Propuestas para una mejora ultrarracional de Tetuán

Propuestas para una mejora ultrarracional de la ciudad de Madrid‘ es un garbeo semanal que parte cada martes de una estación de metro distinta, barriendo el plano por orden de líneas y de norte a sur. Cada garbeo consiste en caminar por donde nos venga en gana y realizar una visita a un bar local. En ellos conocemos al Pueblo en su salsa, interactuamos con él, cantamos a favor de la labadora, etc. Consulte aquí los próximos destinos.

En Tetuán descubrimos que todos los garbeos ultrarracionales hasta la fecha se habían desarrollado en la antigua periferia de Madrid. Fue un excelente descubrimiento para cerrar 2017; quién sabe qué cuneta habremos descubierto cuando terminen 2018 y 2019 y hayamos completado los garbeos por todas las paradas del metro de Madrid. Las zonas de Pinar de Chamartín, Bambú, Chamartín, Plaza de Castilla, Valdeacederas, y ahora Tetuán, pertenecían antiguamente a la villa de Chamartín de la Rosa, que no era Madrid-Madrid tal y como la conocemos hoy en día, sucia y empapada de cerveza. De los orígenes de esta zona norteña no se sabe casi nada así que nos los podríamos inventar, por ejemplo, diciendo que el topónimo ‘Chamartín’ procede de un bar existente en la zona, regentado por un tal Martín, a quien los parroquianos exigían más cerveza al grito de «¡Echa, Martín!» Sí sabemos con seguridad, en cambio, que Tetuán debe su origen y su nombre al lugar donde se encontraba el campamento provisional de las tropas españolas que, bajo las órdenes de O’Donnell, regresaron victoriosas de la batalla de Tetuán (Marruecos) allá por 1860, tras haber arrollado a 35.000 marroquíes que pretendían hacerse con nuestras Ceuta y Melilla. El asentamiento provisional, a la espera de un recibimiento triunfal en la villa que nunca llegó, terminó siendo permanente: en apenas cien años, la población de Tetuán pasó de 116 vecinos a casi 65.000, cuando Chamartín de la Rosa se anexionó al Gran Madrid en 1948, a la fuerza. El alcalde de Madrid, a cambio de la anexión forzosa, donó 10.000 pesetas (60€) a los pobres de Chamartín de la Rosa.

Nosotras, con la misma valentía, arrojo y capacidad estratégica que el ejército de O’Donnell, nos arrojamos a las calles de Tetuán con el fin de reclamar una España sin Catalunya. Completamos nuestras armas en un contenedor de la basura, de donde extrajimos el palo que alzaría nuestra bandera independentista, la Estelada de la muerte, el arma definitiva.

Iluminadas, entramos en una tienda de bombillas que exhibía en la puerta publicidad moderna de Google junto a un mapa añejo de las Coronas de Castilla y Aragón. Nosotras conseguimos triunfalmente que el dueño añadiera nuestro cartel del Espanyols pel sí.

Además, el amable señor nos indicó que él también quería una España sin Catalunya, porque así el Real Madrid lo ganaría todo. Salimos felices de ese sitio.

Virgen María catalanista.

De todas las derivas ultrarracionales que hemos realizado hasta la fecha, la de Tetuán ha sido la más reconfortante para nosotras. Por sus calles pudimos conversar con las gentes, que además pertenecen a la clase social defensora de nuestros derechos y libertades, pues centenares de guardias civiles, policías y militares se alojan en estas barriadas de edificios neoescurialenses tan viriles como ellos mismos. Las gentes nos saludaban por la calle, ofreciéndonos sexo (anal), que declinamos respetuosamente: «Te voy a meter esa bandera por el culo». Nosotras sabemos que otros tiempos traerán la razón a las sinrazones que nos porfirieron y así se lo explicamos a aquellos que se acercaron a darnos su opinión, no solicitada. A diferencia de otras derivas, ha sido en Tetuán donde más pasión hemos sentido

Un buen hombre se acercó a conversar con nosotras con el fin de aplastar nuestras convicciones, machoexplicación mediante. Durante diez minutos nos explicó el origen de las Vascongadas, la corona de Aragón, la razón de la falta de sindicalismo en El Corte Inglés (gracias a su cuñado) y nos adelantó en exclusiva el resultado de las elecciones catalanas del 21-D, datos ya cerrados según el CNI: un 35% de victoria para el “no”. Nos despedimos habiendo aprendido una lección de historia valiosísima (aunque ahora, a la mañana siguiente, seamos incapaces de recordar nada).

En nuestra deriva, nos dirigimos hasta el antiguo estadio de Chamartín, hoy conocido como Santiago Bernabéu, donde en apenas 72 horas se celebrará un partido importante para España y para el gerente de la tienda de bombillas adscrito a nuestra campaña de Espanyols pel sí: el Real Madrid – Barça. Ese estadio de fútbol, uno de los museos más visitados de Madrid, es un templo de la cultura y de España que visita un millón de personas al año, a pesar de que la entrada cuesta 25 € (es decir, casi la mitad del dinero que pagó el Alcalde de Madrid a los pobres de Chamartín de la Rosa tras la anexión). ¿Quién dijo que las gentes no pagaban por la Cultura? Algún insensato que no haya visitado el Museo del Real Madrid, por supuesto.

En Tetuán triunfamos hasta el punto de que conseguimos visitar un bar local donde nos agasajaron con ceniceros. No las teníamos todas con nosotras, pues cuando entramos en el bar en cuestión, unos hombres maldijeron nuestra entrada, juraríamos que uno de ellos era el mismísimo Ignacio González pero no estamos seguras. En un principio, pensábamos que sería por nuestra estelada independentista, pues a esas horas de la tarde ya éramos famosas en todo el barrio, pero es que disfrutaban de una partida de dominó regada con tabaco y pensaban que les íbamos a molestar o interrumpir. Se equivocaron.

Rápidamente nos integramos en la parroquia, también en lo que respecta al Banderita de España Dress Code (aunque Brenda fuera vestida con los colores de la Senyera catalana), y no salimos de allí hasta la hora del cierre.

Caminamos por las calles de Tetuán sin rumbo fijo, no tenemos propuestas de mejora porque la experiencia que vivimos, cercana a la muerte, fue inmejorable.

¡VIVA ESPAÑA SIN CATALUÑA!

 


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