Todos los chinos son iguales


Todos los chinos son iguales.

A la familia Chi le aterrorizaba esta idea. Por eso cuando el Gobierno británico cedió Hong Kong a la China comunista decidieron irse a otro sitio donde su esfuerzo fuera compensado. Canadá y España les ofrecieron visado, pero eligieron España porque en Canadá hacía mucho frío. Así cuando murieran su espíritu podría disfrutar del buen tiempo mediterráneo.

Pero no les hizo falta morirse para saber que había sido una buena elección. Al llegar a su nuevo hogar entraron en contacto con otros chinos, y con su ayuda abrieron sin dificultad una tienda con el nombre de su ciudad de origen. Se adaptaron muy bien al barrio y aprendieron las costumbres locales para mejorar las ventas. Decían automáticamente “Hola cletal” cuando un cliente entraba, y “Talogo” cuando salía. Incluso cambiaron sus nombres para acercarse a la población local: Wen-Zhong se presentaba como Jorge, y Mingyang como Sergio. Los vecinos apreciaban la nueva tienda, el servicio y el extenso horario de apertura, aunque se quejaban de que hacía demasiado calor en verano. Jorge y Sergio trabajaban muchas horas, pero podían ver películas bajo el mostrador, de modo que era casi como estar en casa. Y cuando comenzaron a chapurrear mejor español llegaron incluso a trabar cierta amistad con algunos clientes. Habían elegido un buen país, caramba.

Pero todo cambió un terrible día de agosto. Ocurrió mientras la señora Jacinta le contaba a Jorge las aventuras de su perro Coco. En un momento de confusión -es verdad que la señora Jacinta no andaba muy bien de vista a sus 68 años de edad- le confundió con su hermando Sergio. Jorge le advirtió su error, y sus cansados ojos no le permitieron muy bien distinguir la mueca de horror, asco y odio de Jorge cuando dijo:

Ah, Coco, es que todos los chinos son iguales.

Tras su enorme decepción, autoclonarse y copar el mercado de las latas de cerveza fue todo uno.

 


Acerca de Anónimo García

Ultrarracionalista, determinista-libertario, exterminista-humanista, misfilántropo y moderno pero español. Me dedico a la comunicación en todos sus ámbitos, especialmente el visual, en el que destaca mi perfecta y característica ejecución del corte de mangas. He sido galardonado en varias ocasiones, entre las que se encuentra el premio al número ganador en una rifa de mi colegio; y tengo el honor de haber confundido “humper” con “hamper” en el texto de uno de mis diseños. Más en www.anonimogarcia.com

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