Vivir al día

Este texto forma parte de la serie de relatos neonormales por entregas que publicamos cada viernes.

A crazy crazy Guillem, ¡felicidades!

Es un momento muy difícil para el Gobierno del Cambio. Después de múltiples purgas, el Comandante Rivera, del sector más presentista, ha tomado el control. Tiene carisma y buenas ideas, pero enfrenta una situación complicada. Desde el golpe lo que algún día fuera España está dividida en dos. La Nueva Normalidad, donde vivimos nosotros, ya no es lo que era; la Ley es cambiante cada poco, pero más estricta que nunca, nos han prohibido ciertas palabras sobre todo adverbios de tiempo—, el término “normal” y otras tantas cosas de antes que comienzo a olvidar. Por otro lado está la España Liberada, producto del alzamiento de los conservadores, que comprende media Cataluña y un buen trozo de la Comunidad Valenciana. Su capital es Benidorm; la ciudad que un día acogiera el mítico festival de la canción y la vanguardia turística hoy sigue siendo una utopía. Dicen que allí la gente es libre y que el orden de las cosas permanece. 

A Mari y a mí, el alzamiento nos pilló en Madrid. Sabemos lo que nos jugamos. 

Las penas a los opositores son muy duras. Incluso el expresidente fue encarcelado. 

Yo sinceramente no sé si estamos haciendo lo correcto. No sabemos lo que nos espera. Pero los dos tenemos claro que no queremos someternos al tatuado. Y dejamos toda una vida… Pero ya hemos aguantado demasiado. Por eso desde hace días barajamos huir. Ahora, al fin, recorremos la A-3 dirección Gandía en un Seat Ibiza.

***

Estoy casi seguro de que nunca me gustó el ambiente de las gasolineras, pero desde que sustituyeron a los bares, el aire es irrespirable. Me mata el hedor mezcla de gasolina, whisky y panchitos. Unas diez o doce personas miran la pantalla sobre el mostrador. 

Alguien dice: 

—Que salgan ya a hablar estos hijos de puta que nos tienen aquí aburridos de siempre lo mismo.

—¡Si es que somos un país de pandereta! —responde otro con la voz autotuneada que produce su máscara. 

Pago, recojo la bolsa XXL de risketos, y me detengo a echar el azúcar a los dos cafés en vaso de tubo. El camarero me hace una señal de reprimenda para que sea más discreto. Me sigue resultando difícil evitar ciertos gestos, los viejos hábitos… No nos quedan muchos puntos, y siempre es jugársela, pero necesitaba otro café para seguir conduciendo. Últimamente el café es considerado una sustancia ilegal y nociva para el organismo porque altera a las personas. Solo se encuentra en estos lugares y siempre para llevar. Así que es necesario dejarse caer un par de veces al día por una gasolinera y yo las odio. Es verdad que si se trata de alimento los puntos se pueden canjear también en kioscos e iglesias, pero no tienen café. Más allá de eso, las gasolineras son el mejor sitio para estar al corriente de las novedades. 

Mentiría si digo que el último Real Decreto, emitido hace cinco minutos, me ha pillado por sorpresa. Estaba cantado, en Reino Unido aplican los Tatuajes obligatorios desde hace un par de semanas. Me lo dijo mi primo que está en Edimburgo. Aquí lo veíamos venir. Ya ha llegado. Hasta ahora era voluntario, pero eso ya es parte del pasado. Por la nueva normativa como ciudadano tienes derecho a una vacuna gratuita. A cambio estás obligado a tatuarte una serie de cubits: unos nano-chips que incorporan todos tus datos, no solo DNI y pasaporte; también el historial clínico, bancario y de navegación web. Contempla literalmente todo tu pasado; de modo que que te permite olvidar y ser “liberado” (así nos lo están vendiendo). Además te advierte con pitidos si un contagiado o un no vacunado pasa cerca de ti. Por otra parte, incluye un millón de apps, entre ellas la app estatal con la que el Gobierno manda mensajes de apoyo e informa diariamente al ciudadano de las leyes de ese día. Sin embargo, la aplicación más esperada es la neutralización de la sorpresa: NDS. Presuntamente capaz de curar la incertidumbre, aplacar el aburrimiento y prevenir la locura.

