UN MES ANDALUZ (SEMANA II)


COSTA DEL AREVIK

Mientras la copa romana caía vacía tras la última función

Dueña del mar y de la noche

Y su zumo era absorbido por la tierra en un suspiro aterrador

La luna nazarí templaba su acero

Ceñida a la cintura nacarada de ojos rasgados

Entre palmerales y olas de espuma infinita

 

Quemaba quemaba la piedra ardiente

Que no sangrará por mucho que la golpees

Porque su sangre no es líquida

Ni conoce el sufrir del tiempo

 

Hoy el jazmín colorea el viento que una gitana

Despeina por los viejos callejones de Málaga

Su canto remonta las cuatro esquinas que me guardan

Tirando de mí como ascua avivada

Que no se acalla- nunca- aunque la quiebres

 

Quemaba quemaba la piedra ardiente

Que no sangrará por mucho que la golpees

Porque su sangre no es líquida

Ni conoce el sufrir del tiempo

 

Roto el sol araña los tejados escarlata

Saltando de su piel lascas en oleadas

Que su boca esparce sobre la mesa de Málaga

Y se recogen en el foso de la alcazaba

Mientras los niños cazan a manos llenas

Nubes en el cielo de Alborán.

 

 

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Acerca de Rasomon

Antes de nacer incluso ya se predijo, con acierto, que Rasomon moriría algún día. Por fortuna para el género humano hace más de dos tardes que el susodicho toma té de vainilla los días pares de meses alternos. Su modo de preparación es el secreto que mantiene ocupado a los cabalistas desde hace un cuarto de hora aproximadamente. Cada fotograma mantiene intacto su sabor ancestral gracias al hervido de película a la manera tirolesa. La razón por la que Rasomon hiberna tras cada telediario habría que buscarla en el baño, pero cualquiera se adentra tras el positivado del papel higiénico. Lo único cierto a estas alturas es que allí abajo hay algo y si no pregunten en la sección de conservas de su dentista más lejano. Él no sabrá nada de Rasomon pero el aire tampoco tiene hebras desde el siglo III y nadie se queja.

¡Habla, Pueblo, habla!