Los humanos no nos representan


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Los humanos no nos representanUna de las pruebas del atraso político del pueblo español es que los representantes de los supuestos azotes del bipartidismo hayan hablado sobre las lenguas de los distintos pueblos de España, las diferencias que los separan y cosas que los unen, Juego de Tronos, Real Madrid, etc, y todo ello sin ofrecer el más mínimo ápice de información revolucionaria. Los temas tratados son banales y el modo de tratarlos es igualmente banal. Matías Prats y la serie de clásicos y derbis y la decencia de los vestidos de famosos marcan la agenda política. En cambio, nadie habla de Ray Kurzweil y del transhumanismo. Nadie nos dice si el Estado del Bienestar 2025 no permitirá gozar de penes convertidos en vibradores de varias velocidades, con lucecitas y conexiones instantáneas con penes y vaginas afines; ni si se subvencionarán los parques de mamuts, unicornios y otras quimeras para núcleos poblacionales de más de 25.000 cyborgs; o si definitivamente sustituiremos el penoso y poco manejable lenguaje escrito por un código formal de varias dimensiones apto para telépatas adecuadamente modificados. De modo que, o los supuestos revolucionarios son mediocres, o no se atreven a enfrentarse a la natural mediocridad de sus votantes. ¿Acaso cabe esperar algo de ellos?

Texto por James Doppelgänger
Caligrama por Anónimo García
Publicado originalmente en Homo Velamine 7

Acerca de James Doppelgänger

Generado a partir de un único bit y progresivamente complicado en sucesivas transformaciones (un diluvio y dos glaciaciones, una descarga masiva de ficheros, un encuentro con la Blanca Paloma, algunos trabajos de oficina e innumerables tardes de Champions), James Doppelgänger tiene cinco perfiles LinkedIn, cuatro perfiles Facebook, diez grupos WhatsApp y ha seguido la polémica del secretario papal por Twitter. Sabe cantar gol y es flexible, dinámico, entrepeneur, interdisciplinar y proactivo. Ama el trabajo colaborativo y programa en 115 lenguajes privados, muy a pesar del señor Wittgenstein. Cree en la individuación por tartazos de merengue y en los muslos de pavo siempre infinitos, siempre danzantes, a nuestra disposición. Jamás mata a las cucarachas, pues ellas son el germen de la más perfecta civilización, nuestras sucesoras.

¡Habla, Pueblo, habla!