Los bromistas felices y el arte del engaño

Este artículo fue publicado originalmente en The New York Times en 1990 bajo el título The merry pranksters and the art of hoax. Era la primera vez que se usaba el término cultural jamming en un medio de comunicación de masas.

Ahora lo rescatamos por los interesante ejemplos que expone, que muestran la intención de los jammers de atacar al corazón de los símbolos a gran escala. La pregunta hoy es: ¿lo consiguieron? ¿Qué queda de los propósitos del movimiento hoy, en la Era de la Opinión, en la que todo el mundo es un jammer? Lean, lean…

¿Nunca has deseado pasar tu pie a través de la pantalla del televisor?”, preguntó un actor en Media burn, un espectáculo de calle representado en 1975 por el colectivo Ant Farm. La respuesta, quince años después, es un resolutivo “¡Sí!”. Ahora, una generación de artistas que crecieron con la televisión están comenzando a revelarse contra ella. Siguiendo la idea de Ant Farm, están dando una patada –metafóricamente, al menos– en el tubo catódico.

Algunos de los artistas más incendiarios del momento toman de la comunicación de masas la estructura, estilo y tema de su arte. Mordazmente divertidos, espantosamente orwellianos y muy marcadamente producto de su tiempo, su trabajo reta a los mercaderes de la imagen. Más aún, constituye una búsqueda de la verdad en una era tecnotrónica, donde, cada vez más, la percepción es la realidad.

Estos artistas son parte del movimiento “cultural jamming” (“interferencia cultural”), y exponen las formas en la que los intereses empresariales y políticos usan los medios de comunicación como una herramienta de modificación del comportamiento. Jamming es, en la jerga de radioaficionados, la práctica ilegal de interrumpir electrónicamente las emisiones de radio, ya sean conversaciones entre otros radioaficionados o las partes de audio de los programas de televisión. Cultural jamming, por extensión es “terrorismo” artístico dirigido contra la sociedad de la información en la que vivimos.

Mordazmente divertidos, espantosamente orwellianos y muy marcadamente producto de su tiempo, los cultural jammers están retando a la realidad.

Negativland, un grupo de rock techno-yippie, junta partes de melodías y voces de anuncios y de partes de noticias para hacer “composiciones sobre los medios de comunicación” (“media about de media”), como una de las voces grabadas del grupo lo expone. El artista Robbie Conal cubre muros de ciudades con el equivalente en publicidad al retrato de Dorian Gray: interpretaciones grotescas de Oliver North, Edwin Meese y otras figuras políticas cuyas ética ha sido puesta en duda. El provocador de vallas publicitarias Jerry Johnson toma caritas sonrientes y expresiones tontas de revistas de los años 40 y 50 para crear anuncios absurdos que recuerdan al estilo pop art de James Rosenquist y al espíritu de las viñetas punk de Gary Panter. Joey Skaggs intenta embaucar a periodistas para que cubran engaños muy elaboradamente representados y exhaustivamente estudiados.

El arte de Skaggs está diseñado para dramatizar los peligros inherentes en unos medios de comunicación que, según sus críticos, aceptan fotos preparadas y palabras grandilocuentes como discursos con sentido. Hace dos semanas reveló uno de sus últimos engaños: Comacocoon, un servicio de vacaciones cibernéticas con una carta promocional que prometía “una completa relajación mientras dirigimos tu imaginación al destino que elijas” a través de anestesia, programación subliminal y computadoras.

El cultural jamming, como el arte conceptual de los 60, a menudo no produce residuo vendible, de modo que la mayoría de los jammers se financian con sus trabajos. Skaggs, que vive de vender sus cuadros y dando clases de comunicación en distintas universidades, observa: “Lo que distingue a los cultural jammers del mundo del arte es que nuestro trabajo no está diseñado para hacer dinero, sino para hacer una crítica.

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Geno Rodríguez, director ejecutivo y comisario jefe del Museo Alternativo de Manhattan, ofrece otra perspectiva: “Algunos de estos artistas son muy efectivos. Ciertamente, la idea de arte de guerrilla, que intenta comunicarse con la sociedad a gran escala en lugar de a una élite, es muy oportuna. En cierta forma estos artistas pirata son el futuro.”

Estos artistas buscan exponer cómo las grandes empresas pueden usar los medios de comunicación.

“Desgraciadamente, algunos artistas que dicen criticar a los medios de comunicación están en realidad usándolos para su beneficio, para autoengrandecerse.”

