Propuestas para una mejora ultrarracional de Miguel Hernández

Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid‘ es un garbeo semanal que parte cada martes de una estación de metro distinta, barriendo el plano por orden de líneas y de norte a sur. Cada garbeo consiste en caminar por donde nos venga en gana y realizar una visita a un bar local. En ellos conocemos al Pueblo en su salsa, interactuamos con él, cantamos a favor de la labadora, etc. Consulte aquí los próximos destinos.

La inminente llegada de los martes suele producir en mí una sensación de alegría y desasosiego simultánea. A continuación os describo por qué: El Desasosiego se produce porque los lunes inicio mis tareas de Medievalista profesional, es decir, me sumerjo en los textos que estoy estudiando, deleitándome con cómo las personas del siglo XIV hacían ribetes en algunas grafías hasta el punto de inventar un sistema de escritura que sólo los medievalistas podemos comprender, y por todo ello, cuando me doy cuenta de que me espera una quedada ultrarracional para recorrer puntos de Madrid que nada tienen que ver con el Marqués de Santillana, con Cervantes o con la muralla musulmana de Ópera, siento que me están arrancando del contexto que tanto me gusta estudiar. No obstante, después de esa frase tan larga, ahora procedo a explicaros por qué siento alegría a la vez: los garbeos me fascinan, el pasear por los barrios y conocer a sus gentes, ver las mercerías, las carnicerías, las ferreterías, los bares y todos esos establecimientos que sacan a la luz las necesidades más básicas del ser humano, siento que soy algo más básico y primitivo que la florida erudición que llevo dentro. Otro tipo intenso como yo es Nick Cave, quien tiene una canción muy hermosa que habla del Bosón de Higgs y Miley Cirus es decir, mezcla churras con merinas como hacemos nosotras en nuestros garbeos. En esa misma canción canta un verso que a Brenda le pone muy triste, Nick Cave llora que: «Rainy Days Always Make me Sad», esto es, «cuando llueve y es martes me quiero morir y que me arrolle un coche en la avenida Albufera».

Ayer martes habíamos quedado en Miguel Hernández, una estación de metro en las profundidades de Vallecas. Poco a poco vamos parada a parada, garbeo a garbeo, sumergiéndonos hasta la Cañada Real Galiana que, como todo el mundo sabe, el centro geográfico de la España peninsular se encuentra ahí y no en la Puerta del Sol. Quizá el señor o señora al que se le ocurrió la fantástica idea de dedicarle a un poeta de relevancia en la literatura española del siglo XX una estación de metro situada en la principal avenida de un barrio obrero pensó que era una buena idea. Quizá, pensó, es una buena idea dejarles a los obreros que sueñen con la poesía, con una vida mejor, quizá también es bueno que los niños de los obreros piensen que pueden llegar a ser poetas, a triunfar, vengan de donde vengan. Mucha gente del norte de Madrid piensa que poesía es darle al intro mientras escribes frases cortas y tontas, pero en Vallecas saben, gracias a Miguel Hernández, que eso no es verdad.

El héroe vallecano de la poesía era un simple pastor de ovejas de Orihuela, no conocía demasiado el metro ni Vallecas ni Madrid ni las necesidades de los obreros que viven aplatanados entre el pitido que avisa que el tren parte y el pitido que avisa que es la hora del café. Sin embargo, escribió un poema dedicado al suicidio en el metro y a continuación todo le salió bien hasta que murió a fuego lento de tuberculosis y no rápido y mal, como Federico García Lorca, por ser rojo o gay.

¡Metro!: ¡qué noche oscura 
para el suicidio del que desespera!: 
¡qué subterránea y vasta gusanera, 
donde se cata y zumba 
la labor y el secreto de la tumba! 

Un admirador de Miguel Hernández complementa el cartel de homenaje con sus versos favoritos, anteriormente mencionados.

Si os quedáis con las ganas, podéis leer el poema completo en internet, se titula: EL SILBO DE AFIRMACIÓN EN LA ALDEA, así en mayúsculas. A la concejala o concejal, tal vez fuera Esperanza Aguirre cuando ocupaba la cartera de medio ambiente, que se le ocurrió ese nombre no se le vino en mente que estaba haciendo una putada a los obreros al asociarlos con el sector aun más primario de la ganadería. Habría sido mucho mejor que pusiera ese nombre a alguna estación de metro en los barrios de Salamanca o Retiro para que la alta burguesía no perdiera el vínculo con la gente que les da de comer.

Bueno, pues en Miguel Hernández descubrimos que todos los barrios de la periferia son muy similares. De hecho, vimos la colisión de dos coches en la avenida Albufera bajo la lluvia y eso a Sara Dos le pareció una premonición de la tragedia que nos devoraría después pero no adelantemos acontecimientos. La periferia del sur del Madrid es un espejo de sí misma: todo se repite. Están llenos de comercios que intentan dar cabida a las necesidades del cuerpo. Hay ofertas muy suculentas de Fairy, detergentes, servilletas, alpargatas, cinturones y pescado. Están también llenos de bares y llenos de centros religiosos que que intentan paliar las necesidades del alma. Uno de ellos es la Iglesia Evangélica Asamblea Cristiana de Madrid, a la que entramos gracias a la invitación personal de D. Bernardo, el pastor y director del culto que hablaba como habla Pablo Escobar en la serie Narcos. Nos dijo que ahí dentro no se hacían distinciones entre payos, quinquis y gitanos porque todos somos personas humanas de carne y hueso. No obstante, nosotros destacábamos mazo como personas al sentarnos en la última fila sin comer perritos calientes y sin hablar a gritos como hacían los feligreses. Yo me salí de ahí enseguida y me fui a beber vino a un bar de viejo, como buen Medievalista. El resto de mis compañeras, según me contarían a continuación, disfrutó con la celebración: cánticos y llantos bajo una luz ambarina y a la vez fluorescente en un sitio que parecía un centro social, un centro de ancianos y un centro de menores, todo a la vez con la coletilla guateque.