Le doy un sorbo a mi café. No es ninguna delicia. En algunos sitios lo cortan con coca-cola. Pero este lleva otra cosa. A saber. Regreso al coche. Mari está mirando el móvil. 

Nada, ya es oficial, acaba de anunciarse. Ten tu café. 

Sí, estaba viéndolo. Mira, en facebook esta teniendo un apoyo masivo. La gente está cansada de siempre lo mismo. Y ¿sabes? Al parecer también incluye anuncios y todo tipo de propaganda, pero esto puede evitarse con un servicio de pago. Es perturbador… están literalmente dentro de tu mente.

No se si me atrevería a decir “dentro”. Leí un artículo que explicaba que tu mente reproduce sus mensajes mediante un mecanismo…

No empieces con el rollo… Vámonos.

Sí, ¡vámonos!

Avanzamos como hipnotizados por el paisaje nocturno de la meseta. Pasado un rato, rompo el silencio.

—Es que manda cojones… 

Bueno, cariño, aquí tienen la decencia de cubrirlo con la sanidad pública. Al parecer a los ingleses les cobran entre mil y dos mil euros dice ella mientras conecta la radio. 

Sí sí, yo también lo vi. Flipas cómo corrían los gibraltareños hacia La Línea.

No sé qué nos espera, tengo bastante miedo. No piso Valencia desde hace una década. ¿Seguirá siendo la misma? ¿Los rebeldes mantendrán todo tal y como era? ¿Cómo nos recibirán? ¿Serán hostiles? ¿De qué viviremos? 

Suenan tambores e interferencias. 

Esto no parece parte de la playlist recomendaba por la OMS, alguien ha debido de volver a hackear el spoty. 

De pronto se interrumpe la música y suena Resistiré. Los malos han tomado la radio.

Antes de que termine la “canción” naturalmente no es una canción sino un mensaje de la Resistenciasuena una voz entrecortada que pronuncia un mensaje claro —a veces lo hacen—: “Torrevieja ha sido liberada. Día 205 de la triunfante revolución de la España Liberada. ¡Permaneceremos!”. Vuelve a sonar Resistiré. Apagamos la radio con una sonrisa contradictoria. 

Los de la Resistencia se lo están currando, eh. No digo que apruebe el alzamiento. Pero hay que reconocer que su equipo de marketing es mejor que el del Gobierno. Resistiré tiene un mensaje potente y muy profundo frente a lo que ellos llaman la dictadura del devenir. Tienen a gente espabilada, mediáticamente funcionan bien. Por ejemplo, capturar a Broncano para sus comunicados fue un acierto. El Gobierno tiene que contraatacar y volver a utilizar al viejo Pablo Motos. 

No sé yo, piensa que no se le ha vuelto a ver desde aquello. ¿Te acuerdas de cuando pronunció el BOE Definitivo? También es cierto que vaya gracioso el que propuso ese nombre. 

¿A Pablo Motos?

No, me refiero al BOE Definitivo. ¿Te acuerdas o no? ¡Dime que te acuerdas!

Como si hoy fuera ayer.

“BOE Definitivo: La Constitución española, y por ende la propia España, habrá de consistir en el devenir, en el acontecer mismo, y no en alguna regla que en ella se enuncie. El contenido de la Ley es contingente, lo necesario es que haya Ley” dicen los dos al unísono con tono solemne, a lo que sigue una carcajada. 

Yo si fuera el Gobierno volvería a sacar a Pablo Motos, transmite confianza al pueblo. Es irónico.

Qué cosas dices. Lo que sí es irónico es que apoyemos a un gobierno del que al mismo tiempo huimos. ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Si todo va bien en unas horas seremos ciudadanos de la España Liberada. 

