Propuestas para una mejora ultrarracional de Quintana

Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid‘ es un garbeo semanal que parte cada martes de una estación de metro distinta, barriendo el plano por orden de líneas y de norte a sur. Cada garbeo consiste en caminar por donde nos venga en gana y una visita a un bar local. En ellos conocemos al Pueblo en su salsa, interactuamos con él, cantamos a favor de la labadora, etc.

Como bien sabrán nuestras lectoras, es ya una costumbre ineludible para nosotras terminar los garbeos degustando una contundente ración de braviolis en algún bar de la zona. Semana tras semana, hemos probado las patatas y las salsas de muchas de las tascas del extrarradio madrileño, lo que nos ha convertido en expertas catadoras. En la plaza de Quintana se encuentra el Docamar, famoso bar cuya especialidad son las bravas, las mejores de todo Madrid para muchos. Temerosos de finalizar nuestro garbeo muy lejos de aquí y no tener ocasión de comprobar si las patatas son para tanto o no, Imperator y Enrique el Ultrasur aprovechan la tardanza de algunos miembros de la comitiva para entrar y pedir un par de cañas, con las que viene adjunta la deseada tapa.

Nos dan a elegir entre salsa brava, cabrales o alioli, pero no dudamos ni un segundo en escoger la primera. Algo más picantes que la media, Raspilla advierte que tienen cierto sabor a chicha, pero todas concordamos en que la fama es merecida. Estabámos algo temerosas de que el bar ya hubiese sido totalmente gentrificado, y aunque si que se advierten algunos toques de inspiración malasañera, como la tipografía de la carta o las botellas de salsas perfectamente alineadas en la balda, el sitio conserva su estética tradicional.

Un par de cañas después salimos a la intemperie para comenzar nuestro garbeo. Damos una vuelta por la plaza de Quintana donde, además del Docamar, hay ubicadas unas cuantas tiendas de ropa, una sidrería asturiana y un 100 Montaditos. Famosa por ser el epicentro del mercado de compraventa de cromos los días festivos, el resto de la semana la plaza está tomada por la gerontocracia, que reproduce obscenamente los inveterados roles de género: mientras los ancianos juegan a las cartas, las mujeres pasean curiosas por delante de las tiendas de ropa.

La semifinal de brisca ha despertado mucha excitación entre los allí presesntes.

En cuanto nos alejamos de la plaza, sucede lo inevitable: vamos a parar a una zona en la que ya hemos estado. Intentamos descubrir algo nuevo, pero resulta imposible, es como si la calle Torrelaguna nos atrajese como un imán. Volvemos a pasar por algunos de los bares ya visitados la semana pasada.

No habíamos advertido este novedoso uso de las comillas en el Bar La Plaza.

Ya empezábamos a ponernos algo nerviosas cuando, por fin, conseguimos llegar a una zona aún no hollada por nuestra comitiva. Enormes edificios de oficinas se extienden ante nosotras, pero hay uno de ellos que nos causa especial impresión.

¿Estamos en Madrid o en Gotham City?
En Quintana no solo son intensitas las bravas del Docamar, la publicidad también.
Sopesamos la idea de encaramarnos a esta extraña jaula cuya función nos es desconocida, pero acabamos por desistir. Cada vez somos menos punkis.
Echamos en falta que una parte del texto estuviese escrita en amarillo sobre fondo blanco.

Poco a poco nos embarga la extraña sensación… de que Batman puede aparecer en cualquier momento.

Y lo cierto es que si Bruce Wayne apareciese por allí, podría hacerlo paseando su majestuoso Batmovil por la Avenida de la Paz.

Sí, la echábamos de menos.
Cruzamos el puente sobre la M-30 para abandonar Ciudad Lineal y llegar a Salamanca, donde nos reciben con estas hermosas y relucientes pistas de padel. Ah, volvemos a casa, queridas.

Habida cuenta de que hemos vuelto a una zona en la que ya habíamos estado en el anterior garbeo (el Tanatorio de la M-30, al lado de la Mezquita) no nos queda más remedio que buscar fortuna en el interior de la almendra central. Se podría pensar que en el distrito Salamanca sólo nos vamos a encontrar con amplias avenidas en las que comprar joyas, pero la mayoría de calles por las que pasamos son bastantes similares a las que hemos visto en Ciudad Lineal.

Breakfast at The Garbage.
¡Alquila de forma segura y flipalo en colores! ¡Mira mi mano! ¡Es enorme!

Pero como no podía ser de otra manera al estar ya en una zona noble, nos encontramos con sitios en los que se presume de casticismo.

Aquí es donde los madrileños de verdad se refugian de los provincianos.
Hogar dulce hogar.

Estamos cerca de Avenida de America y podemos disfrutar de la vista de las Torres Blancas, que hoy hacen honor a su nombre y no están llenas de roña que las ennegrezca.

Decidimos acabar el garbeo como lo empezamos: en un bar. Buscamos por la calle Cartagena, y pronto damos con uno que nos encandila por tanto por su nombre como por su especialidad.

Nada de romperse la cabeza: estamos en Cartagena 73 y la cafetería se llama Cartagena 73. Simple, sencillo y para toda la familia.
Este pareado nos resuelve cualquier duda que pudiesemos albergar sobre la idoniedad del sitio.

Pedimos la tortilla (que efectivamente, estaba muy buena) y unas cervezas. Finalmente el garbeo ha sido más fructífero de lo esperado pese a que hemos tenido que hacer malabares para llegar a zonas aún no exploradas. Y aunque es cierto que ya hemos peinado todo Ciudad Lineal y alrededores, siempre quedará algún resquicio sin descubrir y algún bar que nos sorprenda. Bien sabrán nuestras lectoras que España es el pais con más bares por habitante, así que nuestra única propuesta, más allá de pedir al Ayuntamiento de Madrid que no haga las paradas de metro tan cerca unas de otras para no entorpecer nuestra labor, es no dormirnos en los laureles, mantener nuestra primera posición en el ranking, y que nunca deje de faltar un sitio donde tomarte unas braviolis y charlar con los amigos.

Bravas en Docamar y Tortilla de patata en el Cartagena 73, ¿quien da más?

¡Habla, Pueblo, habla!

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