Propuestas para una mejora ultrarracional de Pueblo Nuevo

Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid‘ es un garbeo semanal que parte cada martes de una estación de metro distinta, barriendo el plano por orden de líneas y de norte a sur. Cada garbeo consiste en caminar por donde nos venga en gana y una visita a un bar local. En ellos conocemos al Pueblo en su salsa, interactuamos con él, cantamos a favor de la labadora, etc.

Por quinto garbeo consecutivo, la comitiva ultrarracional de mejoras urbanisticas ha comenzado su andadura desde la sempiterna calle Alcalá, en esta ocasión partiendo de la parada de Pueblo Nuevo. Aún quedan dos estaciones de metro más ubicadas en esta emblemática avenida antes de pasar a explorar las inmediaciones de Carabanchel, y lo cierto es que no podemos evitar que nos aflija la monotonía ante esta perspectiva. Atrapadas en un deja vú infinito, nos parece que llevamos años viendo las mismas casas de apuestas, las mismas inmobiliarias (vendotucasa.es), incluso los mismos viandantes. Torcemos en la primera perpendicular con la que nos encontramos y empezamos a explorar la zona.

Dios salve al Langostino Santo.
Oferta anticrisis: Cortese dos pelos y pague uno
El #Kapebar es Trending Topic en el barrio.
En este establecimiento está prohibida la entrada a mascotas y ositos de peluche.
¿Homenaje o plagio?

El típico trazado en damero que prevalece en todo el barrio queda interrumpido por un amplísimo recinto deportivo con campo de fútbol y pista de atletismo donde los chavales entrenan duro persiguiendo sus sueños. Pero lo verdaderamente interesante se encuentra en la acera de enfrente. No podemos evitar detenemos asombradas ante este monstruoso commieblock que en nada tiene que envidiar a los construidos más allá del Telón de Acero.

Tenemos muchas ganas de subir a la azotea para disfrutar de las vistas, que suponemos deben ser espectaculares, así que entramos en el edificio probando suerte. Pero, para nuestra sorpresa, el portero nos detiene y nos pregunta a que piso nos dirigimos. Le decimos que al quinto A y nos responde visiblemente molesto que no existe ningún quinto A en ese bloque. Sobre la marcha nos inventamos que nos hemos equivocado de edificio (lo cual es bastante dificil de creer, a decir verdad) y nos escabullimos de allí como podemos.

No nos queda más remedio que admirarlo desde la lejanía.

Volvemos a perdernos por las calles de Ciudad Lineal y, tras recorrer unas cuantas manzanas, llegamos a una zona que nos resulta familiar. Pronto nos damos cuenta del porqué: estas calles ya las hemos recorrido en el último garbeo de la linea 2, hace ya casi un año. ¡Nos hacemos viejas!

¿Como ibamos a olvidar estos bloques de viviendas?

Damos la vuelta para buscar nuevas aventuras, no queremos repetir las antiguas. Volvemos a las eternas manzanas y a los abigarrados comercios en los que los tenderos dan rienda suelta a su imaginación.

Muy buen uso publicitario del posinglés.
¿Es este el Hiper Usera más alejado de Usera de todo Madrid? Probablemente.
Llamadas, recargas, impresiones, Internet y naranjas. ¿Quien da más?
Classic WordArt

El hambre y la sed empiezan a apretar y buscamos un sitio donde refrescar el gaznate y realizar nuestra cata de braviolis semanal. Esta vez tenemos suerte y encontramos una bocacalle en la que se ven dos bares que nos inspiran bastante confianza.

Nos ha parecido una estampa tan instagrameable que nos pasamos un poco haciendo fotos.

Llegamos a la plaza y descubrimos que allí está situada la parada de metro de Barrio de la Concepción. Lo cierto es que es un sitio bastante bonito, incluso tiene cierto aire majestuoso. Los vecinos aprovechan que hace buena noche y disfrutan sus cervezas en las terrazas de los soportales.

Tras reponer fuerzas pensamos en alguna propuesta, pero no se nos ocurre gran cosa. En nuestras andanzas de hoy hemos recorrido o bien zonas que ya vistas en anteriores garbeos o bien zonas que se parecían enormemente a las vistas en anteriores garbeos. Teniendo esto en cuenta, resulta dificil idear nuevas mejoras. Pero aún tenemos esperanza y confiamos en que algo se nos ocurrirá.

Se nos ha hecho ya de noche, pero aun nos da tiempo a dar un pequeño paseo antes de buscar la parada de metro más cercana. Apuramos las cervezas y salimos del bar.

Mientras pagamos la cuenta, algunos de los parroquianos se acercan al televisor: alguien ha marcado Gol.

Avanzamos en dirección al centro de la ciudad y pronto el paisaje cambia. Las cuadriculadas manzanas con sus múltiples comercios en cada una de ellas dan paso a bloques enormes de edificios.

Incluso entramos en el gigantesco patio de uno de ellos, donde vemos un bar abierto y restos de botellas desperdigados por las escaleras.

Aquí no hay tiendas en los bajos, sólo columnas que nos sirven para caminar entre ellas, bajo toneladas de hormigón armado. Entre bloque y bloque hay alguna que otra pequeña edificación poblada por diversos establecimientos. Uno de ellos, el bar La Plaza, nos llama particularmente la atención, y cuando paseamos por fuera del recinto la dueña del bar nos invita a entrar y nos enseña, en la parte trasera del local, una espaciosa terraza ajardinada desde la que se pueden disfrutar de muy buenas vistas.

Pero conforme vamos avanzando observamos algo curioso. Las columnas que sujetan los edificios dejan un espacio libre por el que cada vez nos cuesta más pasear, ya que los vecinos del barrio han decidido llenarlo de coches.

Durante toda la linea 5 hemos pasado por zonas en las que la densidad de coches aparcados por metro cuadrado era elevada, pero aquí baten todos los records.

¡Un hueco libre!
Las señales prohibiendo aparcar en medio de la rotonda no amedrentan a los conductores.

Seguimos avanzando y a lo lejos se empieza a divisar una torre blanca de motivos árabes. Estamos en el Centro Cultural Islámico de Madrid o, como la conoce todo el mundo, la Mezquita de la M-30. Inaugurada en 1992, es una de las más grandes de toda Europa.

Nos dirigimos ya a la calle Alcalá en busca de la parada de metro más cercana, y por el camino se nos ocurren finalmente dos propuestas, cuyo objetivo es facilitar a los vecinos de la zona el estacionamiento de sus vehículos y así liberar el espacio público. La primera sería instalar un ascensor para coches en los edificios del barrio, de tal forma que los conductores puedan dejar sus autos aún más cerca de la puerta de su casa de lo que lo hacen ahora. En caso de que esta medida no fuese suficiente para descongestionar la calle, nuestra segunda propuesta es utilizar como aparcamiento el Centro Cultural Islámico. Como muestra de respeto, será requisito fundamental que los vehículos sean estacionados en dirección a La Meca.

O también pueden hacer como nosotras, dejarse de coches, y desplazarse por los subsuelos de la gran ciudad.

¡Habla, Pueblo, habla!

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