Seremos unos malditos conservadores digo yo.

Sí, pero libres.

Es verdad. 

Lo cual no quita para que seamos unos conservadores, antidemocráticos e insolidarios… se reprocha ella.

Un cartel LED de la autopista dicta “Fumar salva Vidas”.

A ver, cariño, lo hablamos mil veces, yo soy el primero que está a favor del Gobierno, pero no me quiero tatuar esa mierda. Estábamos de acuerdo en eso. Nos vamos un tiempito para capear el temporal. Si las cosas cambian y el Gobierno rectifica, volvemos. ¿Has cambiado de opinión otra vez? Además yo sigo diciendo que para exiliarnos prefería Portugal… pero bueno. Tenemos el apartamento de la playa de tu tía. Suponiendo que no lo hayan ocupado… Fuiste tu la que insistió en…

Ya… me interrumpe—. Pero… ¿no somos unos traidores, verdad? Aunque nos vayamos hay que ser leales al Gobierno, es lo mejor que tenemos. Han hecho muchas cosas muy bien. Imagina esta crisis gestionada por la oposición. ¡No quiero ni pensarlo!

Joder, claro. Es que excepto por lo del tatuaje, su política es acertada. Pero al final los conspiranoicos de Vox tenían razón en una cosa, eh, jejejeje. Iglesias y Sánchez nos convirtieron en Cuba. Lo que no vieron venir es el giro metafísico del Gobierno. 

»A ver, yo creo en el presentismo. No hay nada más triste que un español pensando en el futuro. Va contra nuestra naturaleza. Pero… no me gusta que se imponga la Conciencia del Devenir a la fuerza. Mucha gente está en la cárcel ahora. Míranos, nosotros mismos estamos huyendo, joder. No es justo.

¿A qué viene eso ahora? 

—Antes del tatuaje ya era insoportable. El cambio cansa, vivir al dia, ir tanteando cómo son las cosas, no saber qué será… ahora que nadie nos oye voy a decirlo, “mañana”, no saber qué será mañana digo con cierta seguridad—. Improvisar… el sistema de puntos… ya sabes. 

En efecto, en la Nueva Normalidad las personas tenemos que adaptarnos con rapidez a cosas inimaginables un día antes, y muchos estamos intentando huir del país. Al Gobierno del Cambio se le fue de las manos. Lo que nadie hubiera sospechado es que la conversión bolivariana iba a ser filosófica y no económica. De hecho, la economía sigue intacta. En tiempos en los que todo cae, solo aguantan las ficciones y la economía es la mayor de todas.

Me refería a lo de la cárcel. No es su culpa, cariño. Se tomaron decisiones difíciles. Acuérdate de que todo esto empezó con un virus. ¡Es una cuestión de salud!

¡Ya pero es que yo este ramalazo nietzscheano no me lo esperaba! digo alterado; y se me empaña la escafandra. 

Nadie se lo esperaba, es normal… ¡Uy!, perdona, quise decir natural. Reímos—. Es natural, nadie se lo esperaba concluye ella. 

Lo que hay que derribar no es la propiedad, la acumulacion material ni espacial. ¡Lo que nos oprime es el pasado! Siempre lo tuvimos delante, y tuvo que llegar el virus ese de los cojones para que el Comandante Rivera formulase su famoso lema: “Acumular compulsivamente pasado nos conduce a perdernos el presente”. Fue una buena decisión prohibir las fotografías. Los conservadores viven engañados. ¡Es que es un puto genio! Pero… es difícil seguir el ritmo.

A ver, para. Para un momento.

Sí, me emociono y me pongo cuñado, perdona. 

No no, no es eso… digo…  ¿y si lo pensamos de nuevo? 

¿Ahora quieres ir a Portugal? Por dios, Mari, estamos yendo en dirección contraria…

Para en la siguiente gasolinera, por favor. 

Otra gasolinera no… Me niego. Si quieres paro en algún pueblo.

