Qué hacer si el ayuntamiento de Carmena amenaza con derribar tu edificio

Vecinos histéricos, caras descompuestas por el pánico y llamadas furiosas al Ayuntamiento de Manuela Carmena. Es la reacción lógica cuando te encuentras en el portal de tu edificio un cartel del Ayuntamiento que te avisa de la inmediata demolición de la finca, y que advierte a todos los inquilinos de que serán reubicados próximamente. Está pasando en Madrid, concretamente a lo largo de la línea 1 de metro. El supuesto aviso oficial reza así: “Con motivo del plan del Ayuntamiento de Madrid de mejorar la imagen de la ciudad, el edificio sito en la calle ______________ nº ___ será demolido en __________ de 20___”.

Se trata, por supuesto, de una broma. O más bien, de una acción artística y agitadora del colectivo Homo Velamine, el grupo de genios responsables, entre otras muchas gestas, de haber metido un cura y dos monjas de pega, los cleroflautas, en el congreso podemita Vistalegre II; de haber ofrecido a Mariano Rajoy en Génova el apoyo de los hipsters el día de su victoria electoral; de organizar alrededor de la expresidenta de la Comunidad el grupo FEA (Feministas con Esperanza Aguirre), o de cortar la Gran Vía de Madrid con una manifestación en contra del progreso, los coches y el mundo moderno en general.

Esta vez, su acción ha causado el pánico, la furia y también las carcajadas de un montón de habitantes de la capital. Llaman a los timbres haciéndose pasar por el cartero y dejan el aviso pegado cerca de los buzones, donde suelen aparecer esta clase de papeles oficiales. El cartel es un artefacto artístico que remueve al espectador como pocos, especialmente si éste vive en el lugar donde está colocado. Su diseño da el pego, pero basta empezar a leer el texto para cautivarse y descojonarse a partes iguales.

Dice el texto que el edificio “incumple los principios de Geometría Proporcionada y Buen Gusto, y ha sido catalogado en el nivel 5 (de 5) de Bajeza Moral”. Avisa de que, en consecuencia, durante los próximos días se pondrán en contacto con cada inquilino para conocer su situación y facilitarle una nueva vivienda, “con el convencimiento de que el cambio subsanará su laxitud estética y prevendrá la laxitud moral”. Finalmente, remite a la web del Ayuntamiento madrid.org y a un número de teléfono móvil.

Al otro lado de la línea, contesta Anónimo García, alma máter de los ultrarracionalistas, hombre de luengas melenas y bigotillo elegante y demodé. Dice que le han llamado algunos vecinos alarmados y que él, en todo momento, ha dicho que efectivamente trabaja en el ayuntamiento y que el cartel va totalmente en serio. Unos se lo han tomado mejor que otros. Anónimo en ningún momento dice que va en broma. Queda a la comprensión lectora de los madrileños tomar en serio o a chufla el cartel y la conversación.

Unos se lo han tomado mejor que otros. Anónimo en ningún momento dice que va en broma

Anónimo dice que su objetivo inmediato “es cubrir sistemáticamente todo el plano de metro, empezando por la línea 1 y acabando por la 11, partiendo cada semana de una estación distinta. Tras cada recorrido hacemos un pequeño texto con nuestras observaciones, en una serie que llamamos Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid”.

Desde Homo Velamine, animan a los madrileños a descargar el aviso, imprimirlo, y colocarlo en edificios de la capital que les parezcan especialmente deleznables o que atenten contra el buen gusto particular. Siempre, claro, de acuerdo con la estrafalaria “normativa vigente”, que según se lee en el escrito de tintes situacionistas, dice así:

“Ley 17/201/ Reguladora de Psicogeografía Urbana

ARTÍCULO PRELIMINAR.- Las ciudades hacen a las personas y viceversa. Los edificios anodinos imponen a sus habitantes pesadez y resignación; la línea recta y la amplitud exponen al ser humano a los elementos, lo reducen a la insignificancia y asfixian su pensamiento. La monotonía de las paredes de ladrillo, sin establecimientos donde parar y sin una sorpresa o detalle sobre los que pueda recaer la vista, desaniman del paseo, y con él del encuentro fortuito y la aleatoriedad. Este ambiente deja un poso severo sobre quienes lo habitan: el aburrimiento, la frialdad y la desazón ante la vida secuestrarán a sus habitantes, privándoles de toda imaginación. La presente ley tiene por objeto poner fin a estas situaciones deshumanizantes.”

Artículo publicado originalmente en El Confidencial


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