En un giro dramático de los acontecimientos, mientras estaba en el bar de viejo como buen Medievalista, dio la casualidad de que mi teléfono móvil se quedó sin batería así que estaba de repente en los 90: mis amigos ultrarracionales decidieron repartirse para buscarme a lo largo y ancho de todo ese barrio.

Yo era Chencho, Vallecas la Plaza Mayor y esta crónica parece el guión de La Gran Familia, película que define a la perfección el segundo franquismo español, como bien hace Vallecas, anexionada a Madrid durante el primer franquismo. Vallecas define todos los franquismos y por eso nos fascina. Volviendo a mi desaparición, la tarea parecía bastante fácil en un principio, pues sólo implicaba rastrear los bares de alrededor. Lo que ocurre es que Vallecas, con sus 72’36 km2, tiene más bares que los 450.295 km2 de Suecia entera.

El grupo formado por Anónimo, Joseluis el catalán y dos invitadas especiales mujeres (pertenecientes al colectivo transdisciplinar NADA) me encontró cuando ya me estaba acabando la tapa que acompaña al vino. Como en el bar había muy buen ambiente, pues muchos señores insultaban a los futbolistas que aparecían en la tele, decidimos tomarnos otra ronda. La interacción con el Pueblo no tardó en llegar: una de nuestras invitadas le dijo a un señor que ella era más del Atleti que del Real Madrid y el señor le respondió: “Eres muy guapa para ser del Atleti”. La frase no tiene desperdicio porque de una vez por todas el señor nos está enseñando cómo superar la rivalidad entre los dos Madrides, que no son otra cosa que la representación del siglo XXI del mito de las dos Españas. Las dos Españas se superan por la belleza. Da igual la ideología que tengas, nadie puede resistir a la belleza. Si hubiésemos sabido esto antes, nos habríamos ahorrado una guerra civil y medio siglo de franquismo pero entonces no hubieramos podido disfrutar de sus excelentes películas con Amparo Soler Leal, Pepe Isbert o José Luis López Vázquez. Mil veces mejor que Ocho apellidos catalanes.

Tres taburetes vacíos representan la dramática ausencia de Brenda, Sara Dos y Rasomon

Al final de la película de La Gran Familia, los protagonistas encuentran a Chencho como me encontraron a mí, y además la madre descubre que está esperando su decimosexto retoño, es decir, tiene un final feliz. En la vida real, es decir, ayer martes, los ultrarracionales no superamos la escisión que se había producido por mi búsqueda y se lió un poco la de Dios es Cristo y volaron los cuchillos: Jerónimo García, el de los cartelitos, pensó que sería buena idea que los dos grupos ultrarracionales recorrieran el barrio para sacar distintas conclusiones de un mismo lugar, como hacían ya otros intelectuales del pasado con aficiones parecidas a las nuestras. Lo que ocurre es que no lo comunicamos bien porque los emoticonos de Whatsapp no representan mensajes tan complejos. Así que cada grupo por separado se dedicó a ir de bar en bar toda la noche, sin analizar nada más allá de las tapas típicas de la zona. A Brenda, Rasomon y Sara Dos les pusieron gambas al ajillo, a nosotros unas miserables aceitunas, sandwich mixto, fuet y queso. La escisión del grupo supuso que pudiéramos comparar las tapas tradicionales de Miguel Hernández y que Brenda tuviera una excusa tonta para montar una ruleta de las suyas, esto es, en vez de aceptar la escisión, que una parte del comando ultrarracional fuera a babor y el otro estribor, Brenda cogió la escopeta verbal y la cargó, Rasomon trató de retenerla para que no arreglara la situación a tiros pero Brenda pudo resolver la situación hablando y atacando sin ningún tipo de elocuencia. Sara Dos en cambio fue mucho más comprensiva y rápidamente generó un sistema de archivo ultra rápido de la situación en una carpeta de su cerebro que, por supuesto, está muy cerca de la papelera de reciclaje: “Yo intento que todas estas cosas me den igual“, dijo apurándose la cuarta cerveza mientras Brenda lloraba y Rasomon se reía. La verdad, fue terrible. La izquierda nunca ha sabido organizarse y en nuestra deriva por Miguel Hernández lo hemos podido comprobar.

Nuestra propuesta de mejora para Miguel Hernández es que se mejoren las telecomunicaciones y que los tuits sean considerados poesía.

Este es el mapa que le quedó a Brenda, Rasomon y Sara Dos. Nosotras, las listas, las buenas, las guapas, llegamos hasta El Pozo del Tío Raimundo ;)

 


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