Pero un pueblo ahora… no sabemos si se rige por la Ley o si lo controla alguno de esos clanes rurales de los que hablan en las noticias… Podrían atacarnos. Recuerda que seguimos siendo madrileños… 

El riesgo lo vamos a correr igual; estamos cerca, hay que ir pensando en dejar la autopista. 

Mira ni pa ti ni pa mí, para ahí mismo: parece un restaurante. 

Pero…

¡Que pares de una vez, por el amor de dios!

Detenemos el vehículo. Las figuras de Quijote y Sancho metálicas nos dan la bienvenida a una especie de mesón. Decidimos pasar la noche aquí. La frontera no queda lejos, pero no tenemos claro por dónde vamos a cruzarla. Dialogamos sobre ello en el parking. Hay corrillos de camioneros, paseantes, prostitutxs, piratas, runners, cyber-kinkis uno se nos acerca y nos ofrece “píldoras letales”; oferta que declinamos, perroflautas errantes alrededor de un fuego, rastafaris del fin del mundo, una pareja de guardias civiles, y familias en autocaravanas. Nos cuidamos de que nos vean fumar y hablamos de la jugada entre susurros. Nos sabemos de memoria el mapa:

—¿Crees que es más seguro entrar por Requena o bajar hasta Albacete y tirar por Almansa?

 Mañana lo decidiremos. 

Querrás decir hoy, que ya es hoy. 

—Sí, eso, hoy.

A la mañana siguiente (que ya es hoy) desayunamos en aquel lugar. Con mucha discreción pido dos cafés con leche y churros. El camarero me pregunta un par de veces. 

—¿Churros, no? 

—Sí sí, churros —repito yo. 

Cuando vuelve, me sirve los cafés con leche a la vez que dice:

—Lo siento, no servimos cafés. Aquí están sus churros. —Y me guiña un ojo.

—Pero —digo yo— ¿y dónde están los churros, es que no tenéis?

—Eso mismo, churros. ¿Quiere añadirles azúcar? —me pregunta señalando los cafés.

—Ahhh… Sí sí, churros. Sí, un par de azucarillos, por favor. 

Sabe a metal, pero la verdad es que ya no recuerdo el café como era antes. Ahora la memoria es importante. Por eso intentamos tomar nota de las cosas, los sabores, los olores, las cosas reales. Para que no se pierdan… Pero siempre se pierden. La vida en la Nueva Normalidad es como una secuencia de tonos (siempre nuevos), que nunca llegan a formar una melodía. Es imposible. Nada permanece. Además, ¿de qué modo distinguir en el continuo? No tenemos perspectiva, ni forma de coger distancia, estamos-siempre-en-ello. En sentido estricto esto es lo único que es; lo que es cada vez (una y otra vez). El ahora, y ahora, y ahora, etc. Por ejemplo, estoy viendo a las personas caminar de espaldas, sin lugar a dudas se trata de la nueva normativa. Les imito. Mari sale del baño también caminando hacia atrás. Se sube al coche al revés y me sonríe. 

—¡Venga, vamos! No nos queda mucho. Yo conduzco. 

¿Has tomado nota del reglamento vial?

Sí, hoy los semáforos son: rojo, pasar, verde, parar. Se adelanta por la izquierda. ¡Y han subido la velocidad límite a 100! Tranquilo, estoy al tanto. 

Después de un buen rato en silencio…

Cariño, estaba pensando…

¡Qué peligro!

Es broma, dime. ¿Qué estabas pensando?

Dos cosas. Primero, que después de todo lo sucedido cuesta saber qué mundo queremos. ¿Tú crees que está bien andar hacia atrás? Igual nos estamos equivocando. Resulta muy difícil distinguir qué es lo correcto. Ya no recuerdo si el mundo que conocimos era raro o, perdón, voy a decirlo, “normal”. Y segundo, que si logramos entrar en la España Liberada, lo primero que quiero hacer es probar una buena paella. 

