Repartimos palazos. ¿Prefieres darlos o recibirlos?

«Cantabria despiede a su gran mecenas». El Pueblo aplaude a la oligarquía.

Dentro del capitalismo, la lucha contra el cambio climático, la desigualdad, etc. tienen naturaleza de problemas donde la pescadilla se muerde la cola. El capitalismo depende esencialmente de asimetrías sociales y geográficas. En la economía-mundo, para que unos ganen, otros tienen que perder. Del mismo modo, la posibilidad de perder, o de llevárselo todo, es el máximo incentivo que existe para dinamizar la economía continuamente. Ocurre un poco como con el trabajo: buscamos un trabajo por miedo al palo de quedarnos sin comer, o bien directamente buscamos un trabajo que nos enriquezca, pero esto equivale menos a buscar una zanahoria que a huir de donde se reparten palazos. Mejor aún: si la cosa consiste en repartir palazos, uno típicamente prefiere estar detrás que delante del palo.

Lo importante aquí es notar el carácter esencial del factor asimetría: a veces parece que no hay suma cero, pero hasta cierto punto debe haberla, porque lo contrario sería contraproducente. Y, en la cadena de valor y poder, quienes están arriba, o tiran para arriba, son quienes se pueden permitir ser morales y tener iniciativas biensonantes. Todo esto tiene sus límites, por supuesto, ya que, por ejemplo, sabemos que cuanto más rico seas, más CO2 emites Y PUNTO.

Pero centrémosnos en el punto del post. ¿Por qué España tiene una derecha y una clase empresarial tan patética, corrupta, inepta y vil? Pues, en gran medida, porque la historia nos ha llevado a ser una economía semiperiférica o de medio pelo. En una tal economía, tienes algo de margen de acción, pero esencialmente te acomodas como puedes a las migajas que dejan las economías potentes. Tus sectores, entonces, son sectores donde prima la explotación bruta en términos de calidad del trabajo, horas extra impagadas, etc. en lugar de la extracción de plusvalía relativa via explotación del talento, de nichos especializados de clientes, y de tecnología punta.

Ejemplode la clásica empresa-burbuja creada en España por corruptos al amparo de favorcillos en ayuntamientos.

En estos últimos, los sectores de vanguardia, el empresario puede ser más cool y progre, véase Elon Musk o Bill Gates, y aun así conocemos numerosos detallitos nada halagüeños de estos personajes. Pero si tu estructura productiva está basada en turismo, restauración, ladrillo, etc. donde los márgenes de beneficio son menores y dependen de la precariedad y los favores, pues pasa lo que pasa. Y peor todavía si te debes a una economía de sweatshops, extractivismo, etc. que hoy día en Europa es más infrecuente ya.

Si tu situación en la economía-mundo es precaria, la corrupción y el mal grosero son bastante probables. Pídele tú a un pequeño constructor de Extremadura o a un empresario del turismo internacional que lleve un modelo de negocio sostenible y con pocas emisiones de carbono.

Pero a lo que vamos. Cuando uno quiere explicar actitudes sociales, y más aún actitudes sociales que persisten mucho en el tiempo, es preciso fijarse menos en la calidad humana de los personajes que en los condicionantes estructurales de que tal actitud sea típica o no. La gente, que tiende a mirarlo todo en términos de héroes o villanos, desea hablar de responsible business y amar a Amancio. Lo bueno necesita un ídolo que lo causa, y lo malo un culpable. Esta actitud idólatra y el individualismo metodológico y narrativo que la acompaña es probablemente consustancial a los humanos, pero se la puede moderar con algo de educación. Es en este sentido que la Ilustración ha sido un enorme fracaso, porque no ha ayudado prácticamente a entender las causas sociales de las cosas. Este, por cierto, es uno de los factores que más dificultan las soluciones democráticas a los grandes desafíos de la humanidad.

Cuanto más rico eres más CO2 emites, pero también puedes presentarte como el game-changer frente al cambio climático.

La filantropía, la inversión en cosas molonas y tener una marca progre no son la causa del éxito, sino, esencialmente, estrategias corporativas que tienen sentido cuando estás bien situado ya. Y aun en estas condiciones las mismas leyes del capitalismo obligan al empresario a ser egoísta, cortoplacista, etc. Microsoft emprende unas iniciativas muy potentes y muy «game-changer» en cambio climático, primero porque puede y segundo porque se presenta como parte de la solución y el game-changing. Pero si tu situación en la economía-mundo es más precaria, la corrupción y el mal grosero son ya bastante más probables. Pídele tú a un pequeño constructor de Extremadura o a un empresario del turismo internacional que lleve un modelo de negocio sostenible y con pocas emisiones de carbono. Se reirá de ti, y con razón. En estas situaciones, poco hay que pueda resolver un emprendedor ingenioso y bienintencionado.

Por eso, en el capitalismo, para resolver la desigualdad o para luchar verdaderamente contra el cambio climático, tienes que resolver las asimetrías que gobiernan la economía mundo. Lo cual es contradictorio, a no ser que admitamos que podemos instaurar unas relaciones de producción distintas a las capitalistas.

 

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