Mientras que la sentencia de Rodríguez puede ser verdad para quienes su trabajo les ha granjeado fama en los círculos artísticos, la mayoría de los cultural jammers nunca conocerán los quince minutos de fama augurados por Andy Warhol. Caminando en la estrecha línea entre el delito menor y el arte conceptuial, a menudo trabajan clandestinamente para hacer crítica. Su trabajo debe su impacto al anonimato del artista y la naturaleza relámpago de su arte. Por ello los jammers son reacios a adelantar cuándo y dónde van a actuar.

Negativland, por ejemplo, van a sacar un sencillo en febrero que incorporará los despotriques malsonantes de una personalidad de la radio conocida por su apariencia cándida. Revelar su naturaleza exacta puede resultar en una acción legan que puede impedir el lanzamiento. Conal acaba de terminar un bombardeo de pósters en ciudades por todo Estados Unidos, llenando los muros con pinturas sin firmar que no se parecen en nada a sus trabajos anteriores. La publicidad, dice Conal, está comenzando a minar su potencial como cultural jammer.

Audiodadá para la era de la informática

El término “cultural jamming” fue usado por primera vez por Negativland en 1984 para referirse a la alteración de vallas publicitarias y otras formas de arte underground que busca arrojar luz sobre el lado oscuro de la era de la informática. Sin ser exactamente un grupo de rock ni una compañía de teatro. Negativland crea un audio dadá cuya referencia más cercana es el Firesign Theater, un grupo de comedia avant-garde de la década de 1970.

En el cassette Jamcon ’84, un miembro del grupo observa: “Mientras que nos damos cada vez más cuenta de cómo el entorno mediático que ocupamos afecta y dirige nuestra vida, algunas personas se resisten. El anuncio habilidosamente alterado dirige al espectador a una reflexión de la estrategia corporativa original. El estudio del cultural jammer es el mundo en su totalidad.

Helter Stupid, el último disco de Negativland, es un acto único de cultural jamming, el equivalente auditivo de un bigote en la Mona Lisa. Un estridente collage de partes de noticias, entrevistas y fragmentos de música, documenta un engaño artístico perpetrado por el grupo a los medios de comunicación.

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En 1988, la banda se tropezó con un artículo sobre un chaval de 16 años que había asesinado a su familia después de una discusión, supuestamente sobre los gustos musicales del adolescente. Inspirados, Negativland difundieron un comunicado de prensa sugiriendo que los asesinatos fueron causados por Christianity is Stupid, una canción de Negativland que casa el sermón escupefuegos de un predicador pentecostal con un rock tritudador de una pesadez sauria.

En los meses que siguieron, el grupo dio entrevistas y emitió comunicados, reiterando que la conexión se basaba en un rumor. Dejaron numerosas pistas con la esperanza que los periodistas las encontrasen. Durante una entrevista, la frase “Es un chiste monstruoso” se oía en bucle de fondo. No obstante, la revista Pulse!, The San Francisco Chronicle y un sinfín de otras publicaciones se tragaron la información del grupo, dedicándoles artículos.

En las notas interiores de Helter Stupid, el grupo ofrece detalles de la broma: “Negativland eligió explotar el apetito de los medios de comunicación hacia el sensacionalismo creando una historia a la que no se pudieron resistir — la última versión de un cliché mediático ridículo que propone que las letras de una canción de rock incitan al asesinato”.

Retratos satíricos de brokers poderosos

Robbie Conal y Jerry Johnson trabajan de forma similar. Conal, que vive en Los Ángeles, pinta mordaces retratos satíricos de especuladores, añade un juego de palabras, y los pega en las paredes de las principales ciudades. Uno de sus trabajos, una visión cadaveresca de dos evangelistas, llega la leyenda “Beneficio falso”. Otro retrata a un Ronald Reagan sin labios y con aspecto de ciruela pasa enmarcado con las palabras “Contra dicción”. Hace poco Conal contrató una valla publicitaria en West Hollywood y la adornó con una imagen del senador Jesse Helms con una mueca de disgusto –estaba empalado en una paleta de pintor.

Conal es un semiótico de guerrilla que asegura que “las galerías de arte son tiendas de objetos de lujo, como las joyerías,” que venden signos y símbolos culturales. Con el mundo como su galería al aire libre, deconstruye la cultural popular de forma visible a todo el mundo, poniendo en orden las señales mediáticas con las que la sociedad es constantemente bombardeada. “Estoy interesado en la contrapublicidad, usando el lenguaje sencillo de la publicidad. Combino imágenes básicas con un eslogan para atacar a políticos y burócratas que han abusado del poder”.