***

Ya lo decía un profesor que tuve, Lorenzo Manueloni; “España siempre tuvo las mejores leyes, mucho mejores que las del resto de Europa, pero lo que pasa es que aquí nadie las cumple”. Por eso fue una genialidad darle la vuelta del revés a la tortilla de lo real. El contenido de la Ley cambia constantemente antes de que los españoles puedan pensar una treta para saltarsela. Por otro lado, ¿no será que fue siempre así? Tiene sentido. Pero lo de los Tatuajes esos, joder, eso es una locura inhumana, no sé a quién se le habrá ocurrido algo como eso… Solo pensarlo me repugna. Dicen que cuando te marcan te arde la piel y te cortocircuita el cerebro. 

Cruzamos la frontera sin ningún problema, porque de hecho no encontramos tal frontera. Cosa que nos inquieta. Yo intento guardar la calma, pero Mari no puede soportarlo más.

Tiene que parar el coche para que me ponga yo al volante. Le está dando un ataque de ansiedad. 

Cuando llegamos a Valencia nos topamos con una conga de cientos de personas recorriendo la calle. 

¿Pero, pero, pero… qué coño es esto? 

¡No sé, estoy flipando, eh! ¿Qué pasa aquí? 

—Para el coche, aparca ahí mismo. ¡Que aparques, joder! ¡Aparca el puto coche!

Andamos y andamos sin mediar palabra. Mari se va tranquilizando, controla su respiración, se serena. Se enciende un cigarro. 

Aquí también rige la Nueva Normativa tras el BOE Definitivo. Es lo que tú decías, es todo lo mismo, no hay un afuera —afirma. 

¿Qué dices? ¡Eso es imposible!

—¿Es que no te enteras de nada? Ni siquiera había frontera; la España Liberada era un bulo del Gobierno. 

—¡No puede ser!, no, no, no, no… —Casi se me escapan las lágrimas de la impotencia—. ¿Qué cojones hacemos ahora?

Dos calles más allá, nos asomamos a una plazuela; una pandilla de adolescentes canta algo similar al poema de Parménides. 

Mira, esa gente está haciendo cosas raras. Quiero decir “normales”, quiero decir… tú ya me entiendes. Cosas que no se hacían antes. Igual deberíamos…

¿Antes, cuándo?

Ayer por ejemplo. ¿Es que no te acuerdas?

Pero hoy es hoy. 

Tienes razón. 

Nos cruzamos con una nueva conga que se disuelve y se transforma en una estricta cola al llegar al supermercado. Les observamos durante un buen rato. Seguimos andando algo más calmados.

No podemos seguir así. Hay que integrase. 

—Pero ¿cómo? 

¿Qué quieres hacer? 

—No tengo ni idea.

—Andemos en esa dirección —digo señalando hacia el paseo marítimo. 

—Mira aquello, ¿tú no decías que querías probar la paella? Pues ahí tienes.

Vemos un cartel en la terraza de una farmacia que dice:Menú 9,90 puntos. Paella Valenciana. Plato del día”. 

 —Que le follen a todo, yo quiero un plato de paella —sentencia Mari.

A mí me entran unas dudas terribles. Me invaden la inseguridad, el miedo, la confusión…

—Pe… pero… cariño… ¿estás segura? 

Sí, vamos. 

Ella coge sitio en una mesa de la terraza. De pronto aparece un camarero con bata blanca.

—¿Les puedo ayudar en algo? ¿Qué desean? ¿Plato del día? ¿Una paellita? Muy bien, y ¿para beber? Agüita, muy bien, marchando. Dos de paella y dos aguas —exclama—. Enseguida les sirvo. 

—Mari, ¿eres consciente de que no sabemos lo que nos va a traer? ¿No te da miedo?

—Mira, cariño, la paella es paella. Sea lo que sea, es paella ¿vale? y ya está. Tú no te preocupes. Y después de comer, cafetito-cola y a la playa a ponernos morenos, que con esta escafandra todo el puto día me estoy quedando blanquísima. 

 

 

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