Los memes y el mundo moderno 

Tras su inocente apariencia, los memes esconden una complejidad que hace que merezcan un poco de esfuerzo en el análisis. De hecho, encierran un giro ultrarracional que puede ayudarnos a entender la revolución contra el mundo moderno que sufre occidente. ¿Por qué demanda el Pueblo volver al pasado? ¿es una decisión tomada, o responde al dictado de lo viral de las imágenes en internet? Si hay imágenes más poderosas que otras ¿tenemos capacidad para determinar nuestra propia cultura?

Demasiado se ha hablado sobre los memes en relación a la selección darwiniana y, ya que tengo que pasar por ello, al menos voy a ser breve. Richard Dawkins, que no es sino biólogo evolucionista, acuñó la palabra meme en su libro The Selfish Gene de 1976. Con ella daba nombre a pequeños elementos culturales que viajan entre personas a través de la copia y la imitación, adoptando otros elementos en el camino. En el 2013, el mismo Dawkins decidió reconsiderar esta definición para el caso específico de los memes de internet, los cuales quedaron determinados como alterados deliberadamente por la creatividad humana, implicando mutación y también una forma de selección darwiniana. Desde entonces han sido compulsivamente estudiados como análogos culturales a los genes, y su capacidad de replicación y supervivencia se ha analizado con ahínco desde principios evolutivos.

¿Existen factores que puedan hacer posible que determinadas ideologías se reproduzcan a través del meme?

A pesar de los esfuerzos, no se ha podido demostrar la existencia de memes con mayor IQ. Los análisis científicos no han encontrado factores específicos que hagan que un contenido imponga su supremacía. Por otro lado, los estudios visuales determinaron que no hay automatismo en la política de la imagen. De existir tales factores, ¿que sería de la capacidad del ser humano para determinar su propia cultura? Nuestra vida sería más sencilla, pudiendo abandonarnos a un patrón histórico ineludible de evolución cultural. O más bien, rendirnos ante los deseos de aquel que descubra el bug de viralidad infinita. Nada que no intenten ya los algoritmos, por otro lado.

Ahora bien, ante la ausencia de pruebas de la existencia de un ADN que predestine a las imágenes al olvido, la destrucción, y en el caso de unas escogidas, la adoración, ¿existen otros factores que puedan hacer posible que determinadas ideologías se reproduzcan a través del meme? ¿Será asunto de la teología? ¿Será acaso real la meme magic, es decir, la capacidad de alterar la realidad a través de los memes por obra y gracia del Dios KEK? Para dar un contexto a este asunto es necesario hacer un poco de historia.

/POL/ y el advenimiento de la alt-right

4chan es un imageboard con relativa moderación en los contenidos, en donde los usuarios postean de manera anónima. En el 2011 4chan creó /pol/ («politically incorrect»), un board dedicado a la discusión sobre política. En poco tiempo pasó a ser la primera señal de que la ideología de la derecha alternativa en EEUU estaba cristalizando en forma de comunidad en Internet.

Es fácil encontrar testimonios de usuarios de /pol/ negando categóricamente una relación entre la alt-right y dicho espacio. Por el contrario, defienden que /pol/ es un lugar de encuentro para mentes libres y bienintencionadas, movidas únicamente por el deseo de cuestionar el status quo, y refugio de jóvenes que se sienten privados de sus derechos y acusan no encajar con los deseos de su generación y de su tiempo.

Independientemente de cómo se definan como individuos o comunidad, la realidad es que /pol/ presenta una ideología dominante, que mucho tiene que ver con la defendida por la alt-right (por ejemplo, oposición a la corrección política, al multiculturalismo, a la inmigración, al feminismo y a la blandura de la derecha). Además, justifican sus discursos en el derecho a la libertad de expresión, la cual, argumentan, está en extinción debido a la tiranía de la izquierda. Todo esto en el contexto político de los Estados Unidos, donde la socialdemocracia de Pedro Sánchez sería poco menos que el espíritu de la USSR reencarnado.

Una estatuílla de rana encontrada en Ebay con un jerogífico en su base establece la «profecía de Kek’: que los devotos creyentes de Trump habrían de llevar su palabra a través del shitposting y el trolleo a las ignorantes masas de normies.

En 2015, cuando Trump comenzó su campaña electoral, /pol/ hizo de él su candidato predilecto. A lo largo de los años, la rana pepe se había alzado como mascota de /pol/, y Kek (sinónimo de lol For the horde!) era una expresión de uso común entre sus usuarios. A partir de aquí, una unión de pareidolia y graciosas coincidencias –entre las que se incluyen el hallazgo de una deidad egipcia con cabeza de rana llamada Kek–, llevaron a /pol/ a un estado de éxtasis verde. En algún momento indeterminado, algún usuario de /pol/ descubrió la estatuilla de una rana en Ebay en cuya base se encontraba un jeroglífico que parecía representar a un sujeto frente a un ordenador y tras éste, algo que se asemejaba a un trenzado (o una cadena de ADN según se mire), que fue interpretado como la ‘meme magic’. /pol/ dedujo de este jeroglífico ‘la profecía de Kek’, la cual dicta que los devotos creyentes de Trump, profético ‘God Emperor’ de KEK, habrían de llevar su palabra a través del shitposting y el trolleo a las ignorantes masas de normies. O lo que es lo mismo, dar muchísimo el coñazo con memes de ranas y demás iconos en todas las redes sociales posibles.

En nombre de esta profecía, y de manera paralela a la campaña electoral, las huestes de /pol/ comenzaron una guerra «santa»: las Meme Wars del 2015-16. Compuestas por varias campañas en redes sociales a full kek potential, las tropas de pro-trumpers se organizaron en 4chan y 8chan para maximizar su impacto. Trump ganó las elecciones y, aparentemente, no fue gracias a la meme magic. Expertos analistas del trolleo y académicos del shitposting como Whitney Phillips, Jessica Beyer, y Gabriella Coleman han convenido que las campañas de memes no fueron una fuerza decisiva para determinar el resultado electoral, a pesar de que sí pudieron influir en cierto número de votantes. En cualquier caso, es difícil cuantificar el efecto, así que no hay por qué culpar a los memes de las decisiones de los votantes.

Orgullosos veteranos de las Meme Wars

Los memes no hicieron ganar las elecciones a Trump, pero Trump sí que ganó la guerra de memes.

Los veteranos de las meme wars afirman haber ganado la guerra de los memes y sin duda, así fue. Al fin y al cabo, fueron los únicos que acudieron a la cita. Si bien podemos decir que hay memes de izquierdas, no ha habido una cruzada paralela iniciada por devotos creyentes del socialismo que reivindiquen con orgullo que la izquierda es demasiado blanda y cobarde (de hecho, todos los movimientos nacidos por la anti-austeridad hace tiempo que sufrieron desbandadas de votantes). No hay meme magic en la izquierda y, de hecho, no hay meme magic más allá de la alt-right. A pesar de que esta derecha alternativa tiene familia en Europa (y con ella, España), no ha aparecido una fuerza organizada en redes que genere memes de semejante calidad en este lado de occidente. Quizás sea porque Europa aún no ha dejado atrás su estado pre-irónico, algo imprescindible en el camino místico hacia el éxtasis secular que encierran los memes. A pesar de esta falta de infantería en Europa, hay un hilo de pensamiento común que da unidad a todas estas derechas que se quieren más a la derecha, y que podemos condensar en  #thegreatawakening. 

La rana Gustavo, una oportunidad desaprovechada de Kek a la española.

 

#thegreatawakening: Ahora Keanu sí que está triste

Podemos tomar lo antes descrito como consecuencia del espíritu nihilista y descreído, signo de los tiempos. Aunque los millennials no nos tomemos nada muy en serio, no cometamos el error de menospreciar la implicación y activismo político de estos memes. Bien es cierto que, como analiza Angela Nagel, los memes no son un síntoma de conservadurismo, sino de una cultura de la transgresión y la irreverencia motivada únicamente por el mero hecho de serlo. Sin embargo, y continuando con el estudio de Nagel, tanto las Meme Wars como la producción diaria de memes en 4chan y 8chan han establecido una estética construida desde posiciones conservadoras y reaccionarias. La cultura de Internet no únicamente, pero en gran medida, se ha configurado con un uso de la ironía relacionada con el trolling y el shitposting que, en último término, busca provocar una respuesta emocional a través del ataque o el descrédito por el mero regocijo (valga el ambiente medieval de Twitter como ejemplo).

Los memes no son un síntoma de conservadurismo, sino de una cultura de la transgresión y la irreverencia motivada únicamente por el mero hecho de serlo.

Por otro lado, los memes hacen visibles realidades y discursos de otra manera indecibles. He ahí su valor y su peligro: hacen visibles conflictos a los que no se les da espacio en los canales de comunicación generales, pero también han servido como una vía de normalización de narrativas que hasta hace poco estaban latentes. La ironía genera un espacio lingüístico inestable en donde uno puede emplear la contradicción como trinchera para justificar todo tipo de opiniones e ideologías. En este contexto, el lol ha pasado a ser salvaguarda para todo tipo de violencias camufladas en la ambigüedad del discurso. No ha de sorprendernos este panorama ya que el humor tiene múltiples caras, y siempre conlleva una carga de realidad. Si bien sirve para sobrellevar aquello que no nos gusta y generar crítica, también funciona como una forma de reconciliación con una realidad que nos desagrada o nos aterra.

Nuestra querida cultura de internet, aquella sobre la que se construyen estos tropos, no solo no es reaccionaria, sino que en sus orígenes era más bien todo lo contrario. Coincidiendo con el cambio de milenio Neo, Jesucristo de la posmodernidad reencarnado en forma de hacker, nos enseñaba que no creer en el destino (y por lo tanto en la cultura como sujeta a un dictado viral) era imprescindible para entender la realidad hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, como bien sabía Morfeo, “el destino, al parecer, no está carente de cierta ironía” y hoy la alt-right y demás retóricas reaccionarias se auto-proclaman adalides del despertar a lo real. Se definen a sí mismos como los únicos capaces de ver la corrupción y la hipocresía de la prensa, de los gobiernos, y de la terrible ‘dictadura de género’ impuesta por la ‘izquierda regresiva’ que ahora rige el mundo.

El salvador del nuevo milenio elegía la píldora roja para unirse a la resistencia, y 20 años después la alt-right la reclama. Al fin y al cabo, de alguna manera comparten genealogía. Como decía al comienzo, /pol/ se dice lleno de librepensadores que solo buscan el bien social, y que sienten que no encajan en el mundo. Si dejamos al margen el victimismo de señores y los posibles memes sobre incels, sería lo mismito que Neo…

A lo largo de los últimos cinco años los memes se han convertido en forma de lucha contra la corrección política, y la corrección política en antónimo de la libertad de expresión. Precisamente, esa lucha contracultural en las redes por la libertad de los sujetos –un discurso que hasta hace no tanto recaía en la izquierda capitaneado por colectivos como Anonymous (irónicamente nacido en 4chan) o Wikileaks, ha cambiado diametralmente de lugar.

El hecho de que la corrección política se haya traducido finalmente en un asunto lingüístico que implica recortes en el léxico ha dado pie a una inversión en términos. Los discursos progresistas han pasado a ocupar el lugar simbólico del represor y el censor, y las posiciones conservadoras y reaccionarias a ocupar las retóricas de liberación. Un reparto que, argumentado sobre esa supuesta dictadura de izquierdas, ha provocado que dichas posiciones regresivas se hagan con el espacio de la contracultura, y haciendo parecer que en el pasado pre-corrección política del lenguaje había una mayor libertad. En efecto la corrección política trae consigo problemáticas (por ejemplo, soterra violencias que son endémicas como afirma Zizek, y genera nuevos malestares en los actos comunicativos), pero en ningún caso el pasado fue mejor.

Aquí se construye una narrativa que comparte todo occidente, que toma forma en millones de memes sobre píldoras rojas, negras, hard to swallow o honk, y que podemos resumir en #thegreatawakening. Este nuevo despertar, post-Neo, es reaccionario y por ello implica un oxímoron un tanto obvio: no hay posibilidad de futuro a través de una vuelta al pasado, porque el paso del tiempo es inexorable. No se puede volver a lo que ya dejó de ser y por lo tanto, este tipo de posicionamientos sólo pueden proponer vivir en un extraño reenactment que, por cierto, nada tiene de irónico.

A la vista de la rápida normalización de la presencia de estas narrativas políticas, sólo la lógica ultrarracional puede explicar la situación. El Pueblo en efecto parece estar conforme con dicha recreación deformada del pasado. Años de vivir en internet y jugar a videojuegos nos han hecho confiar en que la realidad es simulable, y que jugarla no tiene más consecuencias que vergonzosas cantidades de horas invertidas de las que sentirnos orgullosos. Así que, ¿porqué no hacer del espacio político un lugar desde donde cargar una realidad pasada? Siendo pesimistas, esto es consecuencia de lo hiperreal y su destrucción de todas las maneras de relacionarnos con lo real que no sean la simulación.

El hecho de que la corrección política se haya traducido finalmente en un asunto lingüístico que implica recortes en el léxico ha dado pie a una inversión en términos.

Con esta resignificación de lo contracultural que tanto demanda como asume el Pueblo se está dando por hecho que hay establecida una cultura que responde a una idea grotesca del progresismo de izquierdas (que ya es mítico de por sí, en el sentido crítico del término). Sin embargo, lo único que hay establecido es una gestión algorítmica de lo social que, en todo caso, responde a la continua recalificación capitalista de aquella inmensidad blanca que, creíamos, era el desierto de internet en los 2000s. No hay espacio en internet que no esté controlado por algoritmos recogiendo y analizando datos, con la intención de hacer nuestra presencia online productiva en términos económicos.

El debate sobre la corrección política suele citar a Orwell en referencia al uso del lenguaje: quien posee el lenguaje da forma al mundo. Y así es, solo que hoy día el lenguaje son, ante todo, las imágenes y, por lo tanto, los algoritmos que las movilizan. Como bien saben los youtubers y demás asalariados de la red, quien realmente tiene poder sobre las imágenes son las grandes compañías de internet, que nos imponen el lenguaje a emplear o los contenidos que es apropiado publicar y que, además, determinan las instrucciones algorítmicas que hace visibles estos contenidos. Por lo tanto, establecen qué es lo que potencialmente consumimos los usuarios modelando nuestro consumo del futuro a través de nuestro lenguaje del presente.

Creer en Dios es contracultural en un occidente que se quiere secular (lol), pero a través de la ironía el Pueblo ha podido permitirse volver a creer en antiguos dioses y potencias mágicas y ya de paso, en los líderes políticos. El Pueblo ha encontrado en la ironía y en su progenie, los memes, un espacio donde articular sus ansias de reencanto. Ahora bien, este ‘reencanto’ nos lleva a un futuro en el que las diferentes concepciones del mundo se distribuyen violenta y compulsivamente, bajo la creencia de ser la realidad misma.


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