UN MES ANDALUZ (SEMANA I)


LA FOSA VERDE

Algeciras_satelite

La puerta de Europa es el fin del cordón umbilical ibérico. Es la cabeza del sueño musulmán, la sombra del Peñón y los santos por los rinconcillos que en abril se elevan al cielo con una piedra de azufre bajo la lengua. Los ojos del barquero, enrojecidos por las refinadas partículas del Cenozoico, derriten las imágenes de los pasos durante doce largos kilómetros.

La marca de Caín saluda desde los rostros enfermos, deformados y sin dueño. La navidad se celebra todos los días en las mil chimeneas que Santa deshollina con su inmensa barriga llena de biohazard. La torre de los siete jorobados experimentó sus párrafos en las escrituras de la ciudad de Algeciras. El agua más pesada del mundo baña la isla de color verde mutante que soporta- bajo su noche de fétida aurora austral- el peso de la cloaca hiperbórea. Nadie tira de la cadena en este inmenso váter que se llama Algeciras. Y nadie recuerda haber cagado aquí.

La sangre de la luna plateada resplandece mecida en el abrazo que estrecha los mares en la bahía. Su luz es un señuelo para los peces que- tarde- remontan su piel como en un mosaico de Madaba. Las gaviotas avisan a los viajeros en la única hora que ambas lenguas son inteligibles para sí. Suplican por su marcha. Su tránsito. Sugieren la muerte como escapada.

Desde 1379 esta puerta debía permanecer sellada. En este defecto, hemos de animar a las placas continentales a la berrea para sepultar este vertedero por el bien de la eugenesia. A menos que esto sea el primer núcleo financiado por Unión Europea hacia la sepultura de la raza humana. En ese caso y dado el afán trascendente de Homo Velamine, no podemos más que sumarnos a la causa con un donativo puntual para acelerar el exterminio.


Acerca de Rasomon

Antes de nacer incluso ya se predijo, con acierto, que Rasomon moriría algún día. Por fortuna para el género humano hace más de dos tardes que el susodicho toma té de vainilla los días pares de meses alternos. Su modo de preparación es el secreto que mantiene ocupado a los cabalistas desde hace un cuarto de hora aproximadamente. Cada fotograma mantiene intacto su sabor ancestral gracias al hervido de película a la manera tirolesa. La razón por la que Rasomon hiberna tras cada telediario habría que buscarla en el baño, pero cualquiera se adentra tras el positivado del papel higiénico. Lo único cierto a estas alturas es que allí abajo hay algo y si no pregunten en la sección de conservas de su dentista más lejano. Él no sabrá nada de Rasomon pero el aire tampoco tiene hebras desde el siglo III y nadie se queja.

¡Habla, Pueblo, habla!