Jerry Johnson ha estado pintando murales irónicos en un edificio de Brooklyn desde 1982. “Empecé a hacerlos porque tenía algo que decir más allá de lo que decía en mi trabajo de 9 a 5”, explica. “¿Por qué no usar un medio existente y un lenguaje en su formato más clásico para abordar algunos de los asuntos que ocurren hoy en día? Las vallas publicitarias son honestas. Tengo verdaderos problemas con el mundo del arte, donde alguien puede pintar algo que condena al capitalismoEl fin de la historia. Toda revolución deriva inevitablemente en más capitalismo, porque es el productor primero y más eficiente de Grasa. Por fortuna, el capitalismo viene de serie con... More y venderlo por 80.000 dólares. El artista se hace rico y el cliente lo guarda hasta que se revaloriza, después lo revende. Es tan hipócrita, es ridículo.”

Sobrellevando la ansiedad de la información

Ridículo, aliñado con ingenio salvaje y pensamiento subversivo a partes iguales, es la táctica usada por la Iglesia del SubGenio en Dallas para burlarse de cultos religiosos, programas motivacionales y otras formas de pensamiento colectivo. Autodenominándose una organización para “mofadores y blasfemos”, la iglesia proclama el evangelio según el sonriente y pipa-fumante J. R. (Bob) Dobbs, el profeta del sexo, las ventas y la “vaguedad” (“slack”, término de la iglesia que define una iluminación mezcla de patata de sofá y maestro ascendido).

“Autoengáñate”, exhorta la literatura de la iglesia. “Relájate en la seguridad de tu propio engaño”. Es una parodia sardónica de una sociedad afligida por la “ansiedad de la información”, la neurosis postmoderna que resulta de una vida vivida en un vórtex de pseudohechos, trivialidades y opiniones prefabricadas.

“No hay manera de decir qué pasará dentro de diez años, cuando las tecnologías de la comunicación se hagan más baratas y sofisticadas.”

Fundada en 1979 por Ivan Stang, un director de cine underground, la iglesia dice tener más de 5.000 miembros que abonan sus cuotas. Si biblia, El libro del SubGenio, es en su sexta edición, y sus encuentros atraen a grandes masas. Claramente, la Iglesia del SubGenio ha dado en el clavo.

Según Stang, conocido para los correligionarios como Escriba Sagrado Nº 273, el culto surrealista es más popular entre los adictos a la información involucrados en fanzines y radios piratas. “Esto nunca hubiera pasado de no existir las fotocopiadoras”, informa. “No hay manera de decir qué pasará dentro de diez años, cuando las tecnologías de la comunicación se hagan más baratas y sofisticadas. No creo que los grandes medios se queden con ello, porque los pequeños siempre estarán ahí. Cuánto más spray echan más sanas están las cucarachas”.

Sátira sociopolítica como forma de arte

Joey Skaggs –que una vez convenció a United Press International y a WNBC-TV de Nueva York que unas hormonas extraídas de cucarachas mutantes podían curar la artritis, el acné y la sobreexposición a radiación– seguramente estaría de acuerdo. Un artista del engaño conceptual, es un ejemplo de cultural jamming en su forma más pura.

Para Skaggs, pintor de formación, la sátira sociopolítica es un arte. “Empecé haciendo engaños para señalar las ineptitudes y peligros de una prensa irresponsable“, declaró en una entrevista para el libro Pranks, de 1987. “En lugar de quedarme con la pintura al óleo, los medios de comunicación se convirtieron en mi lienzo.”

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Desde 1966 ha estado despistando a miembros del cuarto poder. Tiene mucho cuidado en asegurarse de que no quiebra ninguna ley y nadie sale herido por sus actos de sabotaje ontológico. “No falsifico informes policiales o tomo dinero del público, y soy totalmente cuidadoso de no herir a nadie”, apunta Skaggs.

“Cuando hice la pastilla de vitamina de cucaracha y llamó gente enferma, deseosa de gastar cualquier cantidad de dinero, me rompió el corazón. Les dije; ‘Mira, estoy haciendo esto para ilustrar que la gente que tiene curas para ciertas enfermedades son unos charlatanes.”

En 1976 Skaggs conceptualizó un burdel canino. El 4 de febrero puso un anuncio en un periódico, difundió una nota de prensa y contrató actores que más tarde fueron filmados con sus perros por la cadena ABC. La noticia presentaba a Skaggs como un “proxeneta canino explotando a perritas inocentes por dinero”, y causó la furia entre asociaciones animalistas, organismos gubernamentales, la policía o el ayuntamiento de Nueva York, hasta que fue citado por el fiscal general. El 1 de abril Skaggs dió una rueda de prensa en la que declaró que era una pieza de performance cultural, y la causa fue cerrada. Pero ABC nunca corrigió la noticia, posiblemente porque había sido premiada con un Emmy. Los productores de la cadena defienden que Skaggs dijo que era falso solo para evitar la causa judicial.

Más tarde, Skaggs apareció como el rey de los gitanos de Nueva York, ataviado con un par de alas de insecto de cartón, sobre las que imprimió un signo que demandaba que la pollilla gitana asiática fuera renombrada. Muchas personas mordieron el anzuelo, y The New York Times llamó a la organización fictícia, Gitanos Contra la Propaganda Estereotipada, “un nuevo grupo pro derechos civiles.”

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Hay quien dice que Skaggs no hace propaganda de agitación artística sino que es un alborotador inmaduro, o peor. Los críticos afirman que los engaños mediáticos son tan potencialmente disruptivos como virus informáticos; plantean una situación en la que la credibilidad de los canales de noticias ha sido minada.

Los jammers cuestionan la visión del mundo contemporáneo en la que el panorama general, para la mayoría, está construído por píxeles de vídeo y puntos Benday, de ruido blanco y medias verdades.

Pero Stephen Isaacs, dean de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, sugiere lo contrario: “Encuentro bastante divertidas las tretas de los timadores mediáticos. No creo que represente un problema. Solo hay que imprimir una fe de erratas. Admitir un error te hace más humano. También tiene la implicación de que el resto de los hechos de tu periódico es verdad.”

Thomas J. Colin, editor de The Washington Journalism Review, añade: “Desde el Hombre de Piltdown hasta los falsos ganadores de la lotería, los medios de comunicación necesitan que se les recuerde su propia arrogancia.”

Skaggs y otros jammers cuestionan la visión del mundo contemporáneo en la que el panorama general, para la mayoría, está construído por píxeles de vídeo y puntos Benday, de ruido blanco y medias verdades. El sentido del cultural jamming, en su nivel más profundo, es rehacer la realidad.

La cultura dominante usa los medios de comunicación para promulgar la noción de la labadora como la forma más elevada de existencia,” dice Stuart Ewen, autor del libro All-consuming images: The politics of style in contemporary culture. “Los cultural jammers dibujan sobre esta disonancia de images mediáticas fragmentarias. En el corazón de sus alteraciones está la esperanza de que puede haber otro tipo de mundo, un mundo donde en lugar que una devaluación de lo humano en favor de la labadoraComodidades clasemedianas chorreantes de Grasa y piedra fundamental de la paz social. Su origen es el mensaje «quiero labadora» que Pilar López dejó en el muro de Facebook de Alcampo.... More, puede hacer un entendimiento de la labadoraComodidades clasemedianas chorreantes de Grasa y piedra fundamental de la paz social. Su origen es el mensaje «quiero labadora» que Pilar López dejó en el muro de Facebook de Alcampo.... More al servicio del humano.”

 

Anatomía de un engaño

En 1989, mientras pasaba un invierno gris en Hawaii escuchando a los turistas gruñir contra el tiempo, el artista avant-garde de la estafa Joey Skaggs imaginó Comacocoon, la tecno-escapada definitiva. Flotando, anestesiado, en un estado de animación suspendida, los clientes tomarían sus vacaciones de ensueño dirigidos por órdenes subliminales  y un “sistema informático pionero de BioImpresión.”

Skaggs produjo un paquete promocional brillante y atractivo que envió a 1.500 miembros de la prensa el mes pasado. Unas actrices respondían al teléfono en las oficinas de Comacocoon (el cuarto de estar de Skaggs) en horario de oficina, concertando entrevistas con el alter ego de Skaggs, Dr. Joseph Schlafer (“dormir”, en alemán), el director de Comacocoon.

El buen doctor habló con periodistas de la revista alemana Der Stern, la BBC, Elle, The Toronto Globe, Mail, el periódico italiano L’Unidad y The London Mirror. Una entrevista con el doctor Schlafer y varios “clientes” satisfechos fue grabada por KYW-TV en Filadelfia. The New York Times no informó sobre el proyecto.

Este mismo mes Skaggs dio una rueda de prensa donde reveló su engaño. “La estafa es solo el gancho”, dice. “La segunda fase, en la que revelo el timo, es la parte importante.”

“Como simple ciudadano no puede dar una rueda de prensa para decir que los medios de comunicación se han convertido en una máquina de propaganda gubernamental, que nos manipula para creer que tenemos que ir a la guerra en Oriente Medio. Pero como un media jammer puedo revelarlo creando una noticia falsa. Estoy demostrando lo fácil que es engañarnos para el Gobierno y las grandes empresas.”

Traducido por Anónimo García


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