y los foráneos se deleiten como críticos de arte en el Prado: “Aibá esta vista de la Rotxapea” o “¡En febrero sale el edificio de la tía Conchi!” exclamarán con gozo. No hay mayor arte que el que uno es capaz de asociar con sus quehaceres cotidianos y sus emociones básicas.

Pero no nos salgamos del tema. Conseguido el trofeo calendaricio, los españoles se preparan para la próxima gran cita de Lo Gratis: el roscón de Reyes. ¿Acaso hay mayor euforia multitudinaria que conseguir un trozo de bizcocho con nata gratis soportando los rigores del invierno junto a otros miles de personas también entregados al mismo afán? ¿Para qué gastar cinco o seis euros en uno, cuando se puede disfrutar durante dos o tres horas de la íntima satisfacción que es verse empujado por el gentío de la cola hacia Lo Gratis? La nata no es tan dulce, el bizcocho no tiene la misma textura, y las narraciones que resultarán al llegar a casa -incluyendo alguna crítica a la organización- no se pagan con todos los euros del barrio.

Paellada de San Isidro en Madrid

Paellada de San Isidro en Madrid

Nuestra afección por lo gratis no acaba ahí. En verano iremos a la playa cuasi-gratis (a cambio de asistir a unas charlas) y en el hotel acabaremos con todas las existencias de café, huevos fritos, langostinos y todo lo que amablemente ofrezcan en el buffet. En la recepción cogeremos un buen puñado de caramelos. Después, en el pueblo, haremos cola para la paellada que hacen cada agosto en la Plaza Mayor, y a la vuelta de vacaciones abriremos una cuenta en Cajamar (¡la vajilla que regalan es estupenda!). Además, si el cajero nos comenta que contratando unas preferentes de esas podemos sacar duros a peseta (¡dinero casi gratis!), firmaremos antes de que se arrepienta de la oferta. Al salir lo celebraremos ingiriendo unas tapas zafias y desaborías: ¡qué más da, si son gratis con el vino! Nos montaremos en el autobús para volver a casa con el carné del jubilado sólo para usarlo, y al llegar pediremos cita en la Seguridad Social. Haremos la compra con el dinero del paro que, por supuesto, estamos usando hasta acabarlo (siguiendo, cómo no, el mandato bíblico españolizado: “Te ganarás el pan con el sudor del de enfrente”). Porque no hay más verdad que ésta: allí donde va un español, Lo Gratis es exaltado y exprimido hasta límites insospechados. Incluso cogeremos todas las revistas de Homo Velamine con las que nos encontremos por ahí, sabiendo de antemano que no las vamos a leer.

Total, son gratis.


Acerca de Anónimo García

Ultrarracionalista, determinista-libertario, exterminista-humanista, misfilántropo y moderno pero español. Me dedico a la comunicación en todos sus ámbitos, especialmente el visual, en el que destaca mi perfecta y característica ejecución del corte de mangas. He sido galardonado en varias ocasiones, entre las que se encuentra el premio al número ganador en una rifa de mi colegio; y tengo el honor de haber confundido “humper” con “hamper” en el texto de uno de mis diseños. Más en www.anonimogarcia.com


¡Habla, Pueblo, habla!

3 ideas sobre “Oda a Lo Gratis

  • Srta. Octubre

    ¿Las revistas HV son gratis? ¿Entonces por qué le tuve que entregar mi copa de luna rebosante de sangre mientras le guiñaba picarona el ojo y le tuve que dar un beso con lengua al librero que conservaba un ejemplar HV, indolente y solitario, en el mostrador de su librería PYME?

  • oscar

    Yo he emigrado y por ese plato de paella de la foto se paga en Londres aproximadamente de 5 a 6 libras (unos 8 euros) , y encima mezclan carne con marisco….
    casi dan ganas de volver