Propuestas para una mejora ultrarracional de Plaza de CastillaTiempo de lectura: 5 min


Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid‘ es un garbeo semanal que parte cada martes de una estación de metro distinta, barriendo el plano por orden de líneas y de norte a sur. Cada garbeo consiste en caminar por donde nos venga en gana y realizar una visita a un bar local. En ellos conocemos al Pueblo en su salsa, interactuamos con él, cantamos a favor de la labadora, etc. Consulte aquí los próximos destinos.

Plaza de Castilla: Falos disfuncionales.
Plaza de Castilla: El rugir del Pueblo en sus automóviles.
Plaza de Castilla: Empleo y Gol wannabe.
Plaza de Castilla: Allá vamos El Medievalista, Imperator, Ano y Sara Dos. Brenda dió la excusa de haberse quedado atrapada en un bucle espacio temporal en el subsuelo de Madrid. Intuimos que prefirió no venir por no abalanzarse cobre los fuertes pero tiernos brazos del capital en MediaMarkt.

Así comenzamos nuestro garbeo: dimos la espalda decididamente y con gesto altivo a los pilares del capital, para adentrarnos en los confines de la inmunda Avenida de Asturias y perdernos en su deliciosa maraña de calles perpendiculares, que forman un barrio con el delicioso nombre de Ventilla. Plaza de Castilla, con sus cajas de ahorros para gerontócratas  y franquicias para jóvenes que ponen el capital al alcance del Pueblo, ha muerto para nosotras. Es una miserable cortina de humo, un teatrillo de Primaria, la puerta hacia un maravilloso páramo donde lo antiguo, la nada y lo moderno libran una batalla a vida o muerte.

Las heridas de esa batalla se manifiestan en forma de infinidad de solares vacíos, que se muestran ante nosotras con enorme interés arqueológico. Algunos son tan grandes que nos parece interesante la idea de convertirlos en circos romanos y organizar carreras de autobuses urbanos, pero decidimos que lo más sensato es dejarlos tal y como están para siempre: desiertos, como símbolos de la supremacía de la nada.

Solares en la Ventilla

Así es la Ventilla

La batalla es una pelea por el poder entre la Generación Ikea-Bienestar y la Tradición Tendedero a pie de calle. Si cada solar es una victoria ante la segunda, proponemos aplicar la Ley de Memoria Histórica y demoler las construcciones más modernas para así gozar de más solares vacíos. Así lo hacemos notar a las vecinas:

Si quiere poner su propio aviso de demolición en un edificio que le parezca particularmente deleznable, descargue el aviso.

La Tradición Tendedero-en-la-Calle

La Ventilla es una montaña rusa, y en cada cuesta que subimos o bajamos una idea se fija en nuestra cabeza: surtirlas de agua para poder deslizar nuestros culos por ellas. Eso es: ¡construyamos un macro-parque acuático! El tobogán más grande del mundo bajaría por toda la Avenida de Asturias hasta la Ventilla, y dos millones de toboganes se expandirían hasta Tetuán y más allá. Por ello, consideramos que el nombre más apropiado para Plaza de Castilla, que ni es plaza ni tiene castillos, sería Plaza de Aquastilla.

Ente las calles de la Ventilla descubrimos el último de los tesoros de la vieja Europa: una suerte de mausoleo rosa gigante completamente amurallado e inaccesible. Pudiera tratarse de unas ruinas de la antigua Grecia, tal vez algún historiador del Arte o experto de Twitter a quien el azar o un mal enlace le haya traído hasta aquí pudiera aclararnos este punto. Sospechamos que las murallas son obra de las vecinas, en un desesperado intento por evitar la inminente turistificación de la zona. Apoyamos la medida y tomamos nota.

Pero sin lugar a dudas la mayor inspiración del garbeo viene de una puerta que captó fulminantemente nuestra atención. Sobre ella un cuadro de la Última Cena nos dice que estamos en un buen lugar. Al lado, un cartel anuncia que se restauran camas y lámparas. Sobre la puerta, un relamido cuadro de unos búhos. “José de Diego Díaz”, dicen unas letras. Inevitablemente llamamos y José, un hombre de avanzada edad, nos recibe con mucho gusto.

José es un personaje singular: el último artista de Plaza de Castilla. Es restaurador, escultor, poeta, pintor y, ante todo, artista del collage con objetos, como él mismo se define. Ignorado durante décadas por los medios de comunicación, viviendo para y por su pequeño taller, un hombre estoico e iconoclasta como pocos quedan en el Bando Tendedero. Desde Homo Velamine lo reivindicamos y deseamos que algún día su trabajo pueda ser reconocido como merece.

Hay un rincón en Madrid junto a la Plaza Castilla,

un artesano que tiene un montón de maravillas.

Tengo esculturas de papel y también de cristal,

tengo esculturas de bronce y también de madera.

Para todo aquel que quiera venir a verlas

con alegría e ilusión le daré una explicación.

 

Recordad siempre, como nos dijo José, que los hombres nos matamos por el agua y no por el dinero, que el agua es la Fuente de la Vida. Sin embargo, al llegar a casa releemos Mazurca para dos muertos y comprobamos que Camilo José Cela lo escribió bien, pues la frase completa decía: se dice que las aguas vuelven siempre a sus cauces y no es verdad.

¡Reciba la bendición de Homo Velamine en su hogar y ayude a preservar el ultrarracionalismo!

 
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¡Habla, Pueblo, habla!