Propuestas para una mejora ultrarracional de Lacoma

La serie‘Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid‘ son garbeos que parten cada vez de una estación de metro distinta, barriendo el plano por orden de líneas de norte a sur.

Jueves, 10 de noviembre de 2022, siete y media, estación de Lacoma, línea 7, salida Riscos de Polanco, Madrid. Nos damos cita otra vez para llevar a cabo otro burocrático recorrido por un nuevo barrio feo y deprimente de la ciudad más fea y deprimente del universo. En esta ocasión nos juntamos Ano, Zumogris, Mr Satán, Cadaunoesdesupadreydesumadre, Grima, Imperator (un servidor) y dos nuevos figurantes atraídos por nuestro recién estrenado éxito social propiciado por el libro de Juan Soto Ivars que narra nuestras desventuras, reuniendo así seis nabos y dos higos y dando al traste con la paridad obtenida en el garbeo anterior. Además los nuevos son demasiado guapos, demasiado jóvenes, demasiado entusiastas. Pero bueno, la mayoría de gente me cae mal de entrada, así que esto no quiere decir nada, aunque intenté que se sintieran incómodos dirigiéndoles miradas hostiles en todo momento. Hasta que no se integren no hay apodo ultrarracional para elles, ni siquiera mención.

Si me entretengo en narrar estos pormenores que no interesan a nadie y que no vienen a cuento de nada es porque ya no se me ocurre qué más podemos contar de los garbeos, tras cinco años arrastrando nuestra osamenta por suburbios indistinguibles y a falta aún de seis largas líneas nuestra habilidad de asombrarnos e ilusionarnos por el descubrimiento tanto de patrones ocultos como de pequeños detalles extravagantes se ha visto severamente atrofiada. Tampoco ayuda el hecho de que en vez de dirigirnos hacia lo desconocido nos aferráramos a las rígidas normas que nadie nos ha impuesto y legáramos la misión de conducirnos a los nuevos miembros para que fuera el azar el que nos guiase, acabando una vez más en el barrio de El Pilar al igual que en los dos garbeos anteriores. Podríamos habernos dirigido conscientemente hacia el hipódromo de la Zarzuela, pero no, teníamos que recorrer el camino ya trillado en pos de la ortodoxia psicogeográfica.

Otrora encontrar una palmera en un parterre rodeada de toldos verdes nos resultaba tan estimulante como el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de operaciones, ahora nos parece tan predecible como el encuentro de agujas y carretes de hilo en el interior de una caja de pastas danesas.

Antes nos apasionaba saltarnos vallas para explorar estructuras ruinosas en descampados amenazantes, ahora nos parece tan anodino como rellenar la declaración de la renta.

Agotadas las ideas (nótese que a pesar de que esta sección se titula Ideas para una reforma ultrarracional de Madrid hace ya muchas crónicas en las que no proponemos ninguna), nos metimos en una lavandería para ofrecer una misa en latín en loa de la santa labadora porque por qué no.

Extraviados existencialmente en un entramado callejero ya demasiado trillado consciente o inconscientemente derivamos hacia la forma más baja de garbeo, el garbeo gastronómico, es decir, el consistente en buscar las tabernas más prometedoras de la zona en busca de bebercio y manduca cuya deglución nos permita simular el fracaso de la expedición abandonando así todo intento de vínculo real entre nosotres y sustituyéndolo por una relación mediada por el consumo estandarizado (¡qué asco, Señor!).

Tras degustar las exóticas palmeras industriales rellenas de los colmados inmigrantes de la zona nos dirigimos al célebre bar de Pepe el guarro, el cuál cumplió con las expectativas que habíamos puesto en él: jarras de cerveza y fuentes de pollo frito. El propio Pepe (muy limpio, apodado el guarro por la costumbre de sus clientes de tirar los huesos de pollo al suelo) vino a saludarnos y a contarnos cómo había levantado el sitio. Su relato y su presencia mitigaron el mal sabor de boca que me había dejado el garbeo, reconforta saber que todavía existe gente que supo darle sentido a su existencia, espero que los nuevos tomaran nota de cómo luce un hombre íntegro y lo adopten como modelo a alcanzar.

En fin, bofetón de realidad, dentro de un periodo indeterminado de días nos tocará fichar en el siguiente garbeo, estación Avenida de la Ilustración, que promete ser especialmente aburrido, ya que se encuentra en el meollo del barrio de El Pilar, distrito que hemos recorrido extensiva e intensivamente los tres últimos garbeos. Publicaremos como siempre la convocatoria en redes así que permanezcan atentes si quieren acompañarnos en este absurdo devenir